EDITORIAL

EN NUESTRA OPINION: La Habana debe dejar libre a Alan Gross

 
 

<span class="cutline_leadin">Alan Gross</span> saluda a su madre con una nota, en esta foto con el rabino Elie Abadie (der.) y el abogado James L.Berenthal, en el Hospital Finlay de La Habana el 27 de noviembre del 2012.
Alan Gross saluda a su madre con una nota, en esta foto con el rabino Elie Abadie (der.) y el abogado James L.Berenthal, en el Hospital Finlay de La Habana el 27 de noviembre del 2012.
AP

Evelyn Gross murió el miércoles sin poder ver por última vez a su hijo, el contratista norteamericano Alan P. Gross, preso en Cuba desde el 2009.

Evelyn tenía 92 años de edad, y falleció tras una larga batalla con un cáncer pulmonar.

El gobierno cubano nunca le dio el permiso a Alan Gross para ir a ver a su madre enferma.

Alan Gross, que tiene 65 años, no es un criminal, un asesino o un terrorista. Ni siquiera es un espía infiltrado en Cuba. Las autoridades cubanas lo arrestaron a fines del 2009 sencillamente porque llevaba teléfonos satelitales para judíos cubanos. Estos equipos de telecomunicaciones habrían permitido a los judíos residentes en la isla entrar en Internet sin tener que pasar por la restringida vía de acceso del gobierno a la red cibernética.

No se trataba de una conspiración. No era un plan ultrasecreto para derrocar al gobierno. No había intenciones de fomentar el descontento nacional con el régimen, aunque para eso no hace falta hacer nada, porque el descontento popular es manifiesto desde hace muchos años. Lo único que iba a hacer Gross era dar acceso a Internet a judíos cubanos.

Gross actuó al margen de las autoridades cubanas al llevar los teléfonos a Cuba, pero prácticamente en cualquier país no habría recibido más que una multa o la confiscación de los equipos. Quizá lo habrían puesto de vuelta en el avión. Nada más. Pero el despotismo y la paranoia del régimen cubano dieron pie a la imposición de una sentencia desproporcionada. ¿Una condena de 15 años de cárcel por pasar de contrabando unos teléfonos? Absurdo. Increíblemente cruel.

Gross es un hombre enfermo. Ha bajado más de 100 libras en la cárcel. Sufre de diversas enfermedades. Cinco años de prisión deberían ser un castigo más que suficiente para aplacar a los fiscales más severos.

La realidad es que el régimen de La Habana mantiene a Gross tras las rejas con la esperanza de canjearlo por los tres espías cubanos de la Red Avispa que cumplen condenas de prisión en Estados Unidos. Anteriormente, dos espías de la misma organización quedaron en libertad tras cumplir sus sentencias.

Uno de los dos espías liberados, René González, recibió un permiso humanitario en el 2012, mientras se encontraba en la Florida en libertad condicional, para visitar a su hermano enfermo en Cuba.

Gross no tuvo el mismo trato humanitario. Y ni siquiera es un espía. El régimen cubano debería revisar su condena y poner en libertad a este hombre enfermo que acaba de perder a su madre. Y que además nunca mereció una pena de cárcel tan despiadada.

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