ALEJANDRO ARMENGOL: Adelante, adelante, ¿adelante?
Nunca hay límites para la ultraderecha de esta nación, y menos para los exiliados cubanos que la imitan y apoyan.
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Mientras el exilio cubano continúa empecinado en la bipolaridad castrismo-anticastrismo, quienes rechazan el régimen en Cuba han ampliado sus fronteras, abierto nuevas vías al debate y transformado el panorama opositor. Esta transformación ha ocurrido tanto en los terrenos del análisis y la información como en el alcance y la prontitud de las denuncias. Estos cambios obedecen a diversos factores –algunos originados por el propio gobierno cubano, otros debido al avance tecnológico y en menor medida gracias a las reducidas modificaciones de actitud hacia el caso cubano en Washington–, aunque todos coinciden en un denominador común: la poca o nula influencia de Miami, que ha evolucionado de factor beligerante a fuente de suministro, y de motivo de preocupación para la Plaza de la Revolución a barraca de visitantes.
Nunca hay límites para la ultraderecha de esta nación, y menos para los exiliados cubanos que la imitan y apoyan.
La bipolaridad es una de las tragedias del exilio cubano.
Mientras el anticastrismo tradicional de Miami ve al populismo de izquierda latinoamericano como uno de sus peores enemigos, saluda entusiasmado a cualquier movimiento en Europa con iguales características de movilización popular, pero de ideología derechista.
Entre la denuncia de actos represivos y el anuncio de planes o propuestas de unidad transita el estancamiento del movimiento disidente en Cuba.
El tema migratorio ha sido “la noticia” dentro de una entrevista realizada por Salim Lamrani a Ricardo Alarcón. El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba no dice nada nuevo al respecto y se sabe que estaba frente a un entrevistador nada hostil sino todo lo contario. Sin embargo, la difusión inmediata que tuvo el texto dado a conocer el viernes pasado –una versión en inglés, publicada el 31 de marzo en el Huffington Post fue apenas conocida– evidencia una vez más la importancia del asunto. Puede afirmarse, en este sentido, que la entrevista de Lamrani actúa no sólo como fuente de información, sino también como globo de sondeo.
El burócrata es culpable de gran parte de los males que afectan a la economía cubana, según Raúl Castro. La burocracia limita que la “actualización” del supuesto modelo socialista cubano avance con mayor prontitud. Eso es lo que se desprende de los pocos discursos del gobernante, pero sobre todo de la prensa oficial de la isla. Pero cabe preguntarse cuánto beneficia al país, e incluso al propio régimen –más allá de tener a mano un socorrido chivo expiatorio– esta apelación constante a un culpable que, en última instancia, ni siquiera existe como tal.
Un joven sale de su casa, a comprar cigarrillos a la esquina, y un auto policial se le acerca, lo detienen y por 24 horas permanece en el calabozo, sin causa alguna en su contra, solo para dar tiempo de que termine la visita papal. Transcurrido ese tiempo lo ponen en libertad. Sacan a un hombre de la plaza donde Benedicto XVI está a punto de comenzar una misa en Santiago de Cuba, por gritar “Abajo el comunismo”, y mientras es llevado fuera del lugar varias supuestos feligreses lo golpean con impunidad. Alguien que viste una guayabera blanca le da un golpe en la cabeza y sigue allí de pie, impune, como si simplemente lo hubiera saludado. Un miembro de la Cruz Roja no sólo le da en la cara, sino que también lo agrede con la camilla, un objeto cuyo destino es trasladar heridos o enfermos, no servir como arma agresora. Del totalitarismo de Fidel Castro al autoritarismo de Raúl, la represión en Cuba está tornándose caótica y amenaza con volverse incontrolada.
Una vez más, los legisladores de la Florida confunden su función e intentan jugar en las “Grandes Ligas” políticas de la nación. Ese afán republicano –y no me refiero en este caso al partido político sino al deseo de fundar y creerse república independiente– reaparece con notable énfasis en Tallahassee, no por desconocimiento de las leyes sino como escalera fácil para mantenerse en el candelero.
Los cubanos nos hemos destacado en agregar una nueva parcela al ejercicio estéril de ignorar el debate mediante el expediente fácil de ignorar los valores ajenos. Aquí y en la isla nos creemos dueños de la verdad absoluta. Practicamos el rechazo mutuo, como si sólo supiéramos mirarnos al espejo y vanagloriarnos.
La pregunta sobre si el socialismo es reformable admite más matices en las respuestas actuales que hace algunos años, pero continúa encerrando un núcleo básico negativo.
A comienzos del mandato del general Raúl Castro, cuando todavía se especulaba sobre la vuelta de Fidel Castro al poder y el uso de los términos pragmatismo y reforma albergaban una ligera esperanza –vaga, ingenua y confusa, es cierto, pero al mismo tiempo una pequeña ilusión casi desesperada– comenzó a circular el rumor de que era casi inminente la celebración de una nueva reunión, al estilo de las conferencias anteriores, tituladas pomposamente “Nación y Emigración” y celebradas en La Habana, pero que ahora sí por fin tendrían una agenda más completa y una participación amplia. El rumor, que nunca trascendió más allá de estrechos círculos, murió casi al nacer. En su lugar, se llevó a cabo en Cuba uno de tantos encuentros en que los de siempre –conocidos como “el coro” incluso entre las esferas del poder castrista– acudieron a la cita y recitaron la monserga de “abajo el bloqueo” y “liberen a los cinco héroes antiterroristas condenados por el imperio”. Otro fin de una ilusión y una nueva espera. Ahora el gobierno de La Habana “convoca” a lo que será un selecto grupo de cubanos residentes en Estados Unidos, y el escueto anuncio parece destinado a dejar claro que no tienen cabida nuevas ilusiones.
Ningún gesto propagandístico momentáneo, y el indulto decretado por el gobierno de Raúl Castro en buena medida lo es, puede opacar que en Cuba es imprescindible llevar a cabo una revisión de las leyes migratorias, que se encuentran entre las principales que rigen la existencia cotidiana en la isla.
La hija del ex presidente peruano Alberto Fujimori y candidata presidencial Keiko Fujimori recomendó hoy al escritor Mario Vargas Llosa no hacer "afirmaciones con odio y resentimiento"...