OSCAR PEÑA: Yo le daré la mano

 
 

Raúl Castro
Raúl Castro
Matt Dunham / AP

El presidente de los Estados Unidos en la ceremonia de homenaje y despedida a Nelson Mandela en Johannesburgo, Sudáfrica, saludó a todos los mandatarios y personalidades que se encontraban de invitados en la tribuna y entre ellos estaba Raúl Castro, el regente de Cuba, al que por elemental decencia y educación también saludó. Sin embargo, lo más importante no fue el mecánico y protocolar saludo de Obama, sino su discurso, donde criticó a quienes rinden homenaje al símbolo sudafricano de los derechos humanos mientras en sus países no permiten el disenso y encarcelan y golpean a sus ciudadanos por ello.

En última instancia quien queda mal parado es el jefe de Cuba, que saludó al “supuesto enemigo”, al yanqui, al extranjero, mientras golpea y relega a cubanos. Nadie tiene dudas que uno representaba la libertad de una nación y otro la falta de ella. El representante norteamericano –sea demócrata o republicano– estaba allí abrigado de créditos de civilidad porque era el abanderado de un país libre y es muy lamentable que no se pueda decir lo mismo del representante de Cuba, un país que por 54 años es violador sistemático de derechos sociales, políticos y económicos de sus ciudadanos.

Posteriormente el gobernante cubano fue entrevistado sobre el mencionado saludo y expresó que ello era propio de personas civilizadas. Es cierto, pero ser civilizado no solo tiene que ver con saludar. Se es un gobernante civilizado si se preside un estado de derechos donde se respeta y practica las reglas de una sociedad con espacio, justicia y derechos para todos. Y ese –y lo expreso con dolor– no es el caso de Cuba.

En mi país hay muchas asignaturas suspensas en la hoja del cumplimiento de los derechos humanos y solo cumple en que han sostenido el derecho a la salud pública y la educación. Y aunque esta última ha estado y está empañada de adoctrinamiento ideológico, son derechos muy importantes para los pueblos; sin embargo, el nuestro ha estado muy manipulado y confundido y debe saber que para el alcance y cumplimiento cabal, honorable y admirable de los derechos humanos se necesita de muestras mucho más amplias. El resto de los derechos civiles, económicos y políticos del pueblo cubano han sido cercenados.

Reconozco los dos derechos anteriores en Cuba primero porque es verdad y segundo –y lo más importante– porque admitiéndolo nos identificamos con esa considerable parte del pueblo cubano que nos ataca y descalifica creyendo que solo con el cumplimiento de esos dos renglones cumple un país con los derechos de sus ciudadanos. Cuántas veces no se ha escuchado a muchos cubanos –y no solamente a las autoridades– expresar que en Cuba no se violan los derechos humanos porque hay derecho a la educación y a la salud para todos.

Aquí es obligado nuevamente preguntar a las autoridades de Cuba, a sus fanáticos seguidores nacionales y extranjeros lo siguiente: ¿Por qué en Cuba no se puede tener logros sociales en el campo de la salud y la educación y derechos y libertad? ¿Alguno de ellos tendrá una respuesta razonable? Un país es considerado justo, decente y habitable cuando sus gobernantes hacen esfuerzos por cumplir con los ideales de las Naciones Unidas para los pueblos y Cuba incumple con la mayoría de los preceptos de libertades civiles y económicas para los seres humanos.

No somos soñadores. No existe un país perfecto, pero existen en democracia y libertad las posibilidades de irse arreglando entre todos, pero Cuba es un país estancado por la falta de derechos. Ojalá el gobernante cubano se contagie con el mandatario norteamericano y con el propio ejemplo de Nelson Mandela y comience en Cuba los pasos agigantados que se necesitan. Yo le daré la mano.

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