El conductor de uno de los 'camellos' de La Habana chequea el motor antes de comenzar su ruta. Javier Galeano / AP
Se anticipa que el último camello quedó fuera de servicio en La Habana el domingo por la noche. Javier Galeano / AP
Al igual que los automóviles antiguos que se ven en Cuba, los camellos son característicos de la isla. Lo que carece de atractivo lo compensa con su capacidad en el número de pasajeros.
"Nosotros podemos cargar 200, 300, hasta 400 personas, la guagua [autobús] no'', comentó la conductora Estela Doira. "Estamos de lo más contentos pero a la vez tristes porque el camello resuelve mucho más que la guagua''. Javier Galeano / AP
El camello nació como respuesta a la escasez de combustible a principios de los años 90, cuando la Unión Soviética se desintegró y Cuba perdió un subsidio anual de unos $6,000 millones. Desde entonces la economía se ha recuperado algo gracias a los fuertes préstamos de China y los casi 100,000 barriles de petróleo diarios que suministra Venezuela. Javier Galeano / AP
Los cubanos bromean que los camellos son más subidos de tono que el cine el sábado por la noche: sexo y delito, carteristas y toqueteos. Las conversaciones se entrecruzan y alimentan el molinillo de los rumores: Fidel Castro está muerto. No, espera, está recuperado; pasó el fin de semana en la playa. El peso se fortalecerá frente al dólar. O quizás será reemplazado por una nueva divisa. Javier Galeano / AP
El camello, llamado así por su frente y tren trasero encorvados, es eclipsado por miles de autobuses urbanos nuevos procedentes de China, en momentos en que el gobierno encabezado por Raúl Castro trata de resucitar un sistema público de transporte al borde del colapso. Javier Galeano / AP
Estela Doira (centro) recoge los tickets de los pasajeros de un 'camello' de La Habana. Javier Galeano / AP
Cuba ha invertido $2,000 millones para mejorar el transporte público y ha importado 3,000 autobuses modernos para la capital solamente. Los Yutong son menos robustos que los camellos y se están repavimentando las calles para evitarles desgaste. El pasaje cuesta el doble que el del camello pero ofrecen mucho más asientos y un viaje menos accidentado. Los pasajeros pueden ascender y descender fácilmente, lo que agiliza el recorrido. Javier Galeano / AP
Fuera de la capital, los camellos están lejos de haberse extinguido. El gobierno tiene una flota de más de un millar en la isla y los de La Habana podrían utilizarse para aumentar el servicio en el resto del país, dicen empleados del transporte. Javier Galeano / AP