Cuba antes de 1959: prosperidad y frustraciones de una república

Contenido Relacionado
Por JAIME SUCHLICKI
Especial para El Nuevo Herald
Para 1950, los ortodoxos eran una formidable fuerza política. Aunque carecía de una bien definida plataforma, el programa nacionalista del partido, independencia económica, libertad política, justicia social y gobierno honesto, y su insistencia en mantenerse libre de pactos políticos, le había ganado un considerable número de simpatizantes, especialmente entre la juventud. Con su lema "Vergüenza contra Dinero'', Chibás, por entonces un senador electo, predicó en sus programas radiales contra la corrupción de los auténticos.
Chibás monopolizó la retórica revolucionara al convertirse en el exponente de la vieja y frustrada generación, y en líder de una nueva generación, empeñada en traer moralidad y honestidad a la vida publica cubana. El, más que ningún otro fue quien con sus constantes exhortaciones, demandas de reformas, y ataques contra la dirección política de Cuba, preparó el camino para la revolución de 1959.
A pesar de dedicar su vida a la promoción de los ideales de la revolución de 1933, Chibás encontró que al final de su largo viaje había logrado poco. Los males que el había combatido continuaban. Quizás pensó que su muerte podría producir lo que no pudo su vida: la revolución que Martí había imaginado y en 1951 se suicidó.
La vida política de Cuba era por entonces un triste espectáculo. Aunque el presidente Carlos Prío (1948-1952) había introducido varias reformas, la situación económica mejoraba y el pandillerismo había disminuido, su administración se parecía a la de su predecesor. El pueblo cubano comenzó a perderle el respeto a la política. Convertirse en político era entrar en una élite, una nueva clase apartada de los intereses del pueblo.
Los políticos electos no debían lealtad a sus electores ni tampoco a la nación, sino solo a ellos mismos y a sus insatisfechos apetitos de poder y fortuna. Además, las figuras políticas eran objeto de burla popular. En particular, la imagen de la presidencia era ridiculizada. Las críticas de Chibás ayudaron a socavar no sólo la autoridad de los auténticos disminuyendo su prestigio, sino también la estabilidad de las ya frágiles instituciones políticas.
El colapso de la moral, el respeto y los valores se agravaron cuando Fulgencio Batista interrumpió el proceso democrático y constitucional en 1952. Lo que los cubanos creían que nunca volvería a ocurrir --el retorno de un gobierno militar y una dictadura-- se hizo realidad.
Prosperidad y revolución:
Hacia la década del 50, la importancia y el poder de la comunidad de negocios habían crecido significativamente, ayudados en parte por el rápido crecimiento experimentado durante la Segunda Guerra Mundial. La guerra paralizó la producción azucarera en muchas áreas de Europa y Asia, lo cual hizo posible una nueva expansión de la industria azucarera cubana. Al mismo tiempo, el deterioro del comercio internacional durante los años de guerra le permitió a Cuba acumular gran cantidad de divisas, que de otra forma hubieran ido hacia la compra de artículos importados. Todo eso sirvió para acelerar el proceso de diversificación económica. La producción nacional floreció y se establecieron nuevas industrias. Esto fue bien utilizado por los empresarios cubanos, quienes comenzaron a ocupar posiciones importantes en el desarrollo de la economía.
Otros factores aceleraron el crecimiento de la economía en los años de la posguerra. La moderada política nacionalista, adoptada durante las administraciones autenticas, logro importantes concesiones tarifarias. Las instituciones de la banca comercial de Cuba se expandieron y las facilidades crediticias ofrecidas por estas instituciones permearon las actividades de la economía privada. Después de 1950, el año en que comenzó a operar el Banco Nacional de Cuba, el país contó, por primera vez, con un banco central oficial. El sistema de banca oficial se expandió poco después con el establecimiento del BANFAIC (Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba). Estos bancos comerciales coordinaban ahora el sistema de crédito para el desarrollo económico de sectores productivos no azucareros.
El Nuevo Herald se complace en ofrecerle a sus lectores la oportunidad de compartir experiencias e intercambiar observaciones sobre lo que publicamos diariamente en nuestra edición digital.
Los instamos a participar en nuestros debates de manera abierta y franca, pero sin hacer juicios hirientes o fuera de orden. Nos reservamos el derecho a eliminar las opiniones que no cumplan estas normas. Algunos de las comentarios que usted hace pueden ser reproducidos en el diario impreso o en otras páginas de nuestro sitio.
Muchas gracias por compartir sus puntos de vista.
Para hacer comentarios debe registrarse en elNuevoHerald.com la primera vez. Lo que escriba estará debidamente identificado con su nombre de usuario. ¿Todavía no se ha registrado? Clic aquí -- para hacerlo ahora mismo.
Más Cuba
Videos






















Mi Yahoo