Línea de imigración: Unas veces ‘florido y galante’; otras, ‘¡al duro y sin guante!’

 

Especial para El Nuevo Herald

Estimado señor: Ante todo, saludarlo a usted y su esposa. No sabe usted el regocijo que sentí al ver en el periódico, en el cual leo de miércoles a domingo, sus escritos que por cierto sólo lo miro por su Línea de Inmigración. El día que usted no la escribe, me ahorro el dinero de comprarlo. Sólo usted y, como he leído, su señora esposa, escriben lo más interesante que hay en él. Lo siento, “al Cesar lo que es del Cesar” Soy cubana y generalmente expreso lo que siento sin engaños ni dobleces, ¿qué voy a hacer, si soy así? Disculpe mi sinceridad, se lo digo con todo mi corazón.

Aparte de estar agradecida con ustedes por su ayuda, que la he recibido en dos ocasiones y nos ayudaron mucho y fue sobre dos sobrinas y para mí, como todo lo que se le pregunta usted lo aclara en una forma como sólo usted saber hacer, unas veces muy florido y galante y en otras, como diríamos en Cuba, “al duro y sin guante”. Quisiera hacerle una pregunta.

Mi hermana vino de Cuba hace 3 meses. Ella se va a quedar ya que su hija quien perdió su única hija en España y ha quedado muy afectada, vive sola aquí. La niña tan sólo tenía 15 años, y lo ocurrido es algo que nadie en la familia ha podido superar. No quiero que mi pregunta tenga algo de ilegal, ya que su decisión no tiene nada que ver con una respuesta suya.

A mi hermana le dijeron que si ella iba a tomar esa decisión, debía haber roto el pasaporte al llegar. Le expliqué a mi hermana que eso no era cierto y no aplicaba viniendo con carta de invitación, eso es cuando llegaba de otros países, no directo de Cuba, pero como hay tantas personas mal informadas, quise preguntarle a usted en quien sólo confío, si tiene que esperar al “año y un día”. Nada más cuando le toque, iré a visitarle con un placer enorme como el que se le tiene a un padre instruido, inteligente y muy amoroso. Lo siento por la confianza de decirle “como un padre”. El mío no lo conocí, murió cuando yo solo tenía un año y ya tengo 63, así que ya sabe con todo el respeto que hablo de usted cuando me refiero a cualquier asunto legal.

Señor, deseo que le haga llegar a su señora esposa todo mi respeto y admiración y a la vez felicitarla por el gran esposo que tiene. El mío desgraciadamente está muy enfermo, tiene Parkinson y estenosis aórtica, pero fue muy inteligente también y lo cuido con mucho amor, como lo cuidan a usted.

Con admiración y respeto hacia usted y deseándole que nos dure por siempre. Dios me lo bendiga.

Angela Quintero,Hialeah, Florida

Le contesto con mi espalda todavía adolorida porque recién me reincorporo de abajo de mi escritorio, escondido que terminé allí por el embarazo que me causó su amabilísima (y exageradísima) carta de aplauso a mi larga labor periodístico-inmigratoria... ¡No es para tanto! Pero igual me siento impactado y agradecido por sus expresiones y decidí imprimir su carta y esgrimirla, a la manera de escudo para mi defensa cada vez (aunque no son muchas) que mi esposa frunza el ceño y me regañe por alguna de mis torpezas o extravagancias. ¡Gracias, Angela, que desde el día que la bautizaron, el Espíritu Santo bien sabía que usted sería precisamente eso: un... ángel femenino (!) para este, su seguro servidor.

Celebro poder decirle que ni usted ni su hermana tienen nada de qué preocuparse. Si su hermana cubana entró a Estados Unidos legalmente, no tenía nada que romper, excepto sus malos recuerdos de Cuba, y asegurarle que, efectivamente, “al año y un día” de su llegada, estará lista, Dios mediante, a pedir su residencia legal permanente, como lo han hecho millón o más de cubanos que viven en este país. Ni siquiera tendrá que preocuparse de llenarle sus papeles, porque para eso tiene, desde ahora, abogado de inmigración listo para servirla sin costo alguno (excepto los $1,070 que, como a todos, le cobrará el gobierno).

A Teresa y a mí nos será un gusto y un honor conocerlas a ambas y servirle a su hermana (y a usted) en todo lo que necesiten. ¡Las estaremos esperando!

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.

Escríbale a

El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue,

Doral FL 33172 o

al correo electrónico rosenowesq@aol.com

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