OSCAR PEÑA: Diagnóstico en el caso Fanjul

 

Le ruego al lector trate por unos segundos de poner en blanco su mente y desprenderse por unos segundos de predisposiciones propias o patrones de expresiones de otros y se pregunte y conteste con honestidad la siguiente pregunta:

¿Los pueblos comunistas de Vietnam y de China estaban mejor antes o lo están ahora después de eliminar las barreras económicas para sus ciudadanos y permitir las inversiones extranjeras?

Obviamente se puede adelantar que la respuesta es hoy. Estos dos países con sus serias reformas liberalizadoras y con la inyección de capital de afuera en poco tiempo se han convertido en economías de muy rápido crecimiento. Y no se trata de tapar que están todavía suspensos en las asignatura de los derechos civiles y políticos, pero sin duda de ningún tipo –después de salir del total inmovilismo– hoy sus ciudadanos están mejor que ayer y en mejores condiciones para dosificadamente ir más adelante dando pasos en subir escalones democráticos. Está comprobado que los ciudadanos después de alimentarse dos veces al día, tener un techo y unos dólares en el bolsillo es que dedican su mente y tiempo para alcanzar libertades civiles y políticas.

Me pregunto por qué los cubanos no nos enfocamos también en comenzar nuestro despegue nacional por los caminos y atajos económicos posibles para después alcanzar metas superiores. Incluso es de suponer que nuestro salto puede ser hasta superior al de esos países asiáticos porque tenemos en nuestro expediente histórico como nación cultura económica y la experiencia de haber sido un país próspero y no tan atrasado y feudal como China y Vietnam.

Hace muchos años, cuando se empezaron a ver algunas inversiones extranjeras dentro de Cuba, demandamos al gobierno cubano para que estas fueran primero para nacionales que para extranjeros y lo emplazamos a que permitiera una sucursal de cada negocio cubano de Miami en Cuba. Las autoridades de La Habana nos odiaban por hacer esas propuestas y nos acusaron de agente de la CIA por proponer introducir al enemigo en Cuba; sin embargo, también hay algunos compatriotas exiliados obstinados y encaprichados en obstruir los cambios para Cuba por partes y solo se enfilan en el paquete completo de libertades.

Asumir los adversarios la posición de todo o nada es un grave error que los aísla de su pueblo y los hace coincidir –sin que sea su intención– con los deseos de las autoridades de La Habana que se perciban así. Se ciegan al no explorar primero una mejoría básica para nuestro pueblo y brechas para después alcanzar peldaños superiores. A algunos dirigentes históricos del gobierno cubano y de Miami les resulta más fácil ignorar las circunstancias que enfrentarlas. Evadir la realidad es un mecanismo habitual, más aún cuando el fondo de la cuestión implica admitir responsabilidades propias. Hay que mirar para el memorial de Miami y para los panteones de la otra parte. Todas las muertes cubanas de este largo proceso han sido muy lamentables. No es fácil salir de viejos esquemas de enfrentamiento, pero tiene el liderazgo cubano en ambas partes la responsabilidad de acabar de entender que entre todos los cubanos –como lo han hecho otros países de pasado dictatorial– se tiene que arreglar el país.

Alfonso Fanjul puede estar con la cabeza muy alta. Las acciones, la actitud y las declaraciones del empresario azucarero –como han sido las de Carlos Saladrigas– son realistas, pragmáticas, patrióticas y beneficiosas para el presente y futuro de nuestro pueblo y como cubano se las agradezco y lo insto a seguir adelante. Su actitud es un paradigma de cómo se debe actuar hoy.

Diagnóstico del caso Fanjul: El recibimiento que le dio La Habana califica como el primer reconocimiento oficial (tortuoso) del fracaso de la revolución de 1959. Se ha perdido más de medio siglo por la ambición de un hombre y la ingenuidad de un pueblo.

@OscarPenaCUBA

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