Decididamente, las espectaculares producciones de Zeffirelli realzan cualquier obra, y en especial, un cuento de hadas como Turandot, de Puccini. Sin duda el vehículo ideal para que el genial italiano diera rienda a su imaginación. Aunque se trata de una creación de 1987 --con algunos cambios--, en la transmisión en vivo que hiciera el Metropolitan a miles de cines del país y del mundo, pudo apreciarse que no ha envejecido nada, porque tanto los que asistieron al teatro, como los que la vimos en algún cine --en mi caso, el Regal de Miami Beach-- quedamos cautivados con el esplendor, la creatividad del montaje y la coreografía (de Chiang Ching).