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Médicos cubanos son negocio lucrativo y arma ideológica

CARACAS

El despliegue estratégico de médicos en lugares en condiciones tan difíciles ha acarreado mucha buena voluntad y muchos elogios a Cuba. Como expresa Silverstein en el libro, esa buena voluntad ha contribuido a que se elijan a representantes de la isla a organizaciones internacionales desde fines de los años 70, como el Movimiento de Países No Alineados y el Consejo de Seguridad de Naciones UNidas (ONU).

Este mes el jurista cubano Miguel Alfonso fue elegido para presidir el Comité Asesor de Derechos Humanos de la ONU.

El poeta y ex preso político cubano Armando Valladares, que encabezó la delegación de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a fines de los años 80, dice que recuerda varios casos en que miembros de delegaciones africanas y latinoamericanas le dijeron que no podían votar por las propuestas de enviar investigadores de derechos humanos a la isla porque temían perder la ayuda que La Habana daba a sus países o porque se sentían en deuda con el gobierno cubano.

"Si uno se pone en sus zapatos, se percata de que tienen razón'', dice Valladares. "Sin duda, la cuestión de la salud ha sido uno de los medios de propaganda más efectivos del gobierno cubano. Los médicos [cubanos] van a lugares en que otros se niegan a trabajar, villas y poblados aislados y empobrecidos''.

Los médicos cubanos en Venezuela están conscientes de la dicotomía de su papel. Por una parte, prestan servicios a los pobres en esta nación rica que ha mantenido la economía cubana a flote. Por otra, también están sirviendo sus propios intereses, que frecuentemente son contrarios a las ideas del régimen que los educó como médicos y trató de moldearlos como revolucionarios.

Por ejemplo, la doctora de la blusa roja dice que disfruta de la oportunidad de atender a los pobres aquí y que no podría imaginarse cobrarle a un ser humano que no pueda costear la atención médica. Al mismo tiempo, y sin hacer una pausa para contemplar las contradicciones, sueña con ser médico en Estados Unidos, donde, según sabe bien, hay muchas personas sin seguro médico y la atención a la salud está en un crisis tal que con frecuencia se cita como uno de los temas clave de la campaña presidencial.

Julio César Lubián, un médico de 46 años que ya no teme hablar con la prensa porque desertó hace 14 meses, comparte ese sueño: vivir y trabajar en Estados Unidos.

"Cualquiera que le diga que vinieron aquí por ideología miente'', dice Lubián, sentado en una café a dos horas de camino de Caracas. "Todo el mundo está aquí para enviar dinero a Cuba, para ganar dólares o para buscar la manera de irse''.

Es casi imposible hablar con médicos que trabajan en lo que el gobierno de Chávez llama la Misión Barrio Adentro, que cumple su quinto aniversario el próximo mes. Entre otras cosas, se les prohíbe hablar con la prensa. Los funcionarios cubanos en Caracas no respondieron a las solicitudes del Herald para una entrevista.

El Herald consiguió un ejemplar de las normas que los médicos cubanos que trabajan en Venezuela deben cumplir y que indica que se les considera soldados y como tales deben comportarse.

Muchos trabajan en el mismo lugar donde viven, atendiendo a pacientes en la planta baja y durmiendo en un segundo piso. Se espera que notifiquen a sus supervisores si alguien "ofende a la Patria o sus símbolos'' en su presencia y se les prohíbe que duerman fuera donde viven.

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