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Justicia a la cubana

Todos los cubanos conocenos bien los juicios en Cuba que, desde la Sierra Maestra, han sido sumarísimos, con veredictos ya dictados y sin que las figuras del juez, los abogados o los fiscales determinen nada. Así fueron los fusilamientos y las largas condenas de los primeros años, así continuaron los juicios de la UMAP, de ``la limpia del Escambray'', y así han seguido por medio siglo, incluyendo el reciente fusilamiento de 3 jóvenes negros juzgados en menos de 48 horas y, como todos, sin ninguna garantía procesal. En este caso mencionado por Wilfredo Cancio Isla en A juicio figuras cercanas a Lage [ver portada, 18 de octubre] no cabe duda de que estamos ante la preparación de un show.

Cuando el gobierno quiere ``presentar'' un caso para consumo exterior únicamente el teatro de Broadway puede comparársele. Se monta un decorado con jueces, fiscales, abogados, se ``permite'' la prensa y los acusados entonan un mea culpa entre lágrimas y peticiones de perdón a la revolución, lo suficiente para que los periodistas trasmitan al mundo su convencimiento de que se está haciendo justicia. Una vez que los ``culpables'' quedan en manos de la ``justicia'' revolucionaria serán usados según los intereses de ese momento ya sea involucrando a la CIA, para ``limpiar'' a los comandantes como en el caso Ochoa, o en este caso a saber qué se pretende, si involucrar al goberno vasco, a los servicios de inteligencia españoles, justificar las destituciones de importantes funcionarios, etc.

De que todos los acusados se declaren culpables se encargarán los interrogadores a cargo, ya sea con promesas de que nada les pasará si se aprenden el libreto (recuerden a Ochoa) o por otros medios. No en balde dice el artículo que Hernández y Castellón Lage están incomunicados en Villa Marista desde febrero y marzo. Estoy seguro que no están de vacaciones.

Los cubanos hemos vivido en carne propia miles de casos, pero yo insto a todos a que vean el film francés (basado en un hecho real) L'Aveu (La confesión) de 1970, dirigido por Costa Gavras con Yves Montand y Simone Signoret. Es escalofriante y es lo que se ha vivido en todos los países comunistas.

Osvaldo Hernández

Hialeah

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