JOSE AZEL: Liberales y serviles

 

Más de un lector ha denigrado como “ideas políticas derechistas” mis argumentos en temas tales como el salario mínimo, regulaciones gubernamentales o el alcance del gobierno. Esa etiqueta muestra la incongruencia filosófica del repertorio político americano. En nuestras confusas e inconsistentes afiliaciones políticas, a menudo abogamos por mayores libertades personales mientras al mismo tiempo apoyamos un mayor papel del gobierno en nuestras vidas. No logramos entender que, por definición, un gobierno amplificado requiere libertades disminuidas.

La pregunta fundamental en filosofía política se basa en la relación apropiada entre el Estado y los individuos. ¿Cuál debe ser el papel del gobierno en nuestras vidas?

Para algunos, el gobierno debe jugar un papel amplio y activo, utilizando su monopolio del poder coercitivo para lograr una sociedad más igualitaria. En nuestra clasificación política americana, esa es la Izquierda. Para otros, el papel del gobierno debe estar sujeto a la conceptualización de los Padres Fundadores de un gobierno limitado, preocupado fundamentalmente por la protección de nuestras vidas, libertad y propiedad. Identificamos esas ideas como la Derecha política.

Sobre esas caricaturas de nuestro espectro político etiquetamos despreocupadamente de “liberal” a la Izquierda y “conservadora” a la Derecha. Esos motes son filosóficamente incoherentes.

El liberalismo ha sido asociado históricamente con el gobierno limitado y la preeminencia soberana del individuo, sus libertades y derechos. El término se originó a comienzos del siglo XIX en las Cortes de Cádiz, España, donde los liberales introdujeron reformas, reemplazando los privilegios feudales con la libertad de contrato, reconociendo los derechos de los dueños de propiedades, y otras reformas que favorecían a la clase media comerciante, eliminando cláusulas especiales para la Iglesia y la nobleza. El liberalismo español expresaba la teoría política del gobierno limitado, y el término se convirtió en el sobrenombre para la filosofía de John Locke, Adam Smith y Thomas Jefferson.

Por otra parte, el conservadurismo histórico sostiene que la sociedad es antecedente y superior al individuo. Por consiguiente, la visión conservadora es que el poder debe ser conferido no a individuos, sino a instituciones, con el Estado (o la Iglesia) como la más alta institución. En su uso histórico, el conservadurismo está por más gobierno, que se necesitaría para complementar al defectivo individuo. En las Cortes españolas los defensores del poder del Estado eran llamados Serviles, que representaban los privilegios de los realistas y del rey Fernando VII, que estaba determinado a gobernar como un monarca absoluto.

Hoy, en la mayor parte del mundo, el liberalismo continúa defendiendo la supremacía del individuo, y el conservadurismo la del Estado. Lamentablemente, en Estados Unidos el término liberal ha evolucionado a través del tiempo hasta significar algo casi diametralmente opuesto a sus raíces históricas. En nuestro uso, el liberalismo y la Izquierda defienden un mayor papel del gobierno, y el conservadurismo y la Derecha hablan de gobierno limitado.

En esta clasificación política, ¿dónde colocamos a los republicanos, que apoyan que el gobierno participe menos en la esfera económica, pero defienden mayor control gubernamental en asuntos sociales? ¿Son liberales o conservadores? ¿O en que estereotipo político ponemos a los demócratas, que quieren al gobierno fuera de nuestra vida privada (como debería ser) pero desean extensas regulaciones gubernamentales a los negocios? ¿Cuál es nuestra afiliación partidista si somos fiscalmente conservadores y socialmente liberales? En otras palabras, ¿cómo puede alguien desear más libertades personales y menos libertades personales simultáneamente?

Es un axioma del debate político que controlando el lenguaje se controla la discusión. Gobernantes totalitarios, como Vladimir Lenin en Rusia, Mao Zedong en China, la familia Kim en Corea del Norte, los hermanos Castro en Cuba, y otros, entendieron que el poder de nombrar las cosas controla la percepción. Joseph Goebbels, ministro de propaganda en la Alemania nazi, que despreciaba al capitalismo y los judíos, utilizaba con efectividad estereotipar continuamente a los judíos como materialistas y menos que humanos para facilitar el horror del Holocausto.

Lasetiquetas políticas son expresiones abreviadas de opiniones políticas. Históricamente, los auténticos liberales –esos que apoyan consistentemente las libertades individuales, los mercados libres y el gobierno limitado– creen que los liberales americanos les han robado el nombre que los identifica para redefinir el lenguaje político en sus propios términos. Frustrados por este robo del nombre, los liberales han buscado recuperar su identidad con una retirada a la retaguardia, adoptando términos como liberales clásicos, liberales de mercado, o libertarios.

Sin embargo, una mejor estrategia podría ser pasar a una ofensiva filosófica, reclamar nuestro derecho histórico al término liberal, e imitar la actitud arrogante de los liberales americanos, etiquetándolos a ellos como serviles.

Profesor Senior en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, y autor del libro Mañana in Cuba.

jazel@miami.edu

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