Depredador convicto canadiense abusó de niñas en Cuba

 

Estas historias son el resultado de una investigación conjunta de los reporteros Juan O. Tamayo de El Nuevo Herald y Robert Cribb, Jennifer Quinn y Julian Sher del Toronto Star

James McTurk tiene 78 años. Tiene el cabello ralo y blanco, espejuelos y habla con un suave acento escocés. Vive de su jubilación… en una celda de la cárcel.

Ha sido convicto dos veces de cargos de pornografía infantil y sus problemas legales se han agravado recientemente: McTurk podría convertirse en la primera persona de Canadá en ser convicta de turismo sexual con menores por abusar de niñas en Cuba.

El hombre forma parte ahora de un grupo muy pequeño de canadienses que han sido acusados del delito de turismo sexual con menores. De ellos, solamente se sabe que cinco han sido convictos.

McTurk no viaja a Camboya o Tailandia, los destinos preferidos de los que buscan tener sexo con niños. Todas sus víctimas conocidas y supuestas han sido niñas cubanas. Todas eran menores de edad, y algunas de sólo 4 años de edad.

McTurk lleva varios años en el registro de infractores sexuales de Canadá, pero pudo hacer repetidos viajes al extranjero hasta que fue capturado el verano pasado, casi por accidente. Fue arrestado en el aeropuerto Lester B. Pearson de Toronto cuando regresaba, una vez más, de Cuba. Según documentos judiciales — y según el mismo McTurk, en entrevistas con la policía — él viajaba a menudo a la isla.

Al igual que decenas de miles de infractores sexuales convictos en Canadá, McTurk era libre de ir y venir, cuando se le antojara, a destinos en los que el sexo es barato y las víctimas son jóvenes. A pesar de una adición hecha al Código Criminal en 1997, que permite juzgar a los ciudadanos canadienses por crímenes cometidos contra niños fuera del país, los turistas sexuales con menores parecen no ser molestados, y en su mayoría no son detectados.

Una sucesión de gobiernos canadienses han declarado sus intenciones de erradicar el problema del turismo sexual con menores, al argumentar que los niños en el extranjero merecen la misma protección contra depredadores que los de Canadá. La UNICEF estima que hay hasta dos millones de niños involucrados en el tráfico sexual.

Pero el sistema canadiense tiene enormes lagunas judiciales. La supervisión de los viajes de los infractores sexuales es laxa. La privacidad de los infractores convictos es considerada una prioridad. El proceso de presentar cargos de turismo sexual es difícil para la policía. En última instancia, todo parece indicar que Canadá está fallando en su obligación moral de proteger a los niños.

“Hablar de protección a los niños es muy fácil para los gobiernos, porque no hay nadie que proteste del otro lado”, afirma Mark Hecht, fundador y asesor legal de Beyond Borders (Más Allá de las Fronteras), un grupo con sede en Winnipeg que combate la explotación infantil a nivel global. “Si como gobierno te paras y dices que estás firmemente en contra de que se abuse sexualmente de los niños, ¿quién va a decir que está en desacuerdo?”

“Pero si uno va a lo que de verdad debe hacerse, ahí es que se encuentra una falta de voluntad política”.

Una investigación del Toronto Star y El Nuevo Herald ha revelado lagunas en el sistema que está encargado de vigilar a los infractores. El resultado es que los infractores sexuales canadienses, a diferencia de los convictos en Estados Unidos, el Reino Unido o Australia, no son supervisados de cerca.

En Canadá, los infractores sexuales no tienen que decirle a nadie que van a viajar si es por un plazo de menos de una semana, y pueden avisar justo antes de subirse al avión. El Reino Unido exige que se reporten todos los viajes de los infractores convictos y se debe informar a las autoridades con al menos siete días de anticipación. Lo mismo sucede en Australia. Muchos estados en Estados Unidos exigen un aviso a las autoridades con 21 días de anticipación.

Penalidades leves

En Canadá, si los infractores deciden no informar a nadie de que viajan y son capturados, las penalidades son leves: un máximo de dos años de prisión y el pago de una multa de $10,000. En el Reino Unido, la penalidad puede ser de hasta cinco años tras las rejas y en Estados Unidos la penalidad federal por incumplir las reglas de registro de los infractores sexuales puede llegar a ser de hasta 10 años de cárcel.

En Canadá, incluso si los infractores sexuales notifican a las autoridades que van a viajar, no necesitan decir a dónde van o dar a conocer su itinerario. Estados Unidos, el Reino Unido y Australia exigen por adelantado planes detallados del viaje.

Y a diferencia de otras jurisdicciones, Canadá no supervisa quién sale del país y, por lo tanto, no puede detener a los infractores sexuales al momento de su salida. A su regreso al país, es improbable que el turista involucrado en actividades sexuales con menores en el extranjero sea detectado, porque los agentes fronterizos no los están buscando y no cuentan con las herramientas para detenerlos, como acceso a datos policiales de historial criminal o los nombres incluidos en el registro provincial o nacional de infractores sexuales.

