Una economía ineficaz y dependiente

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Por CARMELO MESA-LAGO
Especial para El Nuevo Herald
Las tímidas reformas económicas introducidas en 1993-1996 promovieron cierta descentralización, expandieron algo el pequeño pero dinámico sector privado y originaron una recuperación parcial. Pero a pesar de sus efectos beneficiosos, las reformas fueron virtualmente paralizadas en 1996 y en el 2003 Fidel Castro inició una reversión de las mismas que aceleró en el 2004-2005 con medidas de recentralización económica y reducción del sector privado. El apoyo de Chávez permitió a Fidel rechazar las reformas que había aceptado a regañadientes para detener la crisis de los 90.
Después de la transferencia del mando a Raúl Castro en el 2006 éste prometió reformas estructurales y estimuló el debate sobre cambios económico-sociales más amplio y profundo bajo la revolución. Los economistas propusieron reformas que van desde una transformación de la propiedad a una mayor apertura a la inversión extranjera. Por el contrario, las medidas tomadas por Raúl son positivas pero pocas, de menor cuantía y orientadas al grupo de mayor ingreso: compra de móviles, computadoras, electrodomésticos y aperos de labranza en pesos convertibles, apertura de los hoteles de turismo a los cubanos, y estímulos a la producción agrícola por los campesinos privados.
Sólo la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo se aproxima a una reforma estructural pero se ha demorado y está lastrada por numerosas restricciones que reducen el incentivo para producir. El pago del salario por resultados se ha pospuesto por más de cuatro meses y algunas medidas anunciadas o esperadas no se han implementado como la eliminación de la dualidad monetaria; la legalización de la compraventa de viviendas; el aumento del trabajo por cuenta propia y autorización de pequeños negocios privados; la expansión de la inversión extranjera incluyendo la agricultura; la autonomía a los miembros de las cooperativas (UBPC) para decidir libremente que sembrar, a quien vender y fijar los precios de sus productos; la eliminación o transformación radical del acopio estatal; la terminación del racionamiento, y una mayor flexibilidad en la salida al extranjero. De hecho, después de los huracanes ha ocurrido una paralización o desaceleración del ritmo de las reformas, precisamente cuando estas son más urgentes y necesarias.
Fidel Castro ejerce un freno a los cambios a través de sus Reflexiones o boicoteándolas directamente. La posibilidad de seguir reformas al estilo chino o vietnamita que han generado un alto crecimiento económico y mantenido el control del partido comunista está descartada. Después de 50 años y a pesar de su deterioro físico obvio, Fidel Castro sigue controlando las decisiones clave en la economía y bloqueando el cambio fundamental necesario para la prosperidad de su pueblo.
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