Falleció el crítico de cine René Jordán

 

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René Jordán, crítico de cine de El Nuevo Herald, falleció el domingo en la noche en Presbyterian Hospital de Nueva York, ciudad donde residía desde la década de 1960. Tenía 85 años.

Jordán, que destacó por un estilo certero y a la vez muy fresco, siempre poblado de frases populares y de un gran sentido del humor, comenzó a hacer reseñas de cine en El Miami Herald en 1976. Fue parte del equipo de reporteros y críticos fundadores del entonces suplemento en español de The Miami Herald, que estuvo integrado, entre otros, por Norma Niurka, Patricia Duarte, Fausto Miranda y del crítico de arte y de gastronomía y director de la sección Galería, Rafael Casalins, quien lo trajo como colaborador del periódico.

“René se cayó el viernes en la casa y se golpeó en la cabeza”, dijo desde Nueva York su amigo John L. Hochmann. “Ese mismo día había leído cinco reseñas suyas en El Nuevo Herald y planeaba escribir muchas más”.

Nacido en Pinar del Río, Jordán fue una voz determinante para los cinéfilos cubanos como crítico de cine del periódico Excelsior y de la revista Bohemia en la década de 1950, donde publicaba tres páginas de reseñas y comentarios semanales.

Jordán se graduó en la primera promoción de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling de La Habana, en 1947. Entre sus compañeros de clase se encontraban los futuros críticos de cine Walfredo Piñera y el Premio Cervantes 1997 Guillermo Cabrera Infante, quien firmaba sus notas de cine como G. Caín. Desde sus años de estudiantes, Jordán y Cabrera Infante mantuvieron una amistad que perduró hasta el final.

“Con la muerte de René se muere una época”, señaló el cineasta Orlando Jiménez Leal, codirector de P.M., El Super, Conducta impropia y director de 8-A. “Tanto él como Cabrera Infante y Walfredo Piñera eran los paradigmas de una crítica de cine moderna que se hacía en la Cuba de aquellos años. Ellos estaban a la vanguardia de todo lo que pasaba en el mundo del cine”.

Jiménez Leal recordó que la biblioteca de Jordán en su apartamento del Vedado estaba llena de libros de cine en inglés. “Era un hombre culto, muy elegante y exquisito que vivía una vida de ‘americano’ ”, agregó Jiménez Leal. “Para él La Habana era como un barrio de Nueva York, que consideraba su hogar”.

Por su parte, el crítico de cine y escritor Santiago Rodríguez expresó que “las personas leían a Cabrera Infante en Carteles y a René en Bohemia”. De esa época, Rodríguez recuerda reseñas de Jordán como Secretos de alcoba o su incisivo comentario sobre la actriz Sandra Dee.

“Recorté muchas reseñas de René; eran muy certeras”, añadió Rodríguez, autor de una trilogía sobre cine. “Prefiero sin embargo sus críticas en Estados Unidos, que eran más maduras” .

En el momento que Jordán sale al exilio en 1962 era uno de los miembros más respetados de la prensa cultural en la isla y tenía en planes de publicación el libro La angustia del sábado, que obtuvo una mención en la primera edición del premio Casa de las Américas en 1960. Esta publicación, que saldría con Ediciones R –una editorial fundada en 1959 bajo el auspicio de las autoridades culturales revolucionarias y dirigida por Carlos Franqui– nunca se materializó porque Jordán pasó a formar parte de los intelectuales silenciados por su decisión de marchar a Estados Unidos.

Jordán se estableció en Nueva York, desde donde escribió para numerosas publicaciones como Film Quarterly, The Village Voice, Films in Review, Cinema y Film Ideal. Fue autor de varios libros y biografías de artistas de cine como Clark Gable, Marlon Brando y Gary Cooper, publicadas por Pyramid Publishing. Estas tuvieron tanto éxito que le abrieron el camino para escribir The Greatest Star, el primer libro sobre Barbra Streisand, en 1975. Trabajó también en el departamento de subtitulaje y en la oficina de publicidad para el extranjero de Universal Pictures. Era miembro de la National Board of Review desde finales de 1980.

Nat Chediak, fundador del Festival Internacional de Cine de Miami en 1984 y director durante sus primeros 18 años, destacó que Jordán tenía una extraordinaria habilidad para resumir las películas. “Yo aprendí a escribir de cine leyendo a René”, dijo Chediak, que mantuvo una amistad de 40 años con Jordán.

“Cuando empiezo en la Cinemateca en 1973, Casalins me puso en contacto con René. Deshielar a René no fue fácil, pero era de esperarse que al final ocurriera porque los dos compartíamos una pasión desmesurada por el cine. Eso fue ‘el inicio de una gran amistad’, como se dice al final de Casablanca”, recordó Chediak, contando que gracias a Jordán conoció a Cabrera Infante y a Néstor Almendros.

Chediak compartió muchas jornadas con Jordán en el Festival de Cine de Toronto, al que ambos asistían cada año. “En Toronto si no llegas temprano te quedas sin asiento, y nosotros llegábamos hasta media hora antes para ser los primeros en entrar. René se sentaba en la primera fila a un extremo, con un ángulo de visión imposible”, contó Chediak, explicando que el crítico elegía este puesto porque le recordaba las funciones en el cine que era propiedad de su tío, en Pinar del Río. Los que pagaban elegían los mejores puestos y sólo quedaban los de los extremos.

El pintor cubano Enrique Cubillas, que fue vecino de Jordán en Nueva York, recordó que “las conversaciones con René siempre giraban alrededor de las películas, que él prefería llamar ‘filmes’. En La Habana coincidieron en muchas obras de teatro y museos, al igual que en Nueva York.

En la Gran Manzana, Jordán mantuvo intacta su curiosidad por el cine y sus estrellas. Con frecuencia invitaba a sus amigos para que vieran cómo la legendaria actriz sueca Greta Garbo salía de su apartamento de Sutton Place, en Manhattan. “Sin que ella lo notara, en algunas ocasiones la siguió hasta la parte baja de la ciudad para verla hacer sus compras”, contó Jiménez Leal.

“René nunca me manifestó su nostalgia por Cuba. Para él Cuba era como ‘una película’ que había visto”, afirmó el cineasta. “Era un hombre que pasó de aquel “barrio” [La Habana] a Nueva York. El estaba instalado en el presente”.

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