Demandan a pastor de Miami por no pagar préstamos

 

shiguera@elnuevoherald.com

Durante años un pastor de Opa-locka les pedía a sus feligreses que abrieran sus corazones, pero también sus billeteras.

Cuando un equipo de El Nuevo Herald le preguntó sobre las demandas que enfrenta por incumplir con el pago de miles de dólares que pidió prestados a varios de sus feligreses, el reverendo Anthony Cheverez, de la Iglesia Pentecostal El Santuario, sacó su billetera mientras alardeaba de ser un oficial federal, aunque nunca mostró su identificación como supuesto agente.

Desde diciembre, Cheverez, de 46 años y quien trabaja como mecánico de mantenimiento de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE), ha sido demandado ante la Corte de Miami-Dade por cuatro mujeres que se apartaron de su iglesia y que alegan haberle prestado en total unos $20,000.

“¡Fui engañada vilmente por esta gente!”, dijo Nery Nancy García mientras lloraba de indignación. “Este falso profeta utilizaba la palabra de Dios para sacarnos dinero. Y nos decía constantemente que era oficial de inmigración”.

A través de un correo electrónico, un portavoz de ICE dijo que Cheverez no tomaba decisiones en cuanto a políticas de inmigración y su cumplimiento.

“Como servidores públicos que laboran para una agencia de cumplimiento de la ley, los empleados de ICE están llamados a (seguir) los más altos niveles de profesionalismo y conducta ética”, indicó el vocero. “Las alegaciones por mala conducta son tratadas con extrema seriedad y son sometidas a una debida investigación”.

Cheverez se rehusó a comentar sobre las cuatro demandas interpuestas por García, quien está discapacitada, y Luz Marina Méndez, quien por casi dos décadas trabajó como vendedora ambulante de hotdogs en el downtown de Miami. También lo han demandado Luisa Guerra y Karla Zaldívar.

Bernice Cheverez, esposa del pastor y que también predica en el templo, dijo de forma escueta que las demandas fueron formuladas por personas que “quieren hacerle daño a la iglesia”.

Aunque sin ofrecer detalles, Bernice agregó que uno de los casos ya había sido solucionado y que trabajaban en el pago de otro.

Las denunciantes solían acudir a la sede de la iglesia ubicada en el 4300 de la calle 135 del noroeste. Sin embargo, el local ha sido cerrado. Según Bernice, la iglesia se mudó a otro lugar al vencerse el contrato de alquiler.

Durante meses, varias de las denunciantes contactaron a Cheverez y su esposa para pedir el pago de las deudas pero nunca tuvieron respuesta, por lo que decidieron demandar.

TRAS SU DINERO

Las denuncias comenzaron cuando García y Guerra entablaron acciones legales en contra del pastor y su esposa por el pago de $3,500 y $5,000 respectivamente.

De acuerdo con García, de 65 años, el primer préstamo que le otorgó a Cheverez fue de $500 antes de diciembre del 2011 para ayudar en la construcción de una nueva sede de la iglesia.

A pesar de que este proyecto nunca se realizó, en febrero del 2012 García les prestó $6,000 adicionales para organizar “El Día de Pentecostés”, una jornada en la que se conmemora la llegada del Espíritu Santo. Este evento, realizado el 26 de mayo del 2012, costaría unos $40,000 les decía Cheverez a los feligreses, según García.

Sin embargo, pasaron los días, las semanas y los meses, y Cheverez no devolvía el dinero, denunció García. Esta uruguaya que reside hace 35 años en el sur de la Florida, tenía especial urgencia por recibir el dinero pues éste era de su hermano, a quien ella le manejaba la pensión. El hermano había autorizado a García a utilizar el dinero ante cualquier necesidad.

Tras meses de insistir en que le pagaran, García dice haber obtenido una singular forma de pago por parte del pastor: el descuento directo de las ofrendas que ella solía hacer a la iglesia además de cheques, tal como consta en un documento que posee García y que afirma se lo entregó la esposa del pastor.

La peculiar forma de pago llegó a saldar solo $3,042 de los $6,500 adeudados. Al no recibir más pagos y tras retirarse de la iglesia, García demandó en diciembre del 2012 por los restantes $3,500.

En abril, la corte determinó que a García le adeudaban $2,900. El dinero restante fue considerado como donación.

“Esto me ha traído muchos problemas”, dijo llorando García. “Perdí toda relación con mi hermano, quien está muy bravo y con toda la razón. En este momento no confío en nadie, me alejé de las iglesias y ahora estoy en tratamiento psicológico”.

