LINEA DE INMIGRACION: Hay que pensar siete veces y después, ¡actuar una!

 

Especial para El Nuevo Herald

Buenos días, licenciado. De verdad que me he vuelto un fiel seguidor de su columna en El Nuevo Herald, ya que me identifico con la manera que usted responde a cada una de las preguntas. Mi caso es el siguiente.

Soy dominicano, mayor de edad, y en estos momentos resido en mi país. El año pasado decidí entregar mi residencia porque en realidad no estaba haciendo vida en Estados Unidos, por cuestiones familiares, de trabajo y por los malos ratos que pasé últimamente cada vez que viajaba. Esto me hizo tomar la decisión de entregar mi residencia y hacer la petición de una visa de turista, la cual me fue concedida por 10 años.

Yo obtuve la residencia vía mi padre cuando yo era menor de edad. Mi abuela lo pidió a él, por consiguiente, a él y a mí, y de esa manera obtuve la residencia en 1998. Ahora bien, mi pregunta es la siguiente; ¿Qué tan difícil sería obtener la residencia otra vez? Mi papá aplicará para hacerse ciudadano en los próximos meses. ¿Qué tiempo durará el proceso?

Agradecido de antemano por su colaboración.

Carlos Rodríguez, República Dominicana

  

Así, tan escueta como es su carta, mi respuesta expedita sería “difícil” y “entre tres y seis meses”. ¡Fin de la contestación...! Pero, de un responder tan palúdico, nadie aprende nada –ni usted, ni los miles de lectores que me hacen el honor de seguir mi trayectoria de abogado y periodista, más de 30 años de estar pergeñando estas columnas... Así que aprovechemos el espacio disponible para sembrar, no cactus, sino fresas, raspberries, o al menos alguna fruta más deleitosa...

Su caso es, sin duda, un tanto singular. Dormía en cuna de oro, pero comenzaron a picarle los zancudos, e hizo lo que Fritz cuando supo que cuando él salía, la mujer le era infiel en la sala de su casa: ¡Vendió el sofá! Como dice un refrán más criollo: “Cada uno hace de su capa un sayo, y de su c... ¡un candelero!”. Residente desde pequeño, usted nunca dio el paso lógico cuando alcanzó los 18 años de edad: hacerse ciudadano. (La mayoría de los extranjeros que no lo hacen, es porque no han aprendido el idioma, aunque ahora –el caso de muchos ancianos cubanos– corren afanosamente a naturalizarse para proteger sus ayudas, que recientemente han quedado sujetas a su ciudadanía estadounidense, y que, por supuesto, no quieren perder). Usted es un caso sui generis –no estimó su residencia, ¡hasta que la entregó! En rigor, no debiera haber manera de re-adquirirla, pienso yo, pero los legisladores de Estados Unidos (más sabios que este servidor, queda claro) han sido más magnánimos y, por eso, no existe ley que castigue el desprecio del que come y después bota el plato. Pero, aunque no haya ley, sí hay consecuencias. ¡Siga leyendo!

Obviamente, el que usted recupere la residencia (la green card) no es cosa de ir a la autoridad y decirles, “me equivoqué y ahora quiero dar marcha atrás”. ¡Alguien tiene que pedirlo! Hay peticiones familiares, las hay laborales, y hay la lotería (el programa de diversificación). Su carta no habla de familiares ciudadanos (sólo le sirven cónyuge, padre, madre, hijo adulto o hermano), pero sólo la esposa o hijo ciudadano mayor de edad lo harían residente a plazo corto. En todo este asunto, hay que suponer que usted no tenga dañado el good moral character (la buena conducta) o que si ha tenido algún tropiezo con las autoridades, se trate de cosas muy leves y perdonables. En cuanto a alternativas laborales no hay asomo alguno en su carta de que usted tenga una profesión sobresaliente y, de lo que relata, no es posible sacar conclusiones definitivas a ese respeto. Por último, la lotería es como todas las loterías, un sorteo, pero –¡malas noticias!– la República Dominicana está excluida por ahora debido a excesivo uso del programa.

Lo de su padre es interesante. Si la hace siendo residente (y usted soltero) la espera es como de unos ocho años. Si usted ya es casado o lo hace antes de inmigrar, la cola es de unos 15 años. Como ve, lo que usted botó por la ventana no es recuperable a plazo corto. Es como el que se divorcia y luego se queda llorando –caso frecuente– lo que ya perdió.

  

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.

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El Nuevo Herald,

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Doral FL 33172 o

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