Línea de inmigración: ¡Cuidado! Inmigración es una pendiente muy resbalosa

 

Especial para El Nuevo Herald

Doctor Rosenow: Veo con frecuencia artículos y avisos de abogados, sean de inmigración o no, que terminan su nombre en periódicos o revistas con el sufijo “Esq.”, o “J.D.”, o con ambos. ¿Qué significan esas letras y es cierto que algunos las usan y otros no, y también que quienes no las hacen parte de su nombre son abogados de segunda clase de los cuales, en este mundo de tantos fraudes, hay que cuidarse especialmente? También me gustaría saber, ¿por qué en Colombia, mi tierra, hay tantos “doctores” que un día son simples particulares y al día siguiente todo el mundo los trata con ese título?

“Confundido”, Miami (de Cartagena de Indias, Colombia)

  

Gracias por su consulta, amable don Confundido, especialmente por lo sucinta y precisa, características que lo hacen

muy observador y tanto más apreciado por este servidor.

El fenómeno que suscita su curiosidad se da tanto más en Bogotá que en las latitudes costeñas de donde usted procede (y, orgullosamente, yo también). En la capital, todo el que se sienta a que un lustrador callejero le brille los zapatos, inevitable e instantáneamente, el limpiabotas lo gradúa de “doctor”... En su tierra, la bella Cartagena –así como en Barranquilla, la mía—vale el chiste del hombre que, habiendo alcanzado cierta solvencia económica, un día se sentó ostentosamente a una mesa en un café de la ciudad y ordenó al mesero que le trajera un whisky. Pasaron minutos o tal vez un cuarto de hora o más, y... ¡nada! El enojado cliente, tal vez más sediento de notoriedad que de líquido y cansado de esperar desatendido, levantó la voz desde su silla y con enojo le gritó al mesero: “¡Un whisky para el doctor Balanta!” A lo cual, minutos después, reapareció el encargado depositando una copa de legítimo scotch en la mesa del cliente diciéndole: “Aquí está el whisky para el doctor Balanta... ¿y usted qué va a tomar?!”

Cuando uno estudia y se gradúa de abogado, la universidad le otorga en sobria ceremonia el diploma de “J.D.”—juris doctor, o sea, “doctor en leyes”. Si en lugar de esta materia, usted se graduara a nivel máximo en sicología, matemáticas, lingüística, o tantas otras disciplinas, alcanzaría el título de “Ph. D.”, vale decir, “doctor en filosofía” – ya que este campo comprende todas las demás disciplinas distintas al derecho o la medicina, “M.D.” – medical doctor.

En Estados Unidos, solamente a estos últimos, los médicos, se les llama “doctores” en la lengua corriente. A los abogados –como el suscrito—no se les dice “doctores”, sino que al hacerse indispensablemente miembros del Bar (el Colegio [estatal] de Abogados) y sólo asi, califican para ejercer la profesión en los tribunales, cortes, u organismos oficiales de inmigración. Los abogados solemos usar el sufijo “Esq.” (Esquire), no en el trato oral, pero sí en los membretes de nuestras cartas, la correspondencia, y la firma de nuestros alegatos.

¿Quiénes, no usan el “Esq.” sino el J.D., “doctores en leyes”? Los profesores universitarios de derecho, en cualquier especialidad. Ellos no necesitan ser miembros del Bar. También los que escriben sobre temas legales (incluyendo esta columna o artículo), que no necesitamos firmar como “Esq.” ni como “J.D.” ni bajo distintivo alguno, porque por encima de todo este tema rige la 1ra. Enmienda de nuestra Constitución (de nuestro Bill of Rights), que hace sacrosanta nuestra libertad de expresión.

¿Qué puede usted concluir de todo lo dicho acerca de quien “practica” inmigración, pero que no se firma más que “Fulano de Tal, Inmigración”? Que no es un abogado con credenciales y acceso a todos los funcionarios y secciones del Servicio de Inmigración y Naturalización y a las cortes que juzgan el destino de los extranjeros. Todos los que ofrecen trabajos de inmigración pero que no son abogados, son más peligrosos que .... comer aguacate en ayunas. Caveat emptor! – “a riesgo del comprador”. ¿Cómo sobreviven estos falsarios que se hacen pasar por abogados ante los clientes incautos? Cobrando tarifas (supuestamente) “baratas”. ¡Mucho ojo! Dice la sabiduría popular que “lo barato sale caro”. Es bien costoso arreglar un caso echado a perder por un mal trabajo. ¡No caiga usted en ese abismo!

  

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172

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