Aumentan viajes de emigrados cubanos a la isla tras reformas políticas

 

AFP

El creciente número de cubanos que viajan en ambas direcciones entre Estados Unidos y Cuba, incluyendo artistas y deportistas, va fomentando un clima de reconciliación, que recibió un impulso adicional esta semana con el simbólico apretón de manos entre Raúl Castro y Barack Obama.

Tras la reforma migratoria de enero pasado, que facilitó el ingreso y la salida de Cuba, así como la desideologización del fenómeno migratorio, muchos deportistas y artistas antes considerados “desertores” y “traidores” comenzaron a visitar el país y a participar en conciertos.

Los músicos Isacc Delgado, Tanya Rodríguez y Manolín, el Médico de la Salsa, están entre los casos más recientes, así como varios artistas, como Lili Rentería.

Asimismo, veteranos del equipo de béisbol Industriales, músicos, y hasta académicos, residentes en la isla, han viajado a Estados Unidos.

El saludo entre los mandatarios de Estados Unidos y Cuba en los funerales del líder sudafricano Nelson Mandela pareció confirmar la intención de “revisar” las relaciones entre ambos países, expresada por Obama y su secretario de Estado, John Kerry.

A esa intención se suman acuerdos de cooperación en materia de narcotráfico, desastres naturales y migración.

Un diplomático estadounidense en La Habana dijo que lo que se busca es “evitar cualquier confrontación innecesaria”.

Cada vez más emigrados viajan a Cuba y se espera que para Navidad se alcance el medio millón de visitas en 2013. Así van quedando atrás las fracturas familiares y de amistad que provocó la confrontación ideológica entre ambos países en las décadas de 1960 y 1970, que polarizaron la sociedad.

Este proceso de acercamiento comenzó con un tímido diálogo entre representantes del exilio y el Gobierno en 1978 y fue creciendo lentamente desde entonces, desbordando los cauces familiares y religiosos “a ámbitos más sociales, como la cultura, el deporte, la economía, y hasta la política”, dijo a la AFP el académico Arturo López-Levy de la Universidad de Denver, Colorado.

La confrontación comenzó a ceder a partir de los años 90. Con la desaparición del bloque soviético, el gobierno cubano “se hace menos ideológico, más nacionalista”, y los flujos migratorios “se proletarizan”, cambiando “las características sociológicas de los cubanos en el exterior”, dijo por su parte a la AFP el sociólogo Nelson P.Valdés, profesor emérito de varias universidades estadounidenses.

Viajar a Cuba “en 1978 podía costarle a uno la vida”, recordó.

El también académico Esteban Morales ve el proceso como una fuerte corriente de “realismo político para el cambio”, tras cinco décadas de estancamiento.

Quizás el mejor ejemplo de reconciliación en Cuba es el diálogo que mantienen desde mayo de 2010 la Iglesia Católica y el Gobierno, tras un enfrentamiento de décadas, con varios resultados concretos, como la liberación de más de 130 presos políticos.

El diálogo Iglesia-Estado generó críticas al Arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega, entre los sectores radicales de la disidencia interna y el exilio.

“Para ellos, Fidel y Raúl Castro son los rivales políticos, pero el cardenal Jaime Ortega es el enemigo”, dijo López-Levy.

La Iglesia, a través de sus revistas Espacio Laical y Palabra Nueva, fomentó los debates y encuentros de cubanos dentro y fuera del país, sentando en una misma mesa, inimaginable hace dos décadas, a pensadores y académicos de varias corrientes políticas.

Mientras la Iglesia utiliza a la Virgen de la Caridad del Cobre como símbolo maternal unitario, el Gobierno blande la bandera y el nacionalismo. La oposición no logra aún un símbolo aglutinador y su discurso es confrontacional.

“Para que la reconciliación sea nacional, tiene que ser soberana”, dice López-Levy, pues en su centro está la “articulación nacionalista de los intereses cubanos” y en ella cabe “todo aquel que sea leal a su país”.

López-Levy y Valdés coinciden en que la extrema derecha del exilio aún puede “torpedear” el proceso, pero Morales sostiene que “ya no tiene fuerza para eso”.

Los tres están de acuerdo en que algunos cubanos de posiciones fundamentalistas se “autoexcluirán” del proceso de acercamiento.

“La reconciliación es hoy una necesidad de desarrollo y estabilidad para el país, que obviamente se acopla a sus intereses nacionales, valores y balance de poderes internos”, concluyó López-Levy.

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