Cuba antes de 1959: prosperidad y frustraciones de una república

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Por JAIME SUCHLICKI
Especial para El Nuevo Herald
En los años de posguerra, los empresarios nacionales intensificaron el proceso de ‘‘cubanización'' de la industria azucarera, el cual había comenzado en los años 30. En 1939 el capital cubano era propietario de 54 centrales azucareros, los cuales producían el 22 por ciento de la producción de azúcar. En 1952, había 113 cubanos dueños de centrales que acumulaban el 55 por ciento de la producción, excluyendo aquellos centrales operados por compañías foráneas en las cuales el capital cubano participaba, y en muchos casos los cubanos eran dueños de la mayoría de las acciones emitidas. Los empresarios cubanos, quienes se habían convertido en un importante factor en los sectores comerciales, azucareros y financieros, mostraron gran habilidad y sacaron ventaja de circunstancias favorables.
Batista alentó el crecimiento del capital cubano y su retorno al poder estimuló la inversión extranjera. El sector de la minería, ayudado por considerables inversiones de capital norteamericano, expandió su producción de níquel, cobalto y otros minerales. El gobierno desarrolló nuevos centros turísticos y la industria se convirtió en una de las más importantes fuentes de ingreso. Proyectos de obras públicas fueron financiados y terminados con sus correspondientes extorsiones. El bajo costo de las viviendas se hizo asequible mediante créditos gubernamentales y se construyó en La Habana un sistema de suministro de agua que se necesitaba urgentemente. La industria ganadera se expandió, al punto de que se podía comparar con las más importantes del resto de América Latina.
Para 1959, los indicadores económicos apuntaban a una economía moderna en pleno desarrollo. El per cápita de los cubanos era de $431 similar al de España e Italia. Cuba tenía una de las tasas de mortalidad infantil más baja del mundo (37 por cada 1,000); un alfabetismo del 80 por ciento, tercero en América Latina, después de Argentina y Costa Rica; y el tercer número más alto mundialmente per capita de médicos y dentistas. Cuba tenia más de 40 laboratorios farmacéuticos que producían el 50 por ciento de las medicinas que se consumían en la isla. En 1959 Cuba era el tercer país en América Latina en número de radios y televisores.
El progreso económico y la modernización alcanzada por Cuba antes de la revolución de Fidel Castro fueron extraordinarios. Comparada con la mayoría de los países de América Latina, Cuba era un país moderno, progresista con una vibrante economía y una dinámica clase media. La Habana era una de las capitales más bellas de la región con una gran vida cultural y nocturna.
A pesar de este progreso, la economía padecía de ciertas debilidades estructurales. Encabezando estas debilidades estaba la excesiva concentración en la producción de azúcar y el comercio extranjero; una critica dependencia de un comprador-abastecedor principal; un considerable desempleo y subempleo; y las desigualdades entre los niveles de vida del campo y la ciudad.
El desarrollo económico continuó durante la dictadura de Batista pero el golpe de estado debilitó aún más las frágiles instituciones republicanas y tuvo un profundo impacto sobre el contenido y tono de la política. Escritores criticaban la descomposición moral de la república y hasta cuestionaban la capacidad de los cubanos para gobernarse a si mismos.
Temas como el nacionalismo, el reformismo y el antinorteamericanismo empezaron a decrecer, pero la política estaba ahora impregnada de pesimismo y tristeza sobre el futuro y sobre el retroceso que el retorno de una dictadura militar había significado para la isla. Artículos en la prensa señalaban que había un sentimiento de culpa general sobre la incapacidad de los cubanos de actuar en conformidad con los principios y ejemplos de los padres fundadores.Insistían en que los cubanos rechazaban sus responsabilidades individuales al afirmar que la sociedad en su conjunto no estaba cumpliendo sus responsabilidades colectivas y llegaron a creer que ellos nunca se merecían hombres como José Martí, Antonio Maceo o Máximo Gómez.
La admiración por Martí creció más aún después de 1952. Dos eventos, la conmemoración por el medio siglo del nacimiento de la republica en 1952 y la celebración del centenario del nacimiento de Martí en 1953, dieron lugar a un intento de evaluar el desarrollo y la situación de Cuba en tan significativas ocasiones. Salieron a la luz una variedad de libros y artículos sobre la vida de Martí y relacionados con la épica batalla por la independencia de Cuba. En ellos, y especialmente en numerosos discursos, las enseñanzas de Martí fueron contrastadas con las condiciones en las cuales la dictadura había sumergido a Cuba. Viejos revolucionarios, jóvenes idealistas, intelectuales, periodistas y también políticos corruptos invocaban a Martí. Todos ellos parecían encontrar protección y confort al repetir sus palabras y bañarse en la corriente bautismal de su pensamiento.
Sin embargo, los escritos y discursos dieron paso a la violencia. La imposición de una estricta censura por el régimen de Batista silenció toda crítica. Los líderes de la oposición fueron encarcelados o exiliados. Se incrementó la represión. La intransigencia de Batista en mantenerse en el poder no permitió una salida negociada. Las voces que clamaban por una solución pacifica a la interrupción del proceso constitucional, pronto fueron ahogadas por llamados a la violencia. Cuba estaba sumergida de nuevo en terrorismo y violencia, una violencia que finalmente culminó en una revolución.
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