Mario Díaz-Balart surge como el hombre clave de la reforma migratoria

 
 

El congresista Mario Díaz-Balart se apuntala como uno de los legisladores clave para lograr la aprobación de una reforma migratoria en el Congreso.
El congresista Mario Díaz-Balart se apuntala como uno de los legisladores clave para lograr la aprobación de una reforma migratoria en el Congreso.
Pedro Portal / Archivo/El Nuevo Herald, 2008

Mario Díaz-Balart habló sin rodeos a los republicanos de la Cámara de Representantes de Estados Unidos durante una reunión a puertas cerradas en el Club del Capitolio en Washington.

“La inmigración es un gorila de 800 libras”, le dijo el representante de Miami a la habitación llena con los oficiales encargados de contar los votos apenas siete días después de las elecciones de noviembre pasado.

“El gorila de 800 libras acaba de golpearnos en la cara”.

Ciertamente, los votantes hispanos se alejaron de los republicanos en cifras récord, en gran medida por la forma en que los candidatos del partido manejaron la inmigración.

Pero más allá de las cifras políticas, dijo Díaz-Balart, los datos de la política de inmigración tienen una mayor importancia.

Unos 11 millones de inmigrantes viven de forma ilegal en el país. El sistema no funciona. El momento de arreglarlo, dijo Díaz-Balart, es durante un año en que no haya elecciones.

“Después que terminé de hablar, a diferencia de años anteriores, un gran número de mis colegas en el equipo encargado de contar los votos vino a decirme que era el momento de hacerlo”, dijo Díaz-Balart a The Herald.

“Lo que realmente cambió”, dijo Díaz-Balart, “fue una disposición de muchos a enfrentar al pequeño puñado de miembros que han hablado fuertemente en contra de hacer algo, en contra de hacer algo realista”.

Ese día, el 13 de noviembre, marca no sólo un cambio en el debate de inmigración, sino un momento importante en la carrera política de Díaz-Balart.

Hoy, el legislador desempeña uno de los papeles más cruciales en Washington en el debate de la reforma de inmigración, del que muchos nunca habían oído hablar.

Descendiente de una preeminente familia de exiliados cubanos, Díaz-Balart es un ex legislador estatal, cinco veces representante y ex sobrino por matrimonio de Fidel Castro y primo del primogénito del mismo nombre del dictador.

El hermano mayor de Díaz-Balart, Lincoln, dejó el Congreso en el 2010, después de haber aprobado una importante ley para la inmigración-ciudadanía de los centroamericanos y una codificación del embargo cubano.

Mientras Lincoln (ellos son conocidos por muchos en Miami sólo por sus nombres) completaba su último término, Mario emergió como un actor aún más importante en la reforma migratoria.

El contraste con su amigo republicano por Miami, el senador Marco Rubio, es grande.

Rubio, una fijación de la prensa nacional, ha saturado los medios noticiosos como miembro dirigente de la bipartidista “Banda de los Ocho” del Senado, que se ha reunido durante los últimos cuatro meses.

En comparación, Díaz-Balart ha operado más en las sombras, donde su estilo amistoso, de formación de consenso, ha suavizado las luchas partidistas.

Ya desde el 2009, Díaz-Balart y un grupo bipartidista de miembros de la Cámara de Representantes se ha reunido de forma secreta para lograr una iniciativa de ley sobre la reforma inmigratoria. El proyecto estaba terminado en casi un 90 por ciento cuando se engavetó en el 2011, cuando el nuevo liderazgo republicano de la Cámara de Representantes mostró menos interés en conseguir la reforma que el antiguo liderazgo demócrata de la Cámara.

El proyecto de ley se ha actualizado y, mientras el Senado vota por una versión similar, se presentará públicamente pronto ya sea como una gran pieza de legislación o en partes.

Sin importar su forma final, el proyecto de ley de la Cámara de Representantes parece ser un borrador de la propuesta del Senado, que se ha convertido en el acuerdo más publicitado.

Debido a que la reforma de inmigración tiene que pasar por una Cámara de Representantes con mayoría republicana —un partido menos inclinado durante los años a apoyar una reforma amplia de inmigración— Díaz-Balart tendrá que hacer un esfuerzo mayor para lograr una ley final del Congreso, ya que el Senado está controlado por los demócratas.

Díaz-Balart y sus colegas en el grupo no hablan de su proyecto de ley, sus acuerdos, discusiones o progreso. El grupo de la Cámara de Representantes no tiene un apodo que llame la atención. A diferencia de un Senado que es más abierto, los miembros de la Cámara de Representantes y su personal no han filtrado información durante años. Los representantes tampoco han sido regulares en el circuito de los programas dominicales de entrevistas.

Las reuniones del grupo de la Cámara de Representantes se celebraron en diferentes lugares en Washington. Algunos miembros del personal se aseguraron de que no se les viera congregados fuera de la reunión, para no llamar la atención. Unos cuantos de ellos no se reconocían de forma amistosa en público.

¿Había un apretón de manos secreto?

“Se lo diría, pero tendría que matarlo”, bromeó Díaz-Balart.

El club era, dicen sus miembros, el secreto mejor guardado en Washington, donde los secretos tienen una vida promedio de tres minutos. También a este respecto, el club era anti-Washington: toda decisión se tomaba por consenso, encontrando un terreno común y sin ganar puntos.

No había votaciones. Se desdeñaban las palabras duras, las amenazas y las poses.

“Nadie se sentía un perdedor”, dijo el representante federal Luis Gutiérrez, un demócrata por Illinois.

Entre las mejores cualidades de Díaz-Balart, dijo Gutiérrez, está su capacidad para “quitarse su sombrero partidista” —algo importante para un miembro del equipo encargado de contar los votos.

“Si no se supiera que es un republicano por la Florida, se pensaría que era un demócrata”, dijo Gutiérrez.

Díaz-Balart también destacó que ha estado alertando durante una década a los republicanos sobre como manejar una reforma migratoria. Su colega republicana por Miami Ileana Ros-Lehtinen lo ha estado haciendo por más tiempo, al igual que lo hizo su hermano Lincoln Díaz-Balart.

En el 2010 los tres estaban entre los ocho votos republicanos en la Cámara de Representantes a favor de la Ley de un Sueño (Dream Act), que ofrecía un camino a la ciudadanía para ciertos estudiantes y jóvenes militares. La ley no se aprobó en el Senado debido a la fuerte oposición republicana.

Pero Díaz-Balart tiene sus críticos, particularmente en la derecha. Algunos conservadores se preocupan sobre la “amnistía” de legalizar el estatus de tantos indocumentados en el país.

Para esos republicanos, el recién electo representante del tea party Raúl Labrador —también un miembro del grupo que trabaja en la inmigración— podría tener mayor influencia, ya sea para atraer sus votos o para acallar a sus críticos.

Pero Díaz-Balart, particularmente en los medios de comunicación en inglés, deja en claro que no es un liberal. A menudo habla enérgicamente sobre la seguridad de las fronteras, y quier asegurarse que los que buscan un estatus legalizado paguen multas y sirvan un prolongado período de prueba para esperar su turno.

“Tenemos que reducir la retórica”, dijo el viernes Díaz-Balart en la conferencia de la Red de Liderazgo Hispano en Coral Gables.

“Bajar los decibeles”, agregó.

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