El gran negocio de los Quince

 

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Cuando se trata de quinceañeras, las palabras “gran sacrificio” vienen a la mente de Miriam Rodríguez. Por cuatro generaciones, su familia ha realizado grandes esfuerzos para celebrar la transición de niña a mujer.

La madre de Rodríguez, Balbina Espino, de 93 años, dice que recuerda haberse pasado dos semanas haciéndose su propio vestido de quinceañera. Ella usó unas yardas de un crujiente tafetán amarillo que le costó cinco pesos cubanos en La Habana. Cuando Rodríguez era una quinceañera, su familia tuvo que hacer intercambios con amigos para evitar las restricciones a las fiestas que trajo el gobierno de Fidel Castro. Y posteriormente en Miami, tuvo dos trabajos para llevar a su hija María Chouza en un crucero cuando se convirtiera en quinceañera.

Para seguir la tradición familiar, Chouza, de 38 años, se está gastando unos $15,000 en la fiesta de mayoría de edad de su hija Samantha, que generalmente cuesta entre $5,500 y $55,000.

“Los tiempos han cambiado”, dijo Espino. Rodríguez estuvo de acuerdo.

La mayoría de las quinceañeras sueñan con ser una princesa durante esa noche. Las invitaciones de Ana Calcedo dicen: “Una vez, una pequeña niña soñó con tener una bella fiesta cuando cumpliera los quince”. La tarjeta era casi del tamaño del menú de un restaurante. Tenía relleno para que pareciera un cojín de marfil cubierto de seda, con una cinta de seda azul oscura.

Había una variedad de plumas, flores o un broche brillante para darle un toque, dijo Calcedo, de 16 años. Ella escogió un broche de “diamantes falsos”, porque “quería que fuera algo memorable, como sacado de un libro de cuentos”.

Su familia pagó alrededor de $40 por cada invitación. Eso fue un lujo. Las tarjetas van por lo general de $4.50 a $7. Ricardo Lowe, uno de los propietarios de Lilian Designs, en Coral Gables, dijo que este tipo de tarjeta de tela se conoce como padded silk folio. Generalmente se usan para bodas y necesitan una cajita.

Luiz Goncalves, uno de los propietarios de The Fine Paper Store, en Miami Lakes, dijo que las fiestas de quinceañeras por lo general también requieren tarjetas para marcar el lugar de los invitados, tarjetas con instrucciones y papelería.

“Tenemos muchas opciones. Distintos tipos de papel, distintos tipos de caligrafía”, dijo Goncalvez. “La variedad es importante, porque la invitación establece el tono de lo que va a pasar”.

Anthony “Tony” Elías dijo que él lleva en la sangre producir la fantasía. Elías creció mientras veía a su familia organizar eventos especiales en sus salas de fiestas Renaissance, en Miami, y dijo que las fiestas de quince todavía lo hacen llorar.

“Nosotros desarrollamos relaciones con nuestros clientes”, dijo Elías. “Les ofrecemos paquetes que cubren el proceso de planeamiento hasta la ejecución. Trabajamos en la cena, las decoraciones, un escenario elaborado para los quince, de todo. Se parece mucho a una producción teatral”.

La capacidad de Renaissance va de 60 a 550 personas, y puede costar desde $5,000 con un depósito de $1,000, hasta $40,000 con un depósito de $6,000.

La creatividad es indispensable. María Molina, uno de los propietarios de Fantasy Designer, dijo que ella puede convertir cualquier lugar en una fiesta y que no hay límites en lo que el dinero puede comprar.

“Si un millonario viene y me dice que quiere que su hija descienda desde la luna, lo hacemos”, manifestó Molina. “Además, trabajamos con nuestros clientes en busca de maneras de que se mantengan dentro de su presupuesto, con trucos como usar plumas en vez de flores en los centros de mesa”.

Los servicios de Molina van de $800 a $10,000, en dependencia del tamaño de la sala de fiestas.

La torta cubana con merengue y relleno de vainilla ya no es la única opción. Rodríguez recuerda la “caja china” con el puerco asado, el arroz con frijoles, la yuca y los plátanos maduros fritos en sus quince.

