Forzar un cambio de régimen en Cuba presenta dilema para EEUU

 

jtamayo@elnuevoherald.com

La pregunta es: ¿tiene derecho el gobierno de Estados Unidos a burlar el control sobre la información de una dictadura? Y si Washington trata de fomentar la democracia en un país gobernado por un dictador, ¿está impulsando un “cambio de régimen”?

Estas son las preguntas fundamentales suscitadas por un reporte el jueves por The Associated Press de que la Agencia por el Desarrollo Internacional de EEUU (USAID) financió un sistema “encubierto” estilo Twitter para los cubanos “diseñado para socavar el gobierno comunista”.

Predeciblemente las respuestas variaron de un rotundo No a un franco Sí, lo cual refleja en gran medida las divisiones sobre la política de EEUU hacia Cuba.

Jay Carney, secretario de prensa de la Casa Blanca, dijo que AP se había equivocado en describir el programa ZunZuneo de USAID como encubierto. En “ambientes poco permisivos” es “discreción” el “proteger a los practicantes y al público”, dijo. “Eso no es un caso único para Cuba”.

La portavoz del Departamento de Estado Marie Harf se centró en lo que llamó las “ideas erróneas” en el “jadeante” reporte de AP y dijo: “La noción de que de algún modo estamos tratando de fomentar los disturbios... nada podría estar más lejos de la verdad”.

Pero Max Lesnik, comentador radial de Miami que apoya el gobierno de Raúl Castro, calificó a ZunZuneo de “una operación encaminada a cambiar el gobierno de Cuba: cambio de régimen. Es una agresión encubierta por la vía de las redes sociales”.

El gobierno de Cuba ha declarado ilegales los programas de USAID por subversivos y llama a todos los disidentes “mercenarios de EEUU”. La agencia dijo que ellos promueven la democracia y apoyan la sociedad civil, y señaló que, solo este año, el Congreso ha aprobado $20 millones para ese tipo de programa en Cuba.

El subcontratista de USAID Alan Gross está cumpliendo una sentencia de 15 años en La Habana por dar a judíos cubanos sofisticados equipos de comunicación que les hubieran permitido evadir los controles del gobierno sobre las conexiones telefónicas y de Internet.

Ninoska Pérez Castellón, comentarista radial de Miami y crítica de Castro, dijo que los programas de USAID son necesarios. “Cuba es una dictadura, y todo programa que ayude a un país donde hay represión y censura está justificado”, dijo Pérez.

Ella agregó que las acusaciones de Cuba de que Washington está promoviendo la subversión en la isla son “total hipocresía” porque el gobierno de Castro entrenó y armó a guerrillas izquierdistas por toda América Latina en las décadas de 1970 y 1980.

Pero Washington debería tener cuidado en cómo respalda la sociedad civil en países represivos, dijo Emily Parker, autora de un libro sobre el control de la Internet en Cuba, China y Rusia, y asesora en diplomacia digital de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

“EEUU tiene que actuar con mucho cuidado en países como Cuba porque apoyarlos directamente (a disidentes) hace más fácil llamarlos ‘mercenarios’ ”, dijo Parker. “Eso a veces hace más mal que bien”.

Hay otras maneras en que Washington puede respaldar la Internet en Cuba, dijo, como por ejemplo, eliminar obstáculos a su acceso por parte de EEUU —que son creados a veces por el embargo comercial. Su libro, Now I Know Who My Comrades Are (“Ahora sé quiénes son mis camaradas”) se publicó a inicios del presente año.

Entretanto, el activista por la democracia en Cuba Mauricio Claver-Carone dijo que no era ninguna sorpresa que los medios de prensa y algunos políticos de EEUU se quejaran de la política de EEUU hacia Cuba pero elogiaran esas mismas políticas cuando se aplican a otros países.

Un escándalo global siguió los intentos de Turquía de cortar el acceso a Twitter en medio de las actuales protestas contra el gobierno, dijo, y USAID dirige programas similares para expandir el flujo de información en el caso de dictaduras tales como las de Siria, Corea del Norte e Irán.

“Eso no es controversial. Todo el mundo apoya eso. Pero al parecer Cuba es el único lugar donde tenemos que aceptar el control de un gobierno totalitario sobre las comunicaciones”, dijo Claver-Carone, director de US-Cuba Democracy PAC.

El gobierno comunista de Cuba controla todos los periódicos y las estaciones de radio y televisión, hace muy costoso el acceso a Internet y bloquea el acceso a muchos websites y a las transmisiones de las estaciones Radio/TV Martí del gobierno estadounidense.

“La historia que realmente hay que contar es la falta de acceso a Internet y Twitter en Cuba”, dijo Marc Wachtenheim, consultor de Washington que ha participado en los programas de Cuba. “Todos los esfuerzos por vencer ese bloqueo a la información son válidos y morales”.

El bloguero de Cuba Orlando Luis Pardo Lazo dijo que el programa de ZunZuneo fue tan poco efectivo en llegar a los cubanos — 40,000 en una nación de 11 millones — que él vino a enterarse de su existencia a través de un partidario del gobierno hace pocos años.

Pero él está a favor del objetivo de promover la democracia en la isla.

“El gobierno de EEUU y muchos gobiernos democráticos tienen una deuda moral con países despóticos”, dijo. “Ellos hablan de la deuda con la esclavitud, la deuda con las colonias, pero no de una deuda con los países despóticos”.

La representante Ileana Ros-Lehtinen, republicana de la Florida, dijo que los programas para Cuba de USAID no son secretos, pero han tenido que mantener un perfil discreto para proteger a personas en Cuba de las represalias del gobierno.

Mientras que bolsas de comida enviadas por EEUU a Haití llevan el sello de EEUU, dijo Ros-Lehtinen, un programa del gobierno estadounidense que envía libros a las bibliotecas independientes en Cuba no pone sellos de EEUU en los libros.

Lo que es más, el objetivo no es cambiar el gobierno cubano, agregó en entrevista con el Nuevo Herald, “sino darle información al pueblo oprimido”.

“Y seguiremos llevando a cabo esos programas”, prometió. “Estamos tratando por todos los medios de penetrar el bloqueo de Cuba a la información, de fomentar el hambre de democracia. Pero no estamos de ninguna manera llamando a un cambio de régimen”.

Hanna Allam y Lesley Clark contribuyeron a esta historia desde la oficina de McClatchy en Washington DC.

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