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DANIEL SHOER ROTH: Lobos vestidos de ovejas

 

dshoer@elnuevoherald.com

Desde los albores de la humanidad, el hombre ha divisado el firmamento con una mixtura de admiración y temor. Al conocer esta naturaleza innata, en las diversas civilizaciones, han surgido individuos sin pudor alguno que reúnen una sorprendente erudición en la manipulación de la palabra sagrada para vivir engañando.

Por eso, advierte la Biblia: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).

Esta estirpe de “mensajeros de Dios” despunta en el Gran Miami contemporáneo. A ello, sumemos la otra casta de pastores que se autodenominan profetas o apóstoles y, perspicazmente, amasan fortunas como monarcas en virtud del diezmo ofrendado por el rebaño de fieles.

Dos denuncias recientes ponen de relieve esta turbia faceta de la fe ciega. Probablemente, habrá otros casos más. Pero el miedo y la obediencia que arropan a las víctimas erigen una muralla que les cohíbe de hablar en público.

En la Iglesia Pentecostal El Santuario, en el noroeste de Miami-Dade, el reverendo Anthony Cheverez ha sermoneado sobre la responsabilidad que le encomendó Dios para anunciar el mensaje de la salvación eterna hasta los confines de la Tierra, mediante prédicas, cruzadas evangelistas, libros, programas radiales y televisivos.

Según testigos, también ha practicado la humildad abnegada, al alardear de su cargo en la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) –que acaba de perder– para intimidar a los creyentes.

Tal vez como parte de ese compromiso por servir y ministrar las necesidades de su comunidad, solicitó a los feligreses préstamos de miles de dólares. Actualmente, encara varias demandas civiles interpuestas en los Tribunales de Miami-Dade por, presuntamente, no pagar los montos adeudados.

“¡Fui engañada vilmente por esta gente!”, manifestó a El Nuevo Herald Nancy García, una de las querellantes. “Este falso profeta utilizaba la palabra de Dios para sacarnos dinero”.

Fue la semana pasada que estos congregantes indignados de El Santuario contactaron nuestra redacción tras leer que un pastor de Hialeah usaba una oficina en un centro comunitario municipal como sede de su empresa de asesoría política, respaldado por la Coalición de Familias Cristianas, un bastión de la intransigencia en la Florida que poco representa los valores cristianos que Jesucristo dejó consignados en su mensaje evangélico.

El reverendo Julio Epifanio Pérez, de intachable prestigio –en palabras propias–, por defender los derechos humanos, la justicia social y combatir la pobreza, ora a Dios, posiblemente suplicándole saborear las mieles del triunfo de los candidatos políticos para quienes trabaja, incluyendo representantes estatales, comisionados del gobierno condal y aspirantes a juez.

Al parecer, este pastor de los políticos locales no ejerce el ministerio apostólico desde el púlpito, aunque sostiene haber sido la piedra angular de fundamento de templos y centros comunitarios. Desde 2010, sus servicios –no los religiosos, sino los de asesor de campaña– percibieron casi $50,000, según registros públicos.

Izar la bandera de la fe para hacer política no es predicar con una vida de fe. Obvio que, en Hialeah, para hacer política, hay que madurar la fe en lo que no se cree.

Los falsos profetas reclaman hablar en nombre de Dios mas no están conectados con el Creador; llaman a una conducta moralista pero no dan los cambios de vida que exhortan; declaman citas textuales de las Escrituras, sin embargo, las extraen de su contexto para usufructuar.

Se valen de la inocencia y necesidad afectiva de la gente para cometer abusos, defecto propio del ser humano manifiesto en los ámbitos social, militar, económico y político. No obstante, disturba aun más cuando lo observamos aflorar en personas con oficio religioso.

Uno de los problemas emana por cuanto en algunas de las congregaciones independientes no hay agente fiscalizador del comportamiento de sus líderes, aunque pertenecer a una religión organizada con supervisión tampoco garantiza la ética y transparencia de un miembro del clero.

Tanto los creyentes como los no creyentes criticamos cuando de la religión germina un negocio. No parece cuadrar en perfecta sintonía la vida consagrada, llamada a hacer visibles en el mundo los rasgos característicos de los verdaderos profetas, con el estilo de vida de multimillonario, el cual disfrutan algunos pastores en múltiples denominaciones.

Buscar la voluntad de un Poder Superior es buscar una voluntad amiga. Es justo allí donde se abre la colorida flor de la espiritualidad, que es universal y no pertenece a nadie.

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