“Estas personas pasan justo por debajo de nuestras narices”, dijo Jean-Pierre Fortin, jefe del sindicato de Aduanas e Inmigración, que ha estado presionando para que los inspectores de la Agencia Canadiense de Servicios Fronterizos tengan acceso a bases de datos policiales.

La labor de dar seguimiento a los turistas involucrados en actividades sexuales con menores se ha vuelto aún más difícil con el surgimiento de nuevos destinos, como Cuba, que están eclipsando las zonas tradicionales del sureste de Asia. Un informe interno de la Real Policía Montada Canadiense (RPMC), que el Toronto Star obtuvo bajo la ley de Acceso a la Información, cita a Cuba como uno de los cinco destinos más populares en América para el turismo sexual con menores

McTurk, afirma la policía de Toronto, era uno de esos turistas.

Hasta el momento no se han presentado pruebas contra McTurk en corte y las acusaciones en su contra no han sido demostradas. El caso contra él y sus anteriores condenas criminales están detallados en una orden de cateo, a la que el Toronto Star tuvo acceso, y en entrevistas con los investigadores.

La investigación que llevó a las acusaciones de turismo sexual con menores contra el trabajador postal retirado, que podrían acarrear una sentencia de 14 años de prisión, se inició en la primavera del año pasado.

Fotos de menores

El gerente de una tienda de la cadena de supermercados Loblaws llamó a la policía de Toronto después de que una empleada vio unas fotografías, que se habían mandado a imprimir, con menores semidesnudos.

La orden de cateo incluye la descripción de la empleada: “Los niños no estaban sonriendo y a ella le parecía que se veían asustados”.

Cuando la policía vio quién había puesto la orden para imprimir las fotos, James McTurk, un agente reconoció el nombre. La policía está obligada a verificar las direcciones de los infractores una vez al año.

El caso llegó a Unidad de Explotación Infantil, que investiga los crímenes sexuales contra niños, y se le asignó al detective Paul Robb.

Robb y su jefa, la sargenta Kim Gross, concluyeron que se justificaban las acusaciones de pornografía infantil y rápidamente se formularon tres cargos. Pero esta vez, Gross quería que su equipo buscara presentar cargos contra McTurk por turismo sexual con menores.

“En lo que a mí concierne, tenemos una obligación de proteger a los niños en otros países además de Canadá”, dijo Gross.

Robb redactó la solicitud de cateo bajo juramento, al argumentar que una vez que estuviera dentro del apartamento de McTurk en el barrio de North York, encontraría pruebas de crímenes sexuales contra niños cometidos en Cuba.

“Es un territorio legal nuevo, porque no puedo proporcionar declaraciones de la víctimas o las fechas y el lugar del crimen”, dijo Robb.

La orden cita las dos condenas previas a McTurk por pornografía infantil en 1995 y 1998, que involucraban ambas a niñas en Cuba. También detalla su registro de viajes, que la policía obtuvo de la Agencia Canadiense de Servicios Fronterizos, que indica que McTurk visitó Cuba en docenas de ocasiones en un período de cuatro años.

Robb descubrió que McTurk había hecho ocho viajes a Cuba en el 2009, otros ocho al año siguiente, 10 más en el 2011 y cinco en sólo los primeros meses del 2012. En los cuatro meses que la policía estuvo investigando a McTurk en el 2012, el hombre viajó dos veces a la isla.

“Con base en el historial previo de James McTurk y su aparente comportamiento que ha continuado, los investigadores están muy preocupados por la seguridad de esas jóvenes niñas cubanas”, indica la orden de arresto preparada por Robb.

Cuando la orden fue aprobada, Robb se dirigió al apartamento de McTurk en North York. Cuando el agente, con una experiencia de 10 años, tocó a la puerta el 11 de julio del 2012, McTurk no estaba ahí.

Estaba en Cuba.

Dos semanas después

El 24 de julio del 2012, dos semanas después de que Robb registró el apartamento, McTurk llegó en un vuelo charter procedente de Varadero. El detective estaba en el aeropuerto para darle la bienvenida.

Robb hizo los trámites para que McTurk fuera detenido por los funcionarios de Aduanas, que normalmente no hubieran tenido razón para sospechar del anciano que llegaba de viaje, y esperó.

McTurk presentó su pasaporte. Los agentes le pidieron a McTurk que pasara a un lado para una inspección “secundaria” y fue ahí que Robb y otro agente de la policía lo arrestaron.

En una entrevista, Robb dijo que McTurk llevaba sólo un maletín consigo cuando fue arrestado. En su interior, la policía halló una docena de dispositivos electrónicos, incluyendo una cámara, tarjetas de almacenamiento digital y unidades de memoria USB con imágenes de su viaje. La policía obtuvo pruebas de video y fotografías e indicó que parecía haber tenido contacto físico ilegal con cuatro niñas diferentes con edades que parecían ir de los 4 a los 12 años.

La policía acusó de inmediato a McTurk de posesión, acceso e importación de pornografía infantil. Y entonces comenzó el arduo proceso legal de agregar los cargos por turismo sexual con menores.

