Mujer de la Florida se traga un diamante valorado en $5,000

 
 

Miriam Tucker se tragó un diamante accidentalmente durante un evento de caridad. El diamante fue localizado gracias a una colonoscopía.
Miriam Tucker se tragó un diamante accidentalmente durante un evento de caridad. El diamante fue localizado gracias a una colonoscopía.
Cortesía

Tampa Bay TimesBoston Globe

Dicen que los diamantes son el mejor amigo de la mujer. Pero una invitada a una reciente exposición de modas para recaudar fondos podría conceder esa distinción a su gastroenterólogo.

Miriam Tucker era una de los cientos de mujeres que bebían champán en Fashionollia el 20 de abril, celebrando el 65 año consecutivo por el Tampa Woman’s Club (Club de Mujeres de Tampa).

Costaba $20 la copa de champán, y una oportunidad de ganarse un diamante de 1.03 quilates. Continental Wholesale Diamond puso una piedra solitaria, una hermosa gema de corte redondo tasada en $5,000, en una copa de champán. Todas las demás recibieron circonias cúbicas.

El almuerzo concluyó sin un solo grito de alegría de una de las 280 mujeres en el salón de fiestas del Renaissance Hotel International Plaza. Los organizadores y joyeros Andy Meyer y Joy Pierson estaban intrigados.

“Sabíamos que la ganadora tenía que estar en una de dos mesas”, dijo Pierson. Ella estaba esperando cerca de las mismas cuando Tucker, de 80 años, le avisó.

“Pensé que mejor bebía un sorbo de champán para no tener que meter tan lejos el dedo en la copa”, dijo Tucker, corredora retirada de bienes inmobiliarios. “Estábamos riéndonos y conversando cuando me di cuenta de que me lo había tragado. Qué tontería”.

Mientras tanto, joyeros que iban de un lado a otro armados de lupas e instrumentos examinaron todas las piedras. Tucker, suponiendo que los organizadores del evento anunciarían una ganadora en cualquier momento, decidió no llamar la atención.

Hasta que la sala quedó casi vacía. Entonces ella confesó.

“Ella dijo que se había tragado lo que había en la copa”, dijo Pierson, “pero, por un golpe de suerte, ella tenía turno para hacerse una colonoscopía en dos días”.

Eso no le pareció suficiente a la presidenta de Fashionollia Gina Roth, quien insistió que Tucker, quien vive en South Tampa, la siguiera al St. Joseph’s Hospital para hacerse una radiografía.

El diamante no salió en la radiografía, de modo que Tucker se preparó para su colonoscopía como estaba planeado. Pero, hasta donde ella pudo darse cuenta, el diamante seguía dentro de su cuerpo.

A la mañana siguiente, ella alertó al doctor Dr. Bruce Edgerton “a que estuviera alerta”, y le contó lo del diamante perdido.

Durante el examen de Tucker, el doctor encontró, bueno, un diamante. Con la piedra en una bolsa de riesgo biológico, la hija de Tucker se fue directamente a la joyería.

Los joyeros confirmaron que la piedra de Tucker era la auténtica. Ella se llevó su premio a casa, limpia, pulida y centelleante.

“Como dice mi hijo: ‘Bien está lo que bien acaba’ ”, dijo Tucker.

Champions for Children fue la agencia caritativa a cuyo beneficio se hizo el almuerzo.

El lema de ellos: “Protejamos a nuestras preciosas gemas”.

El empresario de 26 años de edad acababa de colocar su Mercedes nuevo en la cuneta de la Avenida Brighton para responder a un texto cuando un viejo sedán hizo un viraje brusco detrás de él, dando un frenazo hasta detenerse. Un hombre de ropas oscuras salió y se acercó a la ventanilla del pasajero. Eran casi las 11 p.m. del jueves.

El hombre golpeteó en el cristal, mientras hablaba rápido. Danny, incapaz de oírlo, bajó la ventanilla —y el hombre metió un brazo, abrió la cerradura de la puerta y entró, blandiendo una pistola plateada.

“No seas estúpido”, le dijo a Danny. Le preguntó si sabía sobre las bombas en el Maratón de Boston. Danny sabía, incluyendo las fotos borrosas de los sospechosos que se dieron a conocer menos de seis horas antes.