Las fiestas de quinceañera de hoy en día tienen todo un arcoiris de opciones: tortas de cacao estilo Astoria red velvet cake, tarta de Key Lime o de fresa, fudge de chocolate con coco, torta de pistachos, chocolate blanco, French silk butter cream, dulce de leche, torta de guayaba y ron…

Yvette Rodríguez, uno de los propietarios de Vicky Bakery, que cuenta con una docena de ubicaciones en el sur de la Florida, dijo que la moda ahora es hacer tortas con el tema de Tiffany & Co. La marca es conocida por sus prendas de diamantes y sus icónicas cajas de color aguamarina con cintas blancas.

“Las muchachas tienen muchos temas y dependen de su estilo personal”, dijo Rodríguez. “También tenemos muchos temas de Hollywood y nos gusta usar dulce de caramelo, porque crea una superficie elegante”.

El precio de una porción de torta va de $1,75 a $10 por rebanada. Ellos pueden hacer esculturas con hasta seis pisos o torres de pequeños cup cakes que van de $1 a $2,60 por porción. Torres de almendrados franceses con 150 piezas cuestan unos $400.

En el Ritz Carlton, uno de los más lujosos servicios de comida a domicilio en Miami, el costo de comidas y bebidas va de $75 a $125 por plato para adolescentes, y de $140 a $200 para adultos. Monica Ciffoni, directora de servicios de comida a domicilio en el local de Coconut Grove, dice que la comida para fiestas de adolescentes es sencilla y que la atención generalmente la tienen los postres.

“Siempre tratamos de hacer postres de chocolate –tarta de chocolate y avellana, soufflé de mango, frutas tropicales, cheese cake de maracuyá y también las galletas y los almendrados”, dijo Ciffoni. “Los almendrados son una gran tendencia en este momento”.

Dos costureras en un taller sin ventanas manejan con delicadeza la tela en la parte de atrás de Jorka Atelier en la Calle Ocho del Southwest, cerca del Restaurante Versailles en la Pequeña Habana. Un vestido rojo lavado a mano con pliegues de flamenco en la falda y un corsé de lentejuelas plateadas cuelga del techo para secarse al aire.

Apenas hay espacio para caminar. Docenas de vestidos románticos de baile en reluciente organdí, satín mate, tafetán y tul con brillo metálico se alinean en los colgadores. Algunos tienen perlas falsas, pequeñas rosas y lazos. Otros tienen pelusas embellecidas, aplicaciones y bordados.

“Hemos estado convirtiendo adolescentes en princesas durante 40 años”, dice Hortensia Jordán. “Las muchachas acostumbraban a vestir principalmente de blanco. Fue en la década de 1980 cuando comenzaron a usar el color y ahora no hay límites. He tenido muchachas que usaron negro y rojo, amarillo canario o verde manzana”.

En Jorka Atelier, una muchacha puede rentar un vestido usado por entre $60 y $80, o comprar un vestido hecho a la medida por entre $350 y $600. Los precios en otras boutiques del Sur de la Florida son más altos. En Alegria’s Brides, en Coral Gables, los vestidos de quince pueden ser de hasta $2,000. Ann Marie Griffin, quien es dueña de Ann Marie, en Homestead, dijo que esto se debe a que para muchas el vestido de quinceañera es tan importante como el de bodas.

“Es una expresión personal del gusto y estilo de una joven dama”, dijo Griffin. “Para algunos de los cruceros de quince, las muchachas usan el blanco, pero también tenemos estampados, rosados, azules, lavandas y amarillos. Hay mucha variedad y atención al detalle”.

Los cristales Swarovski se encuentran algunas veces en los vestidos y las coronas. Y las elecciones son ilimitadas cuando se trata de accesorios. La tiara –la corona de una princesa– tiene que ser brillante. También, toda princesa necesita joyas. Un collar de perlas de $3,500 y su brazalete de perlas Akoya de $4,520 que hace juego, son algunos de los ejemplos.

“Tenemos un collar de perlas herencia de mi bisabuela. Mi hija lo va a lucir el año que viene”, dijo Amanda García. “Cuando mi madre me lo dio, era un símbolo de la confianza que viene con la edad y la madurez. Era sobre el que ella podía confiarme cosas de adultos. Era sobre la responsabilidad”.

“Tener una princesita es caro”, dijo López. “Enseñarles a ser frugales es importante. Sabemos que lo próximo es la boda”.

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