El presidente venezolano Hugo Chávez, quien emprendió una agitada aventura socialista inspirada en la Revolución de Fidel Castro, falleció el martes a los 58 años, víctima de una ardua batalla contra el cáncer.
El fallecimiento del mandatario introduce al polarizado país sudamericano en una nueva etapa de incertidumbre, en medio de la constante lucha por el poder entre las fuerzas del chavismo y de la oposición. En un principio no estaba claro quién asumiría el cargo. Según la constitución venezolana, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, debería asumir la presidencia ya que Chávez nunca fue juramentado para su nuevo mandato tras el triunfo electoral de octubre pasado. Sin embargo, no se descartaba la posibilidad de que el vicepresidente y canciller, Nicolás Maduro, fuera designado.
Tarde en la noche, el canciller Elías Jaua anunció que Maduro se hará cargo de la presidencia de manera interina y convocará a elecciones.
“Ahora se ha producido una falta absoluta, asume el vicepresidente de la República como presidente y se convoca a elecciones en los próximos 30 días”, dijo Jaua a la cadena regional Telesur.
Chávez, quien reveló pocos detalles sobre la gravedad de su enfermedad hasta el final, gobernó por más de 13 años haciendo uso del mayor auge petrolero registrado en la historia de Venezuela, para instaurar su denominado Socialismo del Siglo XXI y proyectar un liderazgo internacional que tuvo hondo calado en muchos países latinoamericanos.
Cientos de miles de millones de dólares fueron destinados a voluminosos programas sociales dirigidos a mejorar las condiciones de vida de millones de venezolanos de bajos recursos.
Pero su sostenido ataque contra el sector privado, declarado como causante de la miseria, efectivamente destruyó gran parte de la capacidad productiva del país, dejando a Venezuela más dependiente de su renta petrolera y peligrosamente más vulnerable a las fluctuaciones de los precios del petróleo.
Su mandato también coincidió con un descuido general de los principales problemas del país.
“El balance, después de todos estos años, es que los problemas que teníamos en 1998 son exactamente los mismos, pero agravados”, afirmó José Vicente Carrasquero, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela.
Estos incluyen una escalada del auge delictivo que llevó a la nación petrolera a convertirse en una de las más peligrosas del continente, con más de 18,000 asesinatos por año, un elevado desempleo, una de las tasas de inflación más alta tasas del mundo, un pronunciado déficit habitacional, racionamiento eléctrico y un deterioro generalizado de la infraestructura.
“Hugo Chávez será recordado como un político extraordinario y como un líder fracasado”, indicó a The Miami Herald Moisés Naím, columnista venezolano y anterior ministro de Comercio del país. “Lamentablemente, su legado no reflejará ninguna de las transformaciones positivas y duraderas que podrían haberse con la hegemonía política y los recursos financieros de que dispuso. La Venezuela que deja detrás de sí está polarizada políticamente, es económicamente débil, y aterradoramente mortífera. Pero, sobre todo, es más pobre, más injusta y mucho más corrupta de lo que era antes de que Hugo Chávez la gobernara”.






























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