El muro de la Ermita: refugio espiritual de los cubanos
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Por LYDIA MARTIN
The Miami Herald
"Es el muro de los lamentos de Miami'', dijo monseñor Agustín Román, veterano líder espiritual de Miami, que dirigió una campaña de recaudación en los años 1960 para construir la Ermita. ‘‘Nosotros sabemos que la gente esparce las cenizas allí. Pero eso no es respetuoso para los difuntos. Si usted las tira al mar se convierten en comida para los peces. Nosotros tenemos un nicho en el cementerio donde ponemos las cenizas de cualquiera si la familia no puede pagar un entierro''.
Junto al mar hay letreros colocados sobre el muro.
"Prohibido nadar, pescar, traer animales, consumir bebidas alcohólicas, alimentar las palomas o esparcir cenizas humanas antes de ver primero a un sacerdota para que lo oriente''.
En general, la gente sigue las normas. Excepto que. . . .
"Yo soy católico y sé que la Iglesia Católica prohíbe esparcir las cenizas. ¿Pero qué mejor lugar para descansar que aquí mismo frente a la Ermita? Mi hija y yo hemos acordado que cualquiera que se vaya primero, la otra va a traer sus cenizas aquí'', dijo Alejandra Alvarez, 77, en una de sus visitas regulares. "Vengo a rezar aquí desde que llegué de Cuba hace 40 años. Es el lugar más tranquilo que conozco''.
Lee Gavilla, una enfermera que vive en Pembroke Pines, arrojó las cenizas de su madre aquí en el 2001.
"Sabíamos que no se debía hacer, pero era lo que mi madre quería. Siempre fue su refugio'' dijo Gavilla. "Vinimos a mediados de semana cuando no hubiera mucha gente. Eramos como seis. Dijimos unas palabras, derramamos algunas lágrimas. Conozco varias personas que han hecho lo mismo. No hay ningún otro lugar que sea más auténticamente cubano. Y no importa lo tenso que uno esté, si uno se sienta allí, en esa brisa, todo parece un poco mejor''.
Por católico que sea el templo, muchos de los devotos que vienen aquí también son fieles de la santería. En el sincretismo religioso cubano, la Caridad, una aparición de la Virgen María, también es llamada Ochún, uno de los orishas, los dioses de la santería.
"Un santuario es precisamente un lugar donde la religión católica hace contacto con el pueblo'', dice Román. "Nosotros sabemos que hay gente que realiza rituales allí junto al muro. Pero lo hacen muy respetuosamente. No nos dejan verlo''.
Los curas y monjas del santuario quizás también hayan cambiado la vista cuando la gente escribe oraciones en el hormigón por la feliz llegada de un balsero. Y cuando han escrito improvisados epitafios. Con el tiempo, las palabras se borran o las borra el personal. Pero algunos mensajes sobreviven:
"EPD (RIP) Mami. Te extrañamos. Tus hijos, nietos y bisnietos''.
"Alexis Ramírez, 1-20-67, 2-20-08. Te recuerdo estará siempre en nuestros corazones . . . Tu esposa y tus hijos''.
Nadie sabe cuándo la gente empezó a tirar monedas en la bahía. Durante años cada centavo que la comunidad exiliada pudo reunir fue para la construcción del templo.
"Todos los días llevaba sacos de monedas al banco," dice Román, que a los 80 años todavía está activo, aunque retirado de funciones oficiales, y todavía vive en una casa de la Arquidiócesis cerca del templo.
"La comunidad empezó a trabajar para construir una casa para la Virgen antes de tener casas ellos mismos. Empezaron comprometiendo su primera hora de trabajo, en las fábricas, recogiendo tomates, lavando platos. Quizás era $1.25 o $1.50. Es por eso que usted no ve placas aquí. No hubo ninguna familia que entregara una cheque grande. Este santuario se pagó centavo a centavo. Es por eso que usted verdaderamente puede decir que pertenece al pueblo''.
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