La terrible catástrofe del pueblo cubano

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Por CARLOS ALBERTO MONTANER
Especial para El Nuevo Herald
Fue dentro de ese clima de crispación donde surgió Fidel Castro como uno de los cabecillas de la insurrección, primero atacando sin éxito el cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 y, luego de pasar casi dos años en la cárcel y un breve exilio en México, desembarcando en la isla.
¿Quién era Fidel Castro? Era un abogado joven, violento y carismático, acusado a fines de los años 40 de crímenes políticos e intentos de asesinato en la etapa democrática de Cuba, aunque nunca lo condenaron en los tribunales. Se sabía que era confusamente radical y audaz, que poseía una gran capacidad de intimidación frente a partidarios y adversarios, de manera que impuso su liderazgo y se convirtió en la cabeza más visible de una oposición dividida en varios grupos y dos estrategias: los electoralistas, que deseaban salir de Batista por la vía política, y los insurreccionalistas, que pretendían sacarlo a tiros del poder. Fidel acabó imponiendo la línea dura: la lucha armada como única estrategia válida y patriótica.
No obstante, el golpe definitivo contra Batista --como le había ocurrido a Machado en 1933-- fue la pérdida del apoyo de Estados Unidos. En abril de 1958, el gobierno republicano de Ike Eisenhower, presionado por una hábil campaña de los exiliados cubanos, decretó un embargo de armas al gobierno de Batista para obligarlo a buscar una solución política a la guerra desatada en el país.
Pero las consecuencias de ese embargo norteamericano de armas fueron otras: en lugar de precipitar una salida pacífica al conflicto, Washington provocó o aceleró el triunfo de los insurrectos. Los jefes de las Fuerzas Armadas interpretaron, correctamente, que Batista había perdido el favor de "los americanos'' y dieron por sentado que era un régimen condenado a muerte, así que surgieron conspiraciones y comenzaron a establecer relaciones secretas con Fidel Castro. Batista lo supo y, convencido de que estaba rodeado de traidores, decidió escapar de Cuba exactamente como había hecho el general Machado en 1933 y por más o menos las mismas razones. Cuando huyó del país, el 90 por ciento de las fuerzas armadas y el 95 por ciento del territorio teóricamente seguían bajo su control. Pero él y su gobierno estaban profunda e irremediablemente desmoralizados. Por eso perdieron el poder.
Rumbo al comunismo
Una vez ocupada la casa de gobierno, el verdadero Fidel Castro comenzó a mostrarse a
los cubanos y al mundo. Supuestamente, la revolución se había llevado a cabo para
restaurar la democracia y las libertades individuales garantizadas en la Constitución de
1940 y conculcadas por Batista. Pero el hombre que había asegurado varias veces que no
era comunista, muy rápidamente, en apenas dos años, comenzó a confiscar las empresas
privadas nacionales y extranjeras, se acercó a los soviéticos, atacó a Estados Unidos
con gran vehemencia, nacionalizó sin compensación las propiedades de las compañías
nacionales y extranjeras, muchas de ellas pertenecientes a norteamericanos y españoles,
se apoderó de los medios de comunicación y estableció un gobierno de partido único.
¿Por qué lo hizo? Fundamentalmente, porque desde sus años universitarios Fidel Castro había desarrollado simpatías por las ideas comunistas y un odio sin límites contra Estados Unidos. Esa tendencia se había reforzado a partir de su contacto en México en 1956 con el argentino Ernesto Guevara, conocido como el Che, también de convicciones comunistas, doctrinariamente mejor formado que Fidel en el marxismo, y los dos, además, recibían el aliento de Raúl Castro, hermano menor de Fidel, afiliado a las juventudes comunistas cubanas desde 1953, aunque sin demasiado interés en las cuestiones teóricas del marxismo.
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