Fuerte presencia policial empaña fiesta en Miami Beach

 

mcaputo@MiamiHerald.com

La celebración del Día de Recordación en el 2013 en South Beach es una fiesta en un estado policial.

Las calles de South Beach están flanqueadas por barreras. Atalayas móviles se levantan en Ocean Drive. Y grupos de policías a pie, en bicicleta y cuatrimoto mantienen la disciplina de los juerguistas y hasta de los que simplemente hacen su parrillada en la playa.

El resultado, hasta el sábado por la tarde: a nadie le habían dado un tiro, a diferencia del 2011. A nadie le devoraron la cara, a diferencia del 2012.

Y a pocos parece importarles demasiado la presencia policial. Pero muchos consideran que es un poco excesiva y un tanto demasiado enfocada en la juventud afroamericana, quienes han hecho del Día de Recordación en South Beach un festejo tan grande como controversial.

“Mucha gente se siente molesta”, dijo Evan McCloud, de 30 años, quien vino de Bridgeport, Connecticut. “Pero no está tan mala si uno se dedica a lo suyo”. “No es que la policía se esté dedicando a molestar a la gente”, dijo.

Momentos después, un par de policías en bicicleta se detuvieron a hablar con ella y sus dos amigos, mientras hacían su parrillada con dos parrillas desechadas de $4 compradas en Publix y colocadas sobre una sección del muro entre la playa y el paseo.

“No se puede hacer parrilladas”, dijo un agente. “Tienen que apagar eso”. “Se merecen una A por la inventiva”, dijo el otro.

Los juerguistas ahorrativos y los cierres de calles que impiden a muchos salir al downtown son una pesadilla para el barman Ignacio Cardosa del Medi Bar & Grill en Ocean Drive.

Generalmente atestado los fines de semana, el bar estaba prácticamente vacío. “Debería haber más gente”, dijo Cardosa.

Los valets que se ganan la vida estacionando carros tenían una queja peor: no había carros que estacionar.

Ocean Drive era toda peatonal y festiva. Los juerguistas se movían al ritmo del reggae que salía a todo volumen de los bares o se dedicaban a contemplar a las chicas en trajes mínimos y los hombres sin camisa con los pectorales henchidos por la testosterona. La multitud se dividía de vez en vez, cuando pasaban policías en bicicleta, silbando a la gente para que se quitaran del camino.

Dennis Kanashiro, vendedor de flores de mediana edad procedente de Perú, salía y entraba de la muchedumbre y trataba de vender sus rosas.

“Esto no va a estar tan bueno como el año pasado”, dijo. “Ellos clausuraron Ocean Drive. No hay suficiente gente”.

Los hoteles también han sufrido. Las reservaciones han bajado en más de 10 puntos de porcentaje –al 74.4 por ciento– y los precios han bajado en un 25 por ciento, a $195, desde el 2011.

Pero el delito y los problemas parecieron minimizados en la primera noche del fin de semana festivo.

Entre las 7 a.m. del jueves y las 7 a.m. del sábado, según la policía de Miami Beach, los agentes hicieron 131 arrestos, 32 menos que el año pasado. La mayoría de los arrestos fueron por delitos menores y muchos están vinculados a las drogas, según las estadísticas policiales.

Durante el mismo intervalo de tiempo, la policía y los bomberos han respondido a 865 llamadas en busca de ayuda, o sea, 72 menos que el año pasado.

“Muy tranquilo”, escribió el sargento de la policía de Miami Beach, Bobby Hernández, en un correo electrónico enviado el sábado.

El aumento de la presencia policial empezó después del 2011, luego que la policía mató a tiros a Raymond Herisse, de 22 años.

La policía, según la cual él estaba manejando de forma errática, disparó más de 100 tiros, de los cuales 16 mataron al joven de Boynton Beach. La policía dijo que había encontrado un arma de fuego en su carro.

La autopsia, dada a conocer este mes, indicó que él estaba embriagado pero que no había disparado un arma de fuego. Su familia anunció esta semana que presentará una demanda.

Después del tiroteo, la policía se encuarteló y puso puestos de control, barricadas y cámaras de vigilancia. El viaducto MacArthur está reducido a una sola senda, lo cual tiene el tráfico embotellado casi hasta Miami.

Algunos residentes de la zona, quienes aplaudieron las nuevas medidas, se habían quejado durante años del tráfico y el desorden causado por la muchedumbre. Existe además un elemento racial: los aproximadamente 250,000 son en su abrumadora mayoría afroamericanos, pero solamente el 4.4 por ciento de los 90,000 residentes de Miami Beach son negros.

El año pasado fue en gran medida pacífico. Pero luego, el mismo Día de Recordación, el juerguista Rudy Eugene atacó a un desamparado, Ronald Poppo, en la salida de Miami del viaducto.

Eugene fue muerto a tiros por la policía, pero sólo después de que le arrancó la cara a mordidas a Poppo y lo dejó ciego. Los recuerdos de ese extraño Día de Recordación se están apagando.

En la tarde del viernes, dos amigos de Nueva York empacaron sus maletines de playa y hablaron sobre sus grandes planes para esa noche. Es la primera vez que Tahnay Gathers, de 21 años, y Cher Grant, de 24, asisten a lo que algunos llaman “Urban Beach Week” (“Semana Urbana en la Playa”). Ellos dijeron que les sorprendía un poco ver tanta policía.

“Tiene su lado bueno y su lado malo”, dijo Grant. “Porque la seguridad de uno debería ser lo más importante, pero…”, “uno se siente vigilado”, interrumpió Gathers.

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