ARMANDO GONZALEZ: La fábula del niño y el balón rojo

 
 

El presidente Barack Obama se dispone a firmar el yeso en el brazo de una joven partidaria del Obamacare, en una reunión que tuvo lugar en Boston el 30 de octubre.
El presidente Barack Obama se dispone a firmar el yeso en el brazo de una joven partidaria del Obamacare, en una reunión que tuvo lugar en Boston el 30 de octubre.
Charles Dharapak / AP

El título de esta columna hube de usarlo hace algunos años en una charla universitaria donde exponía el fracaso de los proyectos descabellados de Fidel Castro en pro del “desarrollo de la revolución”. El niño que corría a la calle tras su balón rojo en este caso representaba la idea descabellada propugnada por el líder que nadie se atrevía a contradecir. Los vehículos circulantes que ponían en peligro la vida del niño representaban las repercusiones de un proyecto descabellado. Al traer esta idea a la realidad de hoy en Estados Unidos se me ocurre comenzar con “propiedad de su casa” y ampliar el concepto a otras iniciativas que, si no descabelladas, dejan mucho que desear.

Todos sabemos que un niño sin experiencia con su mente fija en un objetivo (el balón rojo), tiende a ignorar cosas muy peligrosas para ser ignoradas. Durante muchos años, “ser dueño de su casa” era un objetivo fundamental propugnado por políticos en ambos lados del espectro como el Rep. Barney Frank (D-Massachusetts), el Sen. Christopher Dodd (D-Connecticut) y los presidentes Jimmy Carter y George W. Bush. Aumentar la tasa de propiedad de viviendas era el balón rojo que perseguían en la calle en ignorancia de los peligros.

Es curioso que se ha creado un mito político que dice que nadie previno sobre los peligros. Pero varias publicaciones especializadas ( Fortune, Barron’s) y funcionarios de la envergadura de Alan Greenspan, presidente del Banco de la Reserva Federal, y John W. Snow, secretario del Tesoro, previnieron, específicamente, sobre el rol de instituciones semi-gubernamentales como Fannie Mae y Freddie Mac.

Muchos de los niños que corren en la calle detrás del balón rojo pueden haber sido advertidos de los peligros por sus padres. Pero ni los niños ni los políticos prestan atención a las advertencias. Los políticos, claro está, son más elocuentes y pueden no solo ignorar las advertencias sino también ridiculizarlas. Eso es lo que hicieron Barney Frank y Christopher Dodd, entre otros, para quienes el objetivo de “ser dueño de su casa” era una meta que no admitía obstáculos.

La persecución de esa meta, especialmente en el caso de gente de bajos ingresos y minorías, usó los vastos recursos del gobierno federal para forzar a bancos e instituciones hipotecarias a reducir los estándares de calificación para hipotecas. Estándares reducidos, como es de esperar, implican más alto riesgo de incumplimiento de contrato. Pero estos riesgos –y sus efectos en el sistema financiero– fueron como el tráfico ignorado por el niño en persecución de su balón rojo. La economía del país sufrió el golpe cuando la “bonanza de construcción” se convirtió en el “desastre de construcción”.

La gran ironía es que la tasa de “propiedad de viviendas” es hoy la más baja en los últimos 18 años. Subió unos puntos durante la bonanza pero se vino abajo con el fracaso.

No habiendo aprendido de ese fracaso, la hemos emprendido con otro balón rojo: cuidado de salud universal. Y estamos comenzando a ver la colisión con la realidad cuando vemos los altos costos de las nuevas pólizas de seguros y la cancelación masiva de pólizas que, nos habían asegurado desde el más alto nivel, podíamos conservar si estábamos satisfechos.

Una vez más, hubo muchas advertencias preventivas, pero la respuesta de los políticos fue llevar ObamaCare a voto en ambas cámaras del Congreso antes que los congresistas tuvieran el tiempo (o el deseo) de leer el proyecto de ley. Ahora, uno de los congresistas que concibió y votó a favor del proyecto de ley (Max Baucus, D-Montana) se ha referido a la misma como un “ train wreck”, un accidente ferrocarrilero.

La misma mentalidad la hemos llevado a política exterior. Tratando de hacer a países del Medio Oriente “más democráticos” es el balón rojo bipartidista de la política exterior de Estados Unidos. Algunos de estos países existían miles de años antes que existiera Estados Unidos y, en todo ese tiempo, no han llegado ni siquiera cerca de ser democracias. Quizás la democracia requiere pre-requisitos que no existen en esos países. Y quizás, forzando las cosas, vamos a ver una vez más las repercusiones del balón rojo. Libia y Egipto son los más recientes ejemplos.

Fidel Castro desecando la Ciénaga de Zapata y sembrando café en el Cordón de La Habana debía habernos enseñado algo.

AGonzalez03@live.com

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