Una carta muy inusual: escueta, pero muy humana

 

Especial para El Nuevo Herald

Actualmente estoy cumpliendo 96 meses de sentencia por mi primer re-ingreso. Me gustaría saber si usted me puede ayudar acerca de mi sentencia.

Me prometieron 70 meses de sentencia y me sentenciaron a 96 meses. Ya he cumplido 53 meses. Si hubiera recibido los 70 meses de sentencia que me prometieron, estaría a 7 meses de que me dejaran en libertad. No estoy seguro de cómo manejar esto. Necesito ayuda.

Tengo entendido que hay una ley que me permitiría cumplir la mitad del tiempo en mi país de origen, México. Si yo pudiera hacer la apelación en procura de los 70 meses, me gustaría proseguir esta avenida, si fuera posible. Esta carta fue escrita (en idioma inglés) por mi compañero de celda. Por favor, respóndame en español. Muchas gracias,

Jesús Manzo-Aparicio. (Prisión Federal, Coleman, Florida

Hay cartas, y cartas, ¡y ... cartas! La suya, joven Jesús, es de estas últimas. Yo recibo cada semana un paquete de muchas de las primeras, y llevo más de 30 años acá en la Florida. Pero le confieso que casi nunca me llega una carta tan descorazonadora como la suya... Los extranjeros tienen muchos problemas para lidiar con el sistema legal de EEUU, a menos que, desde su llegada, lo hayan hecho todo bien.

Pero vivimos en un país de realidades, no de fantasías. Partimos todos de un hecho básico: todo el mundo es inocente, hasta tanto él o ella mismo... hagan que no sea así. Su carta cuenta su problema resultante, pero no alude para nada a lo que hizo para caer bajo el peso de un resultado tan triste. Yo respeto su misiva como una llamada (casi un grito) de auxilio, pero ella carece de todo detalle para entender mejor todo lo que le pasó.

En el terreno de las leyes de inmigración – y de las consecuencias de violarlas – usted cayó bajo el peso de una de las más severas: la que castiga a un extranjero deportado (conclusión mía) que recalcitrantemente regresa otra vez a EEUU sin permiso especial, ¡como si nada hubiera pasado antes! Si a ese extranjero Inmigración lo encuentra aquí, le toca un encarcelamiento máximo de 2 años. Pero si el que abusivamente regresa sin permiso alguno, y ha cometido tres delitos menores ( misdemeanors) relacionados con drogas, o uno o más delitos mayores ( felonies) por las que ya había sido expulsado del país, le cae encima la casa sobre la cabeza con un máximo de 10 años (120 meses) de prisión federal.

Si le prometieron (??) un castigo de 70 meses de presidio y ahora usted lucha porque se lo subieron (!) a 96 meses, debe ser porque lo suyo... no fue un simple juego de niños. Como solía decir doña I., una respetable y chisposa oficial de inmigración de mis años más jóvenes de luchas inmigratorias, cuando daba su opinión sobre una historia como suya, “Yo lo veo... ¡muy desmejorado!” Lo lógico que a mí me tocaría hacer es contestar su carta pidiéndole muchos más datos (número de alien, prontuario delictivo, etc. etc.) para terminar de evaluar su situación. Pero, le confieso, no estoy en condiciones de hacerlo. ¿Por qué? Porque los años... no caminan en vano y los míos son bastante avanzados. Veinte años atrás mi inefable esposa y yo viajábamos a casos, conferencias, o necesidades inmigratorias, hasta cualquier punto de EEUU (Tallahassee, Florida; Washington, DC; San Francisco, California; Cleveland, Ohio) y tantos otros sitios... Hoy, lo pienso dos veces para salir a un restaurante, ir a cortarme el pelo, y tantas nimiedades más. Su caso necesita un abogado más joven, más movible, menos restringido como yo lo estoy ahora. Sería una gracia divina que alguno de mis colegas jóvenes, inteligentes, y ambiciosos que, por la Gracia de Dios lea estas líneas, sienta en su corazón el llamado a prestarle la ayuda que usted pide y necesita. Si eso ocurre, yo también estoy listo a enlazarlo con usted y que usted encuentre una esperanza en su desolación.

Mi única satisfacción posible en su caso es que cuando usted salga de la prisión e (inevitablemente) del país, emprenda una nueva vida, con una lección bien aprendida. Usted vive un castigo muy difícil, pero Dios es esperanza. ¡Le deseo lo mejor!

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración. Escríbale a El Nuevo Herald, 1 Herald Plaza. Miami, Florida, 33132

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