El autor y periodista colombiano Luis Zalamea, quien falleció el domingo en Miami a los 91 años de edad, solía expresar su pensamiento sin reservas, incluso cuando sus ideas deambulaban al borde de la controversia.
“Yo no fui humilde”, le contestó un día a un sobrino que dijo sentirse impresionado con su humildad.
“Me he metido con todo el mundo, con el exilio cubano, con mi familia, con el establecimiento colombiano, con la Iglesia Católica, y por ultimo, con la pobreza en la América Latina”, expresó.
Y en su vasta obra literaria, el escritor demostró que era mucho lo que tenía que decir. Con más de 15 libros escritos, entre novelas y poemarios, Zalamea hizo uso de una franqueza que muchos evitaban al escribir para ilustrar su particular manera de ver al mundo.
El autor nació en Bogotá el 15 de marzo de 1921, y desde muy temprana edad sintió una gran afinidad hacia la literatura. Tenía ocho años cuando ganó su primer concurso de cuentos infantiles con la obra El Cóndor que quiso conocer el Mar, mientras que a los diez, ya había leído La Divina Comedia, de Dante Alighieri, y Los Miserables, de Víctor Hugo.
No tenía más que 13 años cuando fue a parar a Nueva York, desde Bogotá, en plena Gran Depresión, experiencia que luego dijo a sus amigos que le ayudó aprender ingles a la perfección y a recibir instrucción de dos de los grandes planteles académicos de los Estados Unidos por muy poco dinero.
Muy poco después comenzaría su incursión por el periodismo, iniciando su carrera como aprendiz en un diario local, durantes sus vacaciones. Ya comenzada la Segunda Guerra Mundial, fue contratado por la United Press International.
Pero nunca perdió su pasión por la literatura, y ya para los años sesenta se encontraba escribiendo su libro en inglés, titulado The Hour of Giving, una novela profética sobre los retos de su nativa Colombia.
Luego, se volcaría al español, produciendo una hilera de libros que constituyen el grueso de su obra. Entre estas se encuentran, la traducción de The Hour of Giving, La Hora de Dar, y Un Quijote Visionario, que trata de una gran novela biográfica escrita al estilo de una crónica periodística sobre el sacerdote Joaquín Salcedo.
Esa obra, por cierto, le acarreó problemas con la Iglesia Católica.
Otros de sus libros incluyen Requien Neoyorquino y otros poemas escritos , Germinación del Alba, Voces en el Desierto y Memorias de un Dictador, El Circulo del Alacrán y las Guerras de la Champaña.
Su pasión por la literatura perduró hasta el final de sus días.
Horas antes de fallecer, Zalamea estuvo rodeado de sus seres queridos, incluyendo a sus hijos, Maguie y Jorge, sus nietos Jorge y Mark, y su entrañable compañera Beba leyendo poemas.



























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