¿Habilidad o azar? El misterio de apostar en las ‘maquinitas’

 
 

Glenn Garvin, reportero de The Miami Herald, recibe instrucciones para aprender a jugar en una "maquinita", en un establecimiento comercial del condado Broward.
Glenn Garvin, reportero de The Miami Herald, recibe instrucciones para aprender a jugar en una "maquinita", en un establecimiento comercial del condado Broward.
PATRICK FARRELL / The Miami Herald

ggarvin@MiamiHerald.com

“¡No! ¡No! ¡No! ¡Arrrrgh!”, gritó Barbara Sciandra en un tono ahogado, agarrándose la cabeza entre las manos con angustia mientras el torpe principiante delante de la máquina tragamonedas —es decir, yo— echaba a perder otro juego, otros 8 centavos desperdiciados por la incomprensión del novato.

“Discúlpame”, continuó un momento más tarde, en un tono más calmado. “Pero tenías tres símbolos ‘fiebre cruz’ en las esquinas. Debiste haberlos retenido y subir tu apuesta. Si tienes cuatro, el premio es casi inevitable”.

En realidad, el premio habría sido completamente teórico, al igual que los 8 centavos que perdí. Estábamos jugando con la máquina en secreto y de forma gratuita, en un establecimiento de videojuegos (“arcada”) del sur de la Florida, cerrado el mes pasado cuando la Legislatura de la Florida aprobó una nueva y dura ley sobre los juegos de vídeo.

El propietario la abrió, reinstaló los teclados de las computadoras en varias de las máquinas, e invitó a regresar a algunos de los clientes habituales de la sala de juegos por una tarde, para que yo pudiera poner a prueba una de las críticas frecuentes que se hacen a las máquinas tragamonedas: que son puros juegos de azar en los que la habilidad no juega parte.

La alegación de habilidad cero volvió a surgir durante el debate legislativo en esta primavera sobre un proyecto de ley, que fue finalmente aprobado, para prohibir los juegos de azar de vídeo en las “arcadas”, las gasolineras y las cafeterías familiares. “No son juegos de habilidad”, dijo a la Cámara de la Florida el cabildero Ron Book —que representa a los hipódromos parimutuales (de apuestas mutuas), que querían acabar con la competencia para sus casinos. “Es evidente que son juegos de juegos de azar y de casualidad”.

Nadie niega que las máquinas implican juegos de azar; uno juega por unos centavos con la esperanza de ganar un premio mucho más valioso. Y ciertamente implican un elemento de azar, como todos los juegos, incluso el ajedrez. (Muchos estudios estadísticos han demostrado que el jugador que recibe las piezas blancas y el primer movimiento, que por lo general se decide con una moneda al aire o algo similar, gana entre 52 y 56 por ciento de las veces.)

Pero si la habilidad juega un papel en los videojuegos, por pequeño que sea, entonces no son dispositivos de juegos de azar, de acuerdo con la ley de la Florida. Y si mi tarde en la sala de juegos significa algo, la habilidad importa mucho.

Tres habituales de la sala de juegos —incluyendo a una mujer con discapacidad mental— me derrotaron una y otra vez durante horas mientras probábamos varias máquinas. Los jugadores regulares (algunos de ellos visitaban la sala seis veces a la semana antes de que la nueva ley la cerrara) han aprendido estrategias y habilidades físicas que ayudan a ganar de manera regular.

“No te sientas mal”, me consoló otra habitual —la vendedora de muebles retirada Gail May, que es una jugadora bastante buena—, mientras Sciandra acumulaba victorias en tanto yo perdía, y perdía… y perdía. “No creo haberla visto salir de este lugar una sola vez sin por lo menos una tarjeta de regalo de $25”, uno de los premios que la sala de juegos utiliza para los grandes ganadores.

“Es como cualquier otra cosa, si uno practica y presta atención y se esfuerzas, puede ganar”, dijo Sciandra, de 72 años, que se retiró hace unos años de su trabajo como empleada de una cafetería del sistema escolar de Broward. “No todo el mundo hace eso: algunas personas se contentan con limitarse a apretar el botón y dejar que el juego salga, como si fuera una máquina tragamonedas regular en un casino. Pero esa no es la manera de hacer esto”.

Las máquinas tragamonedas de video (o maquinitas, como suele llamárseles en el condado de Miami-Dade) se parecen superficialmente a sus homólogas de los casinos. Se les pone una moneda (o se utiliza una tarjeta inteligente), se presiona el botón de inicio y varias filas de pequeñas imágenes —frutas, campanas, insectos, flores, lo que sea— empiezan a girar. Se presiona otro botón para detenerlas, y si las imágenes se alinean en patrones designados (cinco uvas en una fila, por ejemplo), usted gana créditos que se pueden convertir en premios.

