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Casas de socorro

En la Cuba de ayer, antes que Castro impusiera el comunismo totalitario, los gobiernos anteriores, a pesar de tener un presupuesto nacional de unos pocos millones de dólares con muchas filtraciones, lograron hacer de Cuba una de las naciones más prósperas y modernas de Latinoamérica. La realidad era que a pesar de todos los problemas internos, los cubanos vivían alegres y nadie quería salir de Cuba. Pero eso sí, muchos extranjeros querían entrar y quedarse. En el paraíso socialista de hoy todos quieren salir y nadie quiere entrar.

La gran mayoría de los cubanos no tenía casa propia, ni automóvil ni seguros de ninguna clase; sin embargo, eran libres, se movían por todas partes sin pedirle permiso a nadie en un sistema de transporte público mejor que el de aquí, los pobres comían más o menos bien, y el pueblo tenía acceso a la atención médica a través de las casas de socorro del gobierno, las clínicas regionales privadas, bien baratas por cierto, ya que sólo cobraban de 3 a 5 pesos mensuales, y el médico a domicilio, que no ejercía la profesión como un negocio.

Si mal no recuerdo, las casas de socorro en Cuba eran simples dispensarios médicos, muy sencillos, distribuidos por todos los barrios, que daban atención médica gratuita de primeros auxilios a cualquier persona que la necesitara.

Quizás los miembros de la administración del presidente Barack Obama, responsables de reestructurar el plan nacional de salud, sin cambiar lo que funciona del sistema actual para ciertos sectores de la sociedad, pudieran evaluar muy seriamente, como un paso inicial, la posibilidad de llevar a la población más necesitada un tipo de casas de socorro o dispensarios médicos como un suplemento básico de atención médica simple y directa a la población más necesitada y una alternativa menos costosa a la inversión de billones de dólares en seguros y hospitales tan sofisticados que tienen que cobrar más de veinte dólares por una aspirina para poder seguir funcionando y a los que no tienen acceso las personas pobres que carecen de seguro de salud.

Estas casas de socorro o dispensarios médicos, distribuidos en las áreas más necesitadas de las poblaciones urbanas y rurales, no necesitan edificios de lujo con los equipos más sofisticados. Son suficientes casas alquiladas, edificios viejos remodelados para dar nueva vida a deteriorados vecindarios, etc. Médicos y enfermeras contratados o voluntarios, alumnos de último año de las escuelas de medicina y enfermeros que reciban créditos como asignaturas independientes por su trabajo práctico voluntario. Equipos médicos y medicinas genéricas donadas por los hospitales y las grandes industrias farmacéuticas. En realidad, la infinidad de variantes quedan abiertas a la imaginación de las mentes fértiles de esta gran nación que no estén carcomidas por la ambición de lucro a expensas del más necesitado.

Orlando Rodríguez Alvarez

Tampa

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