Enviados de Castro caen en la fiebre del consumo
CASTO OCANDO /El Nuevo Herald
CARACAS
Desde que llegó a Venezuela a mediados del 2005, Marta H. se sintió rápidamente acogida
en la pequeña localidad del occidente del país donde fue asignada junto a otras cuatro personas
como parte del programa de salud Barrio Adentro.
Entre consulta y consulta, Marta y sus amigas aprendieron en poco tiempo los beneficios de
vivir en un sistema con libertades económicas, pero sobre todo de la prodigalidad de los
venezolanos.
"La gente es muy abierta y hospitalaria, como en Cuba'', declaró Marta a El Nuevo Herald en
una entrevista en la que pidió no ser identificada por temor a represalias. "He conocido muchas
cosas de cómo vive la gente aquí y de sus ganas de vivir en libertad'', aseguró la cubana originaria de la provincia de Matanzas.
Las presiones de la estricta supervisión que los mandos cubanos ejercen sobre médicos, enfermeras y entrenadores de la isla en Venezuela se sienten permanentemente, según testimonios
recabados por El Nuevo Herald.
Pero lejos de las tareas de ideologización que se les atribuyó cuando comenzaron a inundar al
país en el 2003 con el inicio de las llamadas "misiones bolivarianas'', la principal preocupación
de muchos cubanos en Venezuela es hacerse de la mayor cantidad de bienes, sobre todo
electrodomésticos, productos de higiene personal y hasta alimentos enlatados, para llevar de
regreso a Cuba.
La fiebre consumista alcanza incluso a funcionarios de la legación diplomática de La Habana en
Caracas, que aprovechan al máximo la estadía en Venezuela para llenar los contenedores que la
embajada autoriza a enviar por mar a la isla.
Gracias al convenio entre los gobiernos de Venezuela y Cuba, a los cubanos que trabajan en las
‘‘misiones bolivarianas'' se les permite llevar de regreso una amplia lista de equipos
electrodomésticos y alimentarios por vía marítima, una oportunidad que todos aprovechan al máximo.
Marta dice que entre sus experiencias más memorables está ser la feliz propietaria de una
nevera y un horno de microondas gracias al ahorro escrupuloso de parte de los $200 que recibe como
salario mensual.
La venezolanización de los cubanos traídos al país por el gobierno del presidente Hugo Chávez
ha significado un choque cultural y es un fenómeno que podría tener repercusiones para el futuro
de la isla, aseguran analistas y observadores.
Aunque no ha sido la primera vez que cubanos "internacionalistas'' se han interrelacionado con
otros países y culturas, como Angola y Mozambique, en Africa, y Nicaragua en América Latina, la
presencia cubana en Venezuela ha sido la mayor en tiempos de paz desde que Fidel Castro asumió el
poder en 1959.
Para el historiador y columnista venezolano Antonio Sánchez García, es innegable el efecto que
ha tenido en Cuba "la llegada de más de 100,000 cubanos a Venezuela durante los nueve años de
chavismo''.
"El efecto contagioso ha sido contrario al buscado por las autoridades de ambos países: no ha
sido Venezuela la que se ha contagiado de revolución. Han sido los cubanos lo que han recibido una
dosis mortal de democracia, libre mercado y libertad'', detalló Sánchez García, autor del libro
Dictadura o Democracia: Venezuela en la encrucijada.
La adopción del estilo de vida venezolano por parte de cubanos "es un fenómeno que vemos
continuamente'', dijo Julio César Alfonso, presidente de Solidaridad Sin Fronteras (SSF), una
organización que ayuda a médicos cubanos a desertar de Venezuela.
"Los cubanos que vienen de Cuba vienen de un mundo aparte y el llegar a un país como Venezuela
es una ventana de escape de ese medio claustrofóbico. Esto los lleva en muchos casos a cambiar de
mentalidad radicalmente'', dijo Alfonso, cuya organización ha ayudado a centenares de médicos a
establecerse en Estados Unidos.
A pesar de que en Venezuela "se vive un clima de creciente dictadura'', explicó Alfonso, los
cubanos que participan en las misiones bolivarianas en Venezuela "se sienten un poco libres de la
presión ideológica que traen de Cuba y se dan cuenta de lo absurdo de la doctrina comunista cuando
comienzan a interactuar con el medio venezolano''.
Alfonso aseguró que el fenómeno ha generado un creciente número de parejas cubano-venezolanas,
una tendencia que La Habana se ha obligado a aceptar a regañadientes.
Entre los numerosos casos procesados por Alfonso a través de SSF hay también casos de cubanos
que pasan abiertamente del comunismo cubano al "capitalismo a la venezolana''.
Ese es el caso de Miguel Jiménez, un experto en medicina deportiva que llegó al estado oriental
de Anzoátegui en 2003, para trabajar de asesor en el Instituto Nacional de Deportes (IND).
El primer choque cultural que sufrió Jiménez fue descubrir cómo los empleados de organismos
oficiales expresaban sus desacuerdos en forma abierta.
"Los venezolanos aceptan mucho la disensión, tu puedes disentir, y eso es un choque terrible
para el cubano porque no está acostumbrado'', explicó Jiménez.
Al poco tiempo de llegar, dijo Jiménez, ya comía arepas y comenzaba a incorporar a su
léxico expresiones típicas del país.
"Cuando le pedí una cuchara a una dama durante una fiesta en un barrio todo el mundo
comenzó a chalequearme [burlarse]'', contó Jiménez, explicando el doble sentido que
tiene la palabra "cuchara'' en el argot popular.
En el 2005 conoció a una venezolana, con quien se casó, y comenzó a trabajar en una
clínica privada en Caracas. Comenzó a hacer planes de establecer su propia clínica
deportiva cuando le llegó una carta de aceptación de la embajada estadounidense en
Caracas para venir a Estados Unidos.
"La gente no se esperaba que se produjera esta influencia del medio venezolano sobre
el cubano asignado a una misión. Y esto pudiera tener muchas lecturas y repercusiones
diferentes en el futuro'', comentó Jiménez, quien vive en Miami desde junio del 2007.
Las consecuencias del fenómeno tienen ya algunas expresiones en funcionarios
oficiales cubanos asignados a Venezuela.
El coordinador cubano del plan para construir un complejo azucarero en Barinas, un
proyecto que fracasó y estuvo bajo investigación por corrupción administrativa, terminó
casado con una venezolana y actualmente vive en la capital del estado natal del
presidente Chávez, "disfrutando de un nivel de vida que jamás tendría en Cuba'',
informó a El Nuevo Herald una fuente militar familiarizada con la investigación.
Funcionarios diplomáticos cubanos y médicos que cuentan con conexiones especiales
frecuentan las llamadas zonas francas de Venezuela, como Isla Margarita y la Península
de Paraguaná, en el occidente del país, para adquirir electrodomésticos a bajo precio, y
los envían por barco a la isla.