OSCAR PEÑA: Escasez de autenticidad cubana

 

Dentro de Cuba y fuera de ella la gran mayoría de los cubanos se han ido desprendiendo de la virtud de ser auténticos. Se estimaba que dentro de un régimen totalitario la pusilanimidad humana se justificaba; sin embargo, se observa que en sociedades libres también muchos proyectan cobardía y oportunismo en su actuar. Todo indica que no se trata solo del sistema en que se viva, sino de pérdida de valores.

¿Quién es auténtico? El que es en público, como es en privado. El que expresa sus verdaderos sentimientos, pensamientos, gustos, ideales y deseos en conformidad con su persona. Ser auténtico no es actuar copiando las acciones de otros como el fanático que sigue las modas. Es obrar y expresarse por razones y no por conveniencias o miedos baratos.

No se puede ocultar el déficit de autenticidad del pueblo cubano en este más de medio siglo. Ello forma parte de las complicidades indirectas que han tenido a su favor las autoridades verde olivo. No es necesario entre cubanos narrar uno por uno los argumentos, evidencias y pruebas que sustentan seriamente esta afirmación. Todos las han experimentado. Solo basta con que los que están dentro del país se autoanalicen y los que están fuera se recuerden con la careta puesta en la cuadra, centro de trabajo o estudios.

Prevalece la falsedad entre cubanos. En las dos partes nos inclinamos según para donde sople el viento. Allá éramos los ciudadanos más aplicados y callados del mundo y en Miami somos los más valientes del universo (en el internet, las cámaras y los micrófonos). Allá pensábamos que el terrorismo y el aislamiento del país no eran medidas beneficiosas, ni algo inteligente políticamente y aquí expresamos lo contrario. Allá acatábamos las medidas y orientaciones extremistas de la dirección histórica de la revolución y aquí las de la dirección histórica del exilio. Se perdió la brújula moral y confundimos a enemigos y amigos.

Lamentablemente en nuestro país los faros de esperanzas dan una luz extremadamente opaca. El gobierno sigue siendo obsoleto, totalitario e incapaz de ayudar a fundar un nuevo país entre todos sin odios, con respeto a la diversidad, la justicia y derechos para todos. Y para matar más esperanzas, también algunos reconocidos adversarios internos al régimen por complacer el punto de vista de quien los apoya económicamente desde el exterior se han desdibujado de la realidad cubana y proyectan discursos de barricadas o con esa inviabilidad del todo o nada que los hace inefectivo para buscar soluciones nacionales y los aísla de la mayoría del pueblo.

Hay sociedades que nunca se recuperan del totalitarismo y quedan arrasadas de autenticidad. Esta penosa patología cubana –dentro y fuera de la isla– es preocupante y entre cubanos tenemos el deber y la responsabilidad de encender las alarmas para que esa indecorosa realidad y grave enfermedad cubana se cure y no extienda su metástasis al futuro cercano de la isla y a la credibilidad del Miami cubano. Solo admitirlo es un comienzo de sanación.

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