Las fallas en nuestra democracia
DANIEL SHOER ROTH
David derrotó a Goliat.
La alfombra estaba tendida por la Comisión de Miami para que tres rascacielos bloquearan la vista desde los jardines del palacio Viscaya, esa joya de estilo renacentista que como museo le da un cachet especial a Miami.
Un tribunal de apelaciones de Miami-Dade enrolló el lunes la alfombra alegando lo que muchos sabíamos: el proyecto no está en sintonía con las leyes de zonificación ni con el espíritu del apacible vecindario donde se levantaría.
Si bien la decisión es una victoria vecinal gracias al empeño de un puñado de padrinos del museo con recursos para presentar batalla, el episodio nos abre la ventana a algo más profundo: los comisionados municipales y los condales a veces tienen tanto poder que sólo las cortes pueden enmendar decisiones que van en detrimento del interés colectivo.
Control, control, control, así se define la estructura de gobiernos locales en la zona metropolitana.
El ejemplo reciente más desconcertante fue la bendición de la Comisión de Miami-Dade para expandir la frontera del límite urbano pese al veto del alcalde fuerte (¿fuerte?), así como la oposición del Departamento de Zonificación y Planificación de Miami-Dade, que efectivamente sabe más de urbanismo que los comisionados, y del Departamento de Asuntos Comunitarios de la Florida.
''La comisiones tienen un poder aplanador'', me ratificó el ex alcalde de Miami Maurice Ferré. ``La única forma de parar sus abusos es a través del sistema de tribunales, y si se debe depender de éste para la buena función del gobierno, entonces el gobierno es malo''.
A diferencia de otras grandes urbes de Estados Unidos, en el condado Miami-Dade y la Ciudad de Miami, los poderes ejecutivo y legislativo no están bien distribuidos, aunque en el caso de las torres aledañas a Viscaya el desbalance no es conflicto, pues el alcalde y los comisionados van tomados de las manos.
El problema es que en nuestro sistema democrático centrado en una entidad gobernante (la Comisión), los comisionados están divididos por distritos --13 en el condado y 5 en el municipio-- y cada uno responde primordialmente a sus electores, no a la comunidad como un todo, me explicó Murray Greenberg, un ex abogado condal y un veterano de la administración pública.
Con razón algunos consiguen la reelección abrumadoramente, creando fuerzas tan poderosas que no permiten el avance de otros aspirantes, a menos de que se retiren.
''Hay buenos comisionados que han durado mucho tiempo, y hay otros comisionados que también han durado mucho tiempo'', precisó Greenberg al argumentar que los puestos a la Comisión deben ser elegidos por todos los votantes, como ocurría antes de 1992.
Tanto Ferré como Greenberg, y otros líderes cívicos, integran el Panel de Revisión de la Carta Constitutiva del condado que ha formulado 18 recomendaciones de cambios, entre ellos uno que busca la reestructuración de la Comisión de Miami-Dade.
Paradójicamente, las recomendaciones del panel deben ser aprobadas por los mismos comisionados y no por el electorado, como ocurre en Broward.
¿Alguien cree sinceramente que los comisionados van a votar a favor de que las recomendaciones se propongan directamente en la boleta electoral, como lo sugiere este panel?
Claro que no.