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Heroínas olvidadas del presidio político


Georgina Cid y su esposo Orlando Castro en su casa de Miami. Georgina está entre las miles de mujeres presas políticas del régimen de Castro.
Georgina Cid y su esposo Orlando Castro en su casa de Miami. Georgina está entre las miles de mujeres presas políticas del régimen de Castro.
PATRICK FARRELL / MIAMI HERALD

The Miami Herald

Guanajay atemorizaba a las mujeres porque había sido construida para las peores delincuentes comunes durante la presidencia de Grau San Martín a fines de los años 40. La represión castrista hizo que, en cárceles como Guanajay, celdas hechas para una mujer tuvieran que albergar de 6 a 10 mujeres.

Entre las presas en Guanajay, estaba Polita Grau, acusada junto con su hermano Ramón de actividades contrarrevolucionarias, incluyendo ayudar a que 14,000 niños cubanos huyeran a Estados Unidos a través del programa Pedro Pan de la Iglesia Católica.

En el informe de la OEA del 4 de julio de 1962, sobre el traslado de Guanajay a la cárcel de Baracoa leemos:

Un nuevo sistema de férrea disciplina se ha impuesto en Guanajay. Los castigos sin causa se han hecho constantes. El mediodía del 4 de julio, llamaron a 25 mujeres por su nombre seguido de la palabra "Traslado''. El patio se convirtió en escena de una batalla campal. Insultos, gritos golpes, maldiciones, el ruido de cabezas rotas, sangre... una joven negra, Juana Drake, fue sacada de su celda, arrastrada y golpeada por milicianos que le gritaban "Camina, negra p...!'' A esta joven la condenaron a tres años adicionales con las delincuentes comunes porque había escrito en la pared, en español, inglés y francés, "Tenemos el derecho a ser libres''.

En total, 65 mujeres fueron trasladadas de Guanajay a Baracoa incluyendo a María Amalia Fernández del Cueto y su bebita Amadita, que sólo tenía 23 días y que apenas pudo sobrevivir el viaje. Las celdas de Baracoa estaban llenas de piojos y ratas y no había atención médica, excepto la que podían brindar presas como Caridad de la Vega e Isabel Rodríguez, ambas doctoras, a sus compañeras más jóvenes.

"Nos tuvieron allí durante seis meses'', dijo Gloria Argudín, que tenía 20 años y trabajaba como secretaria en la Universidad de La Habana cuando su padre, un médico fidelista, administraba el hospital de la universidad. Una día decidió llevarse algunas de sus armas y se fue para las montañas del Escambray. Fue capturada conspirando contra Castro en septiembre de 1960.

Gloria Argudín era la única mujer en un grupo de 12 hombres que, en dos carros, trasladaban armas, granadas y equipo de radio. Cinco de ellos fueron mandados al pelotón de fusilamiento tras un "juicio'' revolucionario al que asistieron 2,000 personas. La revista Bohemia los describió como antiguos rebeldes revolucionarios corrompidos y dedicados a servir "al monstruo imperialista del norte''.

Hasta el día de hoy, Gloria no soporta los balcones de los edificios altos. Es la herencia de haber sido colgada del techo de uno de ellos como parte de su interrogatorio. Y eso después de haber sido "fusilada'' por un pelotón de soldados, frente a una trinchera, con balas de salva. "Nunca lloro en esos momentos'', dijo en su apartmento de la Pequeña Habana. "Me pongo más furiosa. Me vuelvo una fiera''.

Amigas como Gladys Chinea, que estaba en la cárcel con Argudín, recuerda cómo los guardias le decían que amiga iba a afrontar el paredón.

"Nosotras oíamos, ‘Gloria Argudín, ¡paredón!', dijo Chinea. "Todas temblábamos en aquellas noches'''.

En 1963, después de Baracoa, las 65 mujeres y la bebita fueron devueltas a la cárcel de Guanajay. Pronto enfrentaron un nuevo método revolucionario de tortura: las celdas tapiadas.

"Nuestra llegada fue terrible'', dijo Olga Morgan. "Cada vez que bajaba una nos caían a golpes, así te llevaban a rastro y a golpes por las escaleras. Varias quedamos seriamente lesionadas''.

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