La policía de Toronto no puede presentar esos cargos por sí misma y debe obtener primero la aprobación de la fiscalía de Ontario. Así que Robb redactó una solicitud al fiscal general detallando el caso. La solicitud fue aprobada por los fiscales locales y de la región de Crown, y llegó finalmente a la oficina de la fiscalía general a fines de enero.

Las acusaciones —seis cargos de interferencia sexual, uno por invitación a un tocamiento sexual, otro por realizar pornografía infantil y uno más por exposición— fueron finalmente firmadas el 12 de febrero. El lunes próximo, el caso de McTurk será presentado ante un juez de una corte del norte de Toronto. A través de su abogado, McTurk declinó hacer comentarios al Toronto Star.

El primer roce de McTurk con la ley se dio en 1995, cuando fue declarado culpable de posesión de pornografía infantil. Un empleado de una planta de revelado fotográfico reportó “algunas fotos perturbadoras” que “presentaban a muchachas adolescentes en actividad sexual con un hombre mayor”, de acuerdo con el reporte policial de la época.

Cuando fue interrogado por la policía de Stratford, la ciudad donde vivía entonces, McTurk hizo una declaración voluntaria por escrito en la que admitió que tuvo “relaciones sexuales con dos de las muchachas de las fotografías cuando estuvo de vacaciones en Cuba”, indicó un reporte policial. El reporte dice que McTurk afirmó que las muchachas tenían 17 años de edad, mientras que él tenía en ese tiempo 61.

Edad de consentimiento sexual

En Cuba, la edad de consentimiento sexual es de 16 años, así que las relaciones sexuales con esas muchachas no hubieran sido ilegales en Cuba. Pero bajo el Código Criminal canadiense, tomar imágenes de menores de 18 años teniendo actividad sexual sí lo es.

Según la orden de cateo del detective Robb, McTurk se declaró culpable en 1995 de posesión de pornografía infantil y recibió una sentencia de dos años de libertad condicional, sin ir a prisión ni un récord criminal, sólo la promesa de que mantendría un buen comportamiento.

Tres años después, estaba nuevamente en problemas, esta vez después de que un conocido suyo le dijo a la policía que había visto videos de McTurk teniendo relaciones sexuales con varias muchachas cubanas.

Se realizó otro cateo y, cuando la policía entró a su nuevo apartamento en North York, encontró numerosas fotografías y videos, incluyendo uno que mostraba a “tres personas del sexo femenino, de aproximadamente 14 años de edad, desnudas y siendo manoseadas por McTurk”, indica la orden de cateo de Robb.

La policía arrestó a McTurk el 12 de septiembre de 1998, a sólo horas de otro viaje que tenía previsto a Cuba.

El informe sobre turismo sexual con menores de la RPMC dice que tomar imágenes de actividad sexual es común: están consideradas como trofeos, o una manera de “revivir” la experiencia. Y el reporte de noviembre del 2012 agrega que los menores son embaucados con “promesas de dinero, ropa y bienes materiales” y que las familias pueden “recibir compensación financiera por permitir el acceso” a los niños.

Culpable de posesión

Por los videos filmados en Cuba, McTurk fue declarado culpable de posesión de pornografía infantil, y otra sentencia condicional de 18 meses, más 18 meses adicionales de libertad supervisada. De acuerdo con documentos de la corte, McTurk tuvo que entregar su pasaporte y someterse a terapia. Así que los viajes a Cuba tendrían que parar, al menos hasta que recuperara su pasaporte.

Pero su condena tuvo otra consecuencia. En el 2001, Ontario puso en marcha el primer registro de infractores sexuales en Canadá, tras la muerte en 1988 de Christopher Stephenson, quien fue asesinado por un pedófilo convicto. Debido a que McTurk estaba todavía en libertad condicional como infractor sexual, fue agregado a la lista, indicó la policía.

Ser colocado en el registro de infractores sexuales puede parecer un castigo. Pero en realidad, las condiciones no son tan difíciles: quienes están en la lista deben informar a la policía dónde viven y trabajan, y sus direcciones son verificadas anualmente. No hay necesidad de informar sobre viajes si se trata de una salida corta y no se requiere informar sobre el destino.

Cuando a McTurk le devolvieron su pasaporte, volvió a viajar al sur. Continuó siendo un visitante regular a Cuba, como la policía de Toronto descubrió cuando las actividades de McTurk salieron a la luz por tercera ocasión en la primavera del año pasado, gracias a la empleada de fotografía del supermercado Loblaws.

Y mientras McTurk espera en una celda en la cárcel de Milton, los oficiales que investigan su caso se preguntan cuántos infractores sexuales salen de viaje sin ser detectados por las lagunas en la legislación.

“Quizá deberíamos empezar a ver la historia de viajes de todas las personas a las que arrestamos por posesión de pornografía infantil”, dijo Robb.

“Hay un sentido de desamparo en las caras de estas niñas que es muy impactante”, agregó la detective Gross. “Tanto si es dentro de nuestras fronteras como si es fuera de nuestras fronteras... tenemos una obligación con estos niños”.

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