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Una cartilla de sentido inextricable

Fue en el año 1962 que llegó la libreta ``de abastecimiento'' a nuestras manos cubanas y nunca pensamos que tuviera tan larga vida porque el mismo que la creó, el comandamte en jefe, declaró que la medida era provisional, hasta que la superabundancia del socialismo la hiciera obsoleta.

Pero lo que pasó fue todo lo contrario y, como todas las cosas que creó la mente enrarecida del comandante, la libreta se fue haciendo cada día más necesaria, en la medida en que la situación empeoraba a ojos vistas y todos los artículos de primera necesidad comenzaron a escasear. Y cuando ya no había ni papel sanitario y todos usábamos el periódico del partido comunista, el Gramma, para ciertas necesidades, comenzamos a darnos cuenta de que aquella libreta se había convertido en una cartilla de racionamiento y era, como todas las demás cosas, como los comités de defensa de la revolución y las milicias, una de las armas más siniestras y afiladas de la revolución. Así las cosas, de las escaseces y la bolsa negra pasamos a la miseria, y de esta a la desesperada situación del periodo especial, cuando ya la libreta se había hecho un símbolo prepotente y trágico de nuestra vida naciona.

De todas formas debo confesar que, para mí, aquella cartilla fue siempre y a pesar de los años que la usé, un documento inentendible e inexplicable y, por más que la miraba, nunca pude desentrañar el valor lógico y semántico de sus anotaciones, como si esta fuera un papiro del antiguo Egipto o una tablilla de Hammurabi o del imperio babilónico.

Y como sé que ya no la veré más, quisiera haber traído alguna al exilio para seguirla estudiando y para ver si, algún día, descubro su significado más profundo y sus laberínticas anotaciones de un sistema que nada tiene que ver con la razón y con el sentido común de la humanidad.

Jorge Menéndez

Miami

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