Pero ahí es donde terminan las similitudes. A diferencia de las tragamonedas de los casinos, donde el jugador hace poco más que poner una moneda, las de video ofrecen a los jugadores maneras de alterar la acción mediante estrategias de apuestas y aptitudes físicas y mentales:

• Muchas de las máquinas de video permiten a los jugadores retener algunas de las imágenes, duplicar sus apuestas y jugar de nuevo —de manera no muy diferente a tirar las cartas y sacar otras en el póker. Eso es lo que Sciandra quería que yo hiciera con esos símbolos de “fiebre cruzada”: retenerlos para otro juego. “Realmente, puedes aumentar tus probabilidades de esa manera”, dijo.

• Las imágenes comodín, que hacen que sea más fácil completar un patrón, o elevar el valor de un premio, u ofrecen alguna otra ventaja, aparecen periódicamente en la pantalla de juego. Un jugador alerta y con una coordinación rápida entre la vista y la mano, puede quedarse con ellas, mejorando sus posibilidades de ganar.

• Algunas máquinas tienen lo que se conoce como botones de “detención única”, que permiten al jugador congelar individualmente cada columna de imágenes giratorias. Como las imágenes giran en patrones repetitivos, esto significa que un buen jugador puede alinear, digamos, cinco cerezas, una cada vez, para ganar.

Muchos críticos de las máquinas no creen que eso sea posible. (El cabildero Book, en su discurso ante la Cámara de la Florida, denunció específicamente la idea como un fraude.) Y, observando las vertiginosas imágenes giratorias, yo también pensé que era imposible.

Pero eso fue antes de ver a Gale Davis jugar al Queen Bee, el Rolls Royce de las máquinas tragamonedas de video, la máquina que se utiliza en los torneos profesionales. El esposo de Gale es propietario de una sala de juegos en Port St. Lucie (sólo estaban de visita en el sur de la Florida durante ese día) y ella se ha pasado horas incontables jugando al Queen Bee. Ella puede leer los remolinos de colores como un libro.

“Vamos a buscar pájaros por aquí, en estos dos paneles en la parte inferior derecha”, anunció, después de ver las imágenes parpadear durante 10 o 15 segundos. Esperando ... esperando ... y luego se lanzó sobre el botón de parada. “¡Sííí!”, chilló —y por supuesto, allí estaban los pájaros. La única cosa que yo no podía entender era por qué estaba entusiasmada. Era implacablemente eficaz en la selección de su objetivo, y en una oportunidad acertó 10 veces de 12.

Sin embargo, Davis, de 59 años de edad, se disculpó. “Esta no es mi máquina regular”, explicó. “Así que los patrones en que las imágenes se mueven son diferentes. Pero siempre hay un patrón, y uno puede descifrarlo si juega un rato. ¿Ves cómo cada imagen es de un color diferente? Así que, aunque se estén moviendo tan rápido que realmente no se puede distinguir la imagen de la flor, uno sabe dónde está porque el amarillo se distingue. Por supuesto, la máquina intenta engañarte. ¿Ves esta pequeña imagen de un insecto verde? Cuando está girando, se ve rojo. Pero uno puede aprender cosas como ésas”.

Nada de esto es una sorpresa para los propietarios y operadores de las máquinas tragamonedas de video. “Yo tuve un montón de clientes habituales que vinieron durante meses sin pagarme un centavo”, dijo Gale Fontaine, presidenta de la Asociación de Salas de Videojuegos de la Florida, que es dueña de una sala de juegos, ahora cerrada, en Pompano Beach. “Ellos seguían jugando con sus ganancias. La sala gana su dinero con el gran número de clientes que están allí sólo por la diversión de jugar y no se esfuerzan gran cosa. Pero he tenido algunos que ganaban constantemente”.

La cuestión de si los juegos implican habilidad es mucho más que académica. Fontaine casi fue a la cárcel a causa de ella en el 2006, cuando los fiscales de Broward la acusaron de operar una casa de juego ilegal (un delito) y de posesión de un dispositivo de juego ilegal: una máquina de Queen Bee igual a la máquina con la que yo jugué. Ella ganó el caso en el juicio, pero sólo después de gastar $250,000 en su defensa.

Michael Wolf, el abogado de Fort Lauderdale que representa a la Asociación de Salas de Videojuegos de la Florida, no estuvo a cargo del caso de Fontaine. Pero ha ganado ocho casos similares en los últimos seis años. Los miembros del jurado que ven realmente cómo funcionan las máquinas, piensan inevitablemente que la suerte no es suficiente para vencerlas. “La aplicación de la cuestión de la habilidad se ha probado en muchos tribunales de todo el estado”, dijo, “en todos ellos con la conclusión de que existe”.

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