“Yo lo hice”, dijo el hombre, a quien luego se identificaría como Tamerlan Tsarnaev. “Y acabo de matar a un policía en Cambridge”.

Tsarnaev le ordenó a Danny que manejara.

En una entrevista exclusiva con el Boston Globe, el relato de Danny —la víctima del robo de auto por parte de los hermanos Tsarnaev— llenó algunos de los vacíos de información que faltaban en el período de tiempo entre el asesinato del policía del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) Sean Collier, poco antes de las 10:30 p.m. del 18 de abril, y el tiroteo en Watertown que terminó poco antes de la 1 a.m. Danny, oriundo de China, pidió que se le identificara sólo por su sobrenombre estadounidense.

La historia de esa noche se desarrolla como una película de Tarantino, estallidos de acción horrorosa enlazados con humor negro y un diálogo absurdo por su carácter ordinario, un recordatorio de cómo eran los jóvenes en el auto. Muchachas, límite de crédito para estudiantes, las maravillas del Mercedes-Benz ML 350 y el iPhone5, si es que alguien aún escucha discos compactos.

Danny describió esos horribles 90 minutos, primero con el hermano más joven siguiéndolos en un segundo auto, después con los dos hermanos en el Mercedes, donde discutieron abiertamente manejar hasta Nueva York, aunque Danny no pudo percibir si ellos planeaban otro ataque.

“Tengo la muerte tan cerca”, pensó Danny en ese momento. Su vida hasta ese instante parecía estar en ascenso, desde la provincia en China Central en donde creció hasta graduarse de la Universidad Northeastern.

“No quiero morir”, pensó. “Tengo muchos sueños que hasta ahora no se han hecho realidad”.

Después de un recorrido zigzagueante, Danny aprovecharía su oportunidad de escapar en la Estación Shell, dependiendo en ese momento de dos palabras —“sólo efectivo”.

Cuando el hermano más joven, Dzhokhar, de 19 años de edad, se vio obligado a entrar en la Shell Food Mart para pagar, el hermano mayor Tamerlan, de 26, puso su pistola en el bolsillo de almacenamiento de la puerta para descifrar un aparato de navegación —lo que le hizo abandonar brevemente la guardia después de pasar una noche escapando como un fugitivo. Danny se desabrochó el cinturón de seguridad de su asiento, abrió la puerta, salió, tiró la puerta, y corrió en un ángulo en que sería un blanco difícil para cualquier francotirador.

“¡C…!” oyó decir a Tamerlan, sintiendo que casi lo agarraban por la espalda, pero el hombre no lo siguió. Danny llego a una estación de gasolina Mobil en el otro lado de la calle. Un empleado allí llamó al 911.

Su audaz escape, dijeron las autoridades, permitió a la policía ponerse a perseguir rápidamente al Mercedes, impidiendo un posible ataque de los hermanos a la ciudad de Nueva York y precipitando un tiroteo en Watertown que hirió gravemente a un agente, mató a Tamerlan y dejó a Dzhokhar gravemente herido escondido en el vecindario. El más joven de los hermanos fue capturado la noche siguiente.

‘No quiero ser famoso’

Danny, quien ofreció su recuento sólo con la condición de que el Globe no revelara su nombre chino, dijo que no quiere ser el centro de atención.

“No quiero ser una persona famosa hablando en TV”, dijo Danny. “Trataba de salvarme”.

Danny, graduado de ingeniero, hizo notas mentales meticulosas de las señales de las calles, incluso cuando siguió la orden del mayor de los Tsarnaev de no estudiar su cara.

“¡No me mires!” gritó Tamerlan. “¿Recuerdas mi cara?”

“No, no recuerdo nada”, dijo Danny.

Danny vino en el 2009 a Estados Unidos para hacer una maestría, se graduó en enero del 2012, y regresó a China para esperar una visa de trabajo. Regresó hace dos meses, rentó un Mercedes y se mudó a un condominio con dos amigos chinos mientras comenzaba un negocio.

Cuando empezó la dura experiencia, Danny rezó para que fuera un robo rápido. Tamerlan le pidió dinero, pero Danny sólo tenía $45 en efectivo. Tamerlan le dijo a Danny que manejara. El viejo sedán los siguió.

“Tranquilo”, dijo Tamerlan, cuando los nervios de Danny no le dejaron mantenerse en el carril.

Al revisar la billetera de Danny, Tamerlan le pidió el código para un cajero rápido, el cumpleaños de un amigo.

Como estaba manejando por un vecindario tranquilo, Danny se detuvo según lo instruyeron. El sedán se detuvo detrás de él. El más delgado y con pelo con melena corta, el “Sospechoso No. 2” en las fotos y los videos dados a conocer esa noche, se les acercó. Tamerlan salió, le dijo a Danny que se pusiera en el asiento del pasajero, agregándole que si intentaba algo le dispararía. Los hermanos pasaron objetos pesados del auto al Mercedes.

Tamerlan manejó entonces, con Danny en el asiento del pasajero y Dzhokhar detrás de Danny, se detuvieron para retirar dinero de un cajero automático de Bank of America usando la tarjeta de Danny. Un auto de la policía pasó cerca, con las luces apagadas.

Danny pensó sobre su esperanzado comienzo y sobre una muchacha que le gustaba en secreto en Nueva York. “Pensé, ‘Oh, Dios mío, no tendré la oportunidad de verte de nuevo’ ”, recordó.

Dzhokhar estaba ahora de regreso. “Ambos tenemos armas”, dijo Tamerlan. Danny los oyó hablar en un idioma extranjero —“Manhattan” fue la única palabra que entendió— y entonces preguntó en inglés si el auto de Danny podía salir del estado. “Como Nueva York”, dijo uno de los hermanos.

Tamerlan le pidió a Danny que encendiera la radio. El hermano mayor recorrió varias estaciones rápidamente, evitando los noticieros. Con el tanque de gasolina casi vacío, se detuvieron en una gasolinera pero las bombas estaban cerradas.

Ellos regresaron al vecindario en Watertown y tomaron algunas cosas más del auto estacionado. Pusieron un disco instrumental que a Danny le sonó como una invitación a rezar.

De repente, el teléfono de Danny vibró. Un mensaje de texto de su compañero de habitación preguntándole en chino dónde estaba. Gritándole a Danny por instrucciones, Tamerlan usó una aplicación inglés a chino para enviar una respuesta. “Estoy enfermo. Estoy durmiendo esta noche en el lugar de un amigo”. En un momento otro texto, después una llamada. Nadie respondió. Segundos después, el teléfono sonó de nuevo.

“Si dices una sola palabra en chino, te mato”, dijo Tamerlan. Danny comprendió y respondió en inglés. “Me tengo que ir”.

“Buen muchacho”, dijo Tamerlan. “Buen trabajo”.

El vehículo todo terreno se encaminó a dos estaciones de gasolina que estaban abiertas. Dzhokar trató de llenarlo usando la tarjeta de crédito de Danny, pero rápidamente golpeó en la ventanilla. “Solo efectivo”, dijo. Tamerlan le dio $50.

Danny observó a Dzhokhar encaminarse a la tienda, mientras decidía si éste era su momento —hasta que dejó de pensar, y permitió que sus reflejos dieran la respuesta.

Rapido escape

“Pensaba que debía hacer dos cosas: zafarme el cinturón de seguridad y abrir la puerta y saltar tan rápido como pudiera. Si no lo hacía, me mataría, me mataría de inmediato”, dijo Danny. “Simplemente lo hice. Lo hice muy rápido, usando mi mano izquierda y mi mano derecha en forma simultánea para abrir la puerta, quitarme el cinturón de seguridad, saltar hacia fuera … e irme”. Danny corrió entre la parte del pasajero del Mercedes y las bombas de gasolina, y salió a la calle, sin mirar hacia atrás, hacia las luces de la estación Mobil. “No sabía si estaba abierta o no”, dijo. “En ese momento recé”.

Los hermanos se fueron. El empleado de Mobil llamó al 911, y se lo puso a Danny. Los policías llegaron, Danny dijo que el auto podía seguirse por su iPhone y por el sistema satelital de Mercedes, mbrace.

Danny —mientras se producía el tiroteo y la cacería humana en Watertown— pasó la noche hablando con la policía y el FBI. Un agente de la policía de carreteras le dio un bagel y café.

“Pensé, Tamerlan está muerto, me siento bien, obviamente más seguro. Pero no sé del hermano menor”, recordó Danny, preguntándose si Dzhokhar podría venir por él.

Cuando surgieron las noticias de su captura, Danny estaba en el teléfono —hablando con la muchacha en Nueva York.

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