Woods, el prodigio que acercó el golf al resto de los hombres

06/17/2008 6:11 PM

06/18/2008 9:25 PM

D icen que el éxito de un deporte puede medirse en la medida que llega a sectores que tradicionalmente le dieron la espalda y eso está sucediendo ahora mismo con el golf, que alcanza nuevas dimensiones de popularidad nunca antes vistos.

Pero esta explosión no nace por obra y gracia del deporte mismo, sino que lo hace sobre las espaldas de una figura que ha traspasado todas las convenciones posibles para convertirse en un ícono, aunque muchos no sepan por qué.

Todos conocen a Tiger Woods. Es omnipresente en los medios de difusión como omnipotente en los trazados llenos de hoyos. Parece estar en todas partes, con su sonrisa brillante que es la codicia de los vendedores de pastas dentales y su rostro impecable que cortejan los fabricantes de perfumes, así como los manufactureros de cremas de afeitar.

Es es el atleta profesional mejor pagado del mundo. Solamenten el año pasado sumó a su cuenta un estimado de $122 millones y de acuerdo con la revista Golf Digest, percibió la impresionante cantidad de $769,440,709 de 1996 al 2007 [4]. Esa misma publicación predice que para el 2010 se convertirá en el primer atleta de todos los tiempos que superará el billón de dólares en ganancias.

Estos son, sin duda, atributos que hacen de Woods una figura atractiva y un imán publicitario, pero nada de lo anterior habría sucedido si debajo no existiera como cimiento la maestría del mejor golfista que jamás ha pisado la tierra.

Woods ha ganado 14 grand slams -torneos mayores- y suma más triunfos en el tour de la PGA que ningún otro golfista en activo. Ningún otro ha llegado a ganar 50 torneos más rápido que él, ni se ha mantenