El African Queen, una historia de John Huston en Key Largo

 

Especial/El Nuevo Herald

Amarrado al muelle de Port Largo Canal, en el 99071 del Overseas Highway, y esperando que lo aborden para dar un paseo por los canales de Key Largo, se encuentra el African Queen, quizás uno de los pocos testigos que aun existen de una de las historias más apasionantes del cine de los 1950.

Es pequeño, tiene un casco de madera de solo 30 pies de eslora. Está rodeado de pelícanos de cara seria, que van allí a dormir su siesta, mientras hacen la digestión de la última sardina. Alrededor hay otros botes, más grandes y modernos, que ofrecen recorridos por la costa, con fondo de cristal y almuerzo incluido.

Pero ninguno tan antiguo, famoso y que inspire tanta nostalgia como este, donde el director norteamericano John Huston filmó parte de la película The African Queen (1951), protagonizada por Humphrey Bogart y Katharine Hepburn.

La vida de este navío, que en el 2012 cumplió 100 años, no ha sido siempre tan tranquila. Fue botado en Lythman, Inglaterra, en el 1912, bajo el nombre de S/L Livingstone, y prestó servicio para la compañía East Africa British Railways, transportando mercancías, correspondencia, cazadores, mercenarios, y misioneros, a través del lago Alberto y el río Victoria Nile, en la frontera entre el antiguo Congo Belga y Uganda.

Para John Huston, a quien le gustaban las cosas difíciles, y contar historias de fracasos, fue el escenario perfecto para llevar a sus personajes Charlie Allnut y Rose Sayer, a jugarse la vida en una travesía vengativa, persiguiendo a una cañonera alemana para hundirla con un torpedo fabricado artesanalmente. Después de esta aventura el Livingstone, aun impulsado con su vieja caldera de vapor, siguió en servicio en Africa hasta 1968. En 1970 estaba en El Cairo, pasó a manos privadas, y fue traído a Estados Unidos donde estuvo navegando entre San Francisco, Oregon y La Florida. Finalmente en 1982 fue restaurado hasta dejarle su aspecto original, rebautizado como el African Queen, y trasladado a su ubicación actual en Key Largo.

Quizás por ser un sitio histórico del condado Monroe, y la única pieza activa y tangible de la aventura que significó la filmación, el African Queen sigue siendo un punto de interés para los amantes del cine que visitan el lugar.

Huston viajó a Kenya para buscar locaciones; allí se le unirían Bogart, Hepburn y Lauren Bacall, pero el director de The Maltese Falcon también llevaba la idea (fija) de organizar una cacería de elefantes. En Nairobi no consiguió el permiso para su safari, y se fue a Uganda con un cazador que conoció en un bar, sin esperar por los protagonistas de su película.

Días después regresó sin el elefante, pero con el lugar exacto dónde empezarían a filmar. Era en Uganda, se llamaba Biondo, en las orillas del río Ruiki, y estaba tan distante del resto del mundo, que Jack Cardiff, el director de fotografía de la película, lo describió como “un sitio en medio de la nada”.

La obsesión de Huston por derribar un elefante seguía. Todas las mañanas antes de rodar se iba de cacería. Estas excursiones duraron hasta que Hepburn, Bogart y Bacall, estuvieron a punto de morir aplastados por un gigantesco macho de una manada al que se le acercaron demasiado. La experiencia sirvió de argumento al novelista Peter Vierter para escribir primero el libro, y luego el guión de White Hunter Black Heart, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood en 1990.

Establecieron el campamento junto a una colonia de leprosos, en Port Buitiaba, cerca de la frontera con el antiguo Congo Belga. En el documental Embracin Chaos: Making the African Queen (2002) , varios miembros del equipo recuerdan que siempre tuvieron la sospecha de que en algún momento comieron carne humana, traída por un cazador local al que habían contratado para que los proveyera de alimentos. El hombre fue detenido acusado de asesinar a un guía de los alrededores, y de practicar el canibalismo.

Vivieron en tiendas de campaña rodeadas de zanjas para detener a las hormigas carnívoras, amenazados por serpientes, niguas, arañas y escorpiones, y consumieron agua de río mezclada con excrementos de hipopótamos y cocodrilos. Todos, excepto Bogart y Huston, se enfermaron de disentería. Años más tarde Bogart dijo estar seguro de que se habían salvado gracias a que bebieron muy poca agua contaminada, se alimentaron de frijoles y espárragos enlatados, y bebieron whisky escocés, con la disciplina y el refinado estilo de un guerrero cosaco. “Si una mosca nos picaba, caía muerta al instante”, recordaba. Era una medida profiláctica poco convencional, pero funcionaba.

Del grupo quien llevó la peor parte fue Katharine Hepburn. Adquirió una disentería que la obligó a filmar escenas con un recipiente al lado en el que vomitaba constantemente. Entonces solo tenía 43 años, pero llegó a verse mucho mayor. Se deshidrató, la piel se le puso verde, y se le acentuaron los pómulos, No obstante su depauperación, fue capaz de decirle a Cardiff: “Jack, ves estas líneas y arrugas? Tardé mucho en acumularlas, quiero que se vean así.”

La filmación en el río fue un reto para el personal de producción, quienes construyeron dos balsas donde montaron las lámparas, los generadores portátiles, y una pesada cámara de Technicolor, que trabajaba con tres rollos a la vez. Los nativos dijeron que el bote podía hundirse porque tenía mucho peso; los del equipo ignoraron la advertencia, y tuvieron que sacar al African Queen dos veces del agua.

De la película, producida a un costo $1.3 millones, el productor británico Alexander Korda comentó que a quién le iba a importar la historia de dos viejos navegando por un río. Pero afortunadamente se equivocó: en su primer estreno The African Queen recaudó $4.3 milliones, y hoy aparece en varias listas de las películas más importantes de todos los tiempos.

Empercudido, borrachín, con la barba crecida, y sin el aspecto de tipo duro que lo hizo una leyenda del cine negro, Humphrey Bogart consiguió con su personaje de Charlie Allnut el único Oscar de su carrera. Ese año, 1952, le arrebató el premio de la estatuilla dorada a Marlon Brando, Fredric March, y Montgomery Cliff. Sin embargo, sobre su fama solía bromear diciendo que “no eres una estrella hasta que no sepan deletrear tu nombre en Karachi”. Probablemente él lo consiguió.

En el cine hay muchos barcos famosos. Reales como el Titanic, el Potemkin, o el Bismarck. De ficción como el Nautilus de Veinte mil leguas de viaje submarino, el Yellow Submarine de Los Beatles, el Pequod de Moby Dick, o el Black Pearl del capitán Jack Sparrow, pero ninguno de ellos navega hoy día, ni guarda anécdotas tan reales y fascinantes como las del African Queen.• 

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