Otras victimas

Del otro lado, Méndez y Zaldívar demandaron por $5,000 cada una. Sin embargo, según Méndez, fue ella quien en realidad dio los $5,000 que reclama Zaldívar.

Méndez, nicaragüense de 56 años, entregó en mayo del 2012 los primeros $5,000 a Zaldívar para la organización de “El Día de Pentecostés”. Como prenda de garantía, Zaldívar le dio a Méndez un cheque de su cuenta personal, el cual carecía de fondos. Zaldívar no pudo ser contactada por El Nuevo Herald.

Un mes después, Méndez le prestó otros $5,000 a Cheverez. Sin embargo, en esa ocasión le hizo firmar un papel al pastor donde consta el préstamo.

Este dinero era parte de los ahorros que Méndez logró luego de casi 20 años de trabajo y que tenía reservados para pagar su vivienda en Miami, una vez que culminara el proceso de modificación hipotecaria en el que se encuentra.

“El es muy persuasivo”, dijo Méndez. “A las tres semanas de unirme a la iglesia [Cheverez] me llamó a su oficina para que le prestara $30,000. ¿De dónde iba a sacar ese dinero?”.

En mayo, la corte determinó que el pastor y su esposa le tenían que pagar los $5,000 a Zaldívar. No obstante, esto aún no ha ocurrido, dijo Méndez.

En el caso de Méndez, Cheverez no se presentó a la citación que tenía en la corte el 4 de junio.

“Ese día la juez me llamó a su oficina para decirme que yo había ganado el caso”, aseguró Méndez. “Luego, me mandó a la corte criminal para continuar con el proceso, ¿y mi dinero?”, dijo Méndez.

Pero estos casos no serían los únicos. Cheverez podría enfrentar al menos una demanda más por $26,000 que interpondría la pareja conformada por Tomás, de 45 años, y Gloria Regueira, de 43.

La pareja aseguró que entregó este monto a Cheverez en diferentes oportunidades para que este cumpliera con deudas que tenía la iglesia. Los primeros cheques por $6,000 y $5,000 los entregaron en el 2005 para pagar parte de la organización de un evento llamado “Freedom Jam”.

Un año después, aseguran que le prestaron $10,000 para que la iglesia consiguiera un nuevo local.

“De estos últimos nos dijo que la iglesia nos iba pagando poco a poco con los diezmos”, recuerda Gloria. “Es decir, nos iba pagando con nuestro propio dinero”.

Esta situación los alejó de la iglesia definitivamente en el 2008, pero solo hasta ahora se decidieron a entablar una acción judicial, tras conocer los casos de García, Guerra, Zaldívar y Méndez.

“Hasta que conocimos los casos de las hermanas, siempre pensamos que habíamos sido los únicos engañados”, dijo Gloria. “Ahora nos sentimos un poco culpables porque si hubiéramos demandado a tiempo hubiéramos podido prevenir que otros cayeran”.

MIEDO AL ‘AGENTE’

Cuando el equipo de El Nuevo Herald le preguntó a Cheverez por estas denuncias, éste se negó a contestar alegando: “No me tome fotos que eso es prohibido porque yo soy oficial federal, hace eso y entonces va a tener problemas. No puede ni siquiera grabar”.

De hecho, sus ex feligreses aseguran que durante sus sermones y especialmente durante los días de estudio bíblico, Cheverez se refería a su trabajo de medio tiempo con el Departamento de Seguridad Interna como oficial de inmigración.

Sus denunciantes coinciden que durante los días laborales, era posible verle en la iglesia vestido con un uniforme oficial, portando esposas y una chapa en su cinturón.Aunque ninguno asegura que Cheverez haya utilizado su supuesta posición dentro de la agencia para conseguir dinero, García y Méndez alegan que en algunas ocasiones dijeron que el pastor tenía la autoridad de arrestar personas.

Incluso, ambos agregaron que en una oportunidad el pastor botó de la iglesia a un joven nicaragüense luego de amenazarlo con arrestarlo por ser un inmigrante indocumentado. Supuestamente no lo hizo porque la comunidad se lo pidió.

“No lo utilizó para conseguir dinero”, dijo Méndez, “pero yo creo que muchas personas están calladas porque le tienen miedo porque les hizo creer que era oficial de inmigración”.

El reportero Enrique Flor colaboró con este artículo.

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