Línea de imigración: Sus dificultades son serias, ¡pero Dios es más grande!

 

Especial para El Nuevo Herald

Estimado señor mío: No lo conozco, pero siempre leo sus escritos y, por esta razón, me he decidido a confiar en usted y espero su consejo.

Me casé hace 7 años con un muchacho chileno y tuvimos una niña. El era indocumentado. En Miami un juez le dio licencia y social, con lo cual él realizó todos sus taxes, pero se debía ir al año y no lo hizo, se quedó. Nos conocimos, formamos un hogar, y un buen dia, exactamente una semana antes del primer añito de nuestra niña, ICE lo fue a buscar. Lo trataron como un criminal, bien feo, lo deportaron, yo perdí mi casa, mi carro, y toda la seguridad que mi esposo nos dio.

De esto han pasado casi 7 años. El está desesperado y yo estoy enferma, con problemas en mi visión y mi columna, No hemos podido ir a verlo pues los pasajes son muy caros a Chile y no podemos afrontar ese gasto, como tampoco sé qué haría para afrontar un abogado. Yo soy ciudadana americana y mi niña también. Dígame, por favor, ¿qué podemos hacer por él o qué puede él hacer por allá para que pueda regresar? ¿Por dónde tenemos que empezar?

Le quedaría eternamente agradecida si me diera un consejo, que me diga cómo podemos hacer para que él pueda regresar. Espero pacientemente por su respuesta. Por favor, no se olvide de mí. Gracias por adelantado,

Jessy Castillo, e-mail (omitido)Gracias por escribirme, apreciada Jessy, y ante todo, felicitaciones por su hermosa niñita, seguramente lo más bello que usted y su esposo han producido en toda su vida...

Su carta es de impacto para cualquier persona pensante y para empezar le diré que desde hoy ya tiene abogado de inmigración –mi persona-- para encauzar el caso de su marido, si usted desea que yo trate de hacerlo. No todo es dinero para ameritar una situación y yo, cada jornada adidional que Dios me regala, estoy más cerca de concluir mi contribución a los extranjeros en este gran país. Como decía el desaparecido gran actor cómico del cine argentino Luis Sandrini, q.e.p.d., “Mientras el cuerpo aguante, ¡la voluntad no ha de faltar!”.

El caso de su esposo no es fácil, pero, al mismo tiempo, no lo veo imposible. Su esposo, según se deduce de su carta, incumplió la “salida voluntaria” que el juez de inmigración le había concedido. Como consecuencia, su presencia ilegal de más de un año en este país seguida de su deportación le generan el castigo de no volver a los Estados Unidos por 10 años. Esa es su principal enfermedad. Para solucionar esta calamidad, existe una petición de waiver (I-601) o sea, un perdón para poder regresar antes de ese largo castigo si se prueban circunstancias muy fuertes que así lo sugieran. La condición de su salud y la existencia de la niña de ustedes, dan considerable fuerza a esa gestión. Además del perdón en sí, habrá que gestionar para él un permiso de volver a Estados Unidos (I-212). La gestión comienza con una petición conyugal de residencia (I-130), la cual, dada la ciudadanía de usted, está exenta de cola o espera alguna.

Todo esto incluye que las huellas digitales de su esposo no revelen algún escondido impedimento de mala conducta, vale decir, algún delito serio que eche al trasto toda la gestión. Su carta no refleja que exista un obstáculo de esta clase, pero es mi deber advertírselo a usted, no sea que alguna revelación inesperada vierta un balde de agua fría sobre toda esta gestión.

¿Qué hacer respecto de su comprensible falta de recursos financieros para afrontar todo lo explicado? Para serle franco, yo mismo no lo sé. Pero Dios es grande y, para El, estos detalles perturbadores son insignificantes. Un día, cuando yo vivía con mi esposa y mis niñas en otro país, se me presentó una necesidad financiera inaplazable e imperiosa que me era imposible solventar. Oré y me presenté a mi banco con un cheque mío en mano claramente falto de suficientes fondos. ¿Qué cree usted que pasó?! Que sin decir una palabra, el cajero del banco me lo cambió por moneda corriente, suficiente para pagar mi compromiso...

Jehova jireh! (“Dios es mi proveedor”) – único mío y también suyo. ¿Acaso necesitamos más?!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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