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La frenética subversión internacional de Fidel Castro


El Che Guevara en 1965 en el Congo, donde ayudó a organizar un movimiento guerrillero.
El Che Guevara en 1965 en el Congo, donde ayudó a organizar un movimiento guerrillero.
Archivo MCT

Especial para El Nuevo Herald

Entre las organizaciones terroristas que se beneficiaron figuraron los separatistas vascos de España, y los nacionalistas de Irlanda del Norte, los tribeños Moro de Filipinas, el ANC de Nelson Mandela, la mafia marsellesa, las FARC de "Tiro Fijo'', las células comunistas de Bélgica, las Brigadas Rojas de Giangacomo Feltrinelli, los Macheteros de Puerto Rico, la Hizb-Allah, las Panteras Negras de Rap Brown, las transmisiones de Radio Free Dixie, dirigido por el afroamericano Robert Williams y santuario a, por lo menos, 84 fugitivos de la justicia norteamericana.

Es interminable el número de Estados latinoamericanos y africanos que fueron objetivos de Castro. Estados Unidos, Canadá, España, Inglaterra, Francia, Chipre, Turquía, Omán, tampoco escaparon al frenético trajín de su espionaje. Los actos de sabotaje en Beirut y en Kuwait, el terrorismo en aeropuertos europeos y en aviones en pleno vuelo de la El-Al, los atentados del Septiembre Negro palestino contaron con la asesoría de inteligencia de la DGI. Incluso, renombrados terroristas, como Abu Iyad, Abu Abbas, Carlos el Chacal, Mohamed Budiá, recibieron ayuda de Cuba.

Castro se involucró con casi todas las agrupaciones políticas africanas llamadas de liberación, armando a los radicales dedicados al derrocamiento de gobiernos autoritarios o elegidos, inmiscuyéndose en las luchas anticoloniales, entrometiéndose en guerra civiles en Sudán, Yemen del Sur, Congo Brazzaville, propulsando guerrillas rurales y urbanas latinoamericanas desde 1960.

Uno de los primeros escenarios fue el apoyo a los guerrilleros argelinos por su independencia, y el envío en 1963 de combatientes en el conflicto argelomarroquí. Asimismo, en 1964 estableció allí una base con 250 asesores, para entrenar latinoamericanos y africanos. En 1966, Castro organizó la Conferencia Tricontinental de movimientos armados y partidos de izquierda, para coordinar desde La Habana un frente común contra Estados Unidos. Allí se forjó la alianza con la OLP de Yasser Arafat y se asumió el antisemitismo que culminó con el envío de una brigada de artilleros a las Alturas de Golán, en 1973, durante la Guerra del Yom Kippur.

A simismo, en el Medio Oriente, su impronta en el Mar Rojo (Somalia, Etiopía y Yemen del Sur) complicó la carrera bipolar por el Océano Indico. Su aviación, además, descargó golpes letales en las fronteras con Omán y en Yemen del Norte.

Con los petrodólares de Muamar el Kadafi, Castro armó a Nicaragua y desestabilizó El Salvador, a cambio de buscarle armas de destrucción masiva al gobernante libio. Su relación con Saddam Hussein proviene de los primeros momentos del iraquí en el poder, cuando le brindó asesoramiento de inteligencia y brigadas cubanas construyeron las carreteras militares hacia la frontera con Irán, así como muchos de sus bunkers. En 1976 el Shah de Irán expulsó a la embajada cubana por conspirar con los comunistas iraníes prosoviéticos, (el IPP) para derrocar la monarquía. Luego Castro se acercó al ayatolá Jomeini, cooperando en el campo de la biotecnología, y en ocasión de su visita en mayo del 2001, aseguró que entre ambos pondrían a Estados Unidos de rodillas.

Sus brigadas armadas llevaron al poder al movimiento angoleño del MPLA y al PAIGC de Guinea Bissau y Cabo Verde, en el desierto etíope del Ogaden, en Eritrea, y sus unidades blindadas chocaron con las sudafricanas. Su aviación, en Angola, utilizó los gases VX y Sarin, así como el napalm. Los cubanos sirvieron de instructores militares en los campos de terrorismo de Argelia, Libia, Yemen, Chile, Líbano; fungieron como guardias pretorianas a mandatarios de las junglas tropicales, como Siaka Stevens de Sierra Leona, Sekoú Touré de Guinea, el sanguinario dictador guineano Francisco Macías Nguema, el chileno Salvador Allende, entre otros.

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