El pasado 14 de febrero mi esposa y yo nos dirigíamos a encontrarnos con un grupo de amigos, cuando ella me hizo una observación acerca del tráfico existente en la autopista. En ese entonces, estábamos a la altura del intercambio entre los viaductos Palmetto y Dolphin, centro de grandes construcciones y trabajos de ingeniería civil en estos momentos. Cierto es que ese día el tráfico estaba denso; pero no como para hacer mayor diferencia con cualquier otro día del año en esa zona de Miami. “El asunto es que ya no caben más carros en Miami. Mientras más vías, más carros”, me dijo de forma concisa.
A mi esposa no le falta razón para expresarse así, puesto que esta es una queja que repite, constantemente, todo aquel que tiene que conducir en este condado. No importa sea de mañanita o en la tarde, las vías siempre estarán congestionadas, ya que son más los que se incorporan a hacer uso del volante, que aquellos que se retiran del mismo; pues por norma general a todo ser humano le agrada ser independiente y poder moverse a su antojo, más cuando se vive en una ciudad tan agitada como Miami, donde nadie tiene tiempo para nada ni para nadie.
Para colmo, Miami es una ciudad atípica, la cual ha logrado emplazar focos de interés comunal a través de todo lo largo y ancho del Condado en que se encuentra asentada, producto de la alta y variada densidad demográfica que se desenvuelve en ella y de la economía que la mueve. Como prueba ahí tenemos a las ciudades de Doral y Miami Lakes, lugares donde hasta hace muy pocos años pastaban las vacas y hoy día representan puntos clave en el auge económico del Condado. Igual que sucederá, en menos de diez años, con la ciudad de Homestead.
Miami está muy cerca de convertirse en una de las grandes metrópolis de Norteamérica y no cuenta aun con un sistema de transporte urbano que realmente responda a sus necesidades. Todo el que puede lucha por aferrarse a un volante, y no está dispuesto a dejarlo por razón alguna, y la cifra de jóvenes que conducen aumenta a diario.
Es mi criterio que la única forma en la cual el Condado Miami-Dade puede escapar de que su propio desarrollo y crecimiento lo convierta, en pocas décadas, en un infernal atascadero de tránsito y en un lugar poco deseable para vivir, es creando planes para el desarrollo de rascacielos de viviendas múltiples en las zonas de confluencia de mayor actividad social y económica.
Si los políticos de las ciudades que conforman el condado Miami-Dade trabajaran unidos para disuadir a los constructores de lanzarse nuevamente a levantar desarrollos en los Everglades, y buscaran medios para demoler viejas edificaciones dentro de las ciudades y construir rascacielos multifamiliares en esos sitios, cuyas unidades fueran vendidas a precios asequibles a la población, se crearía la posibilidad para organizar un mejor sistema de transporte, utilizando autobuses urbanos de gerencia pública o privada; lo cual reduciría el tránsito vehicular, la contaminación y salvaría algún que otro cocodrilo.
J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración’’. tony@ruanobrokers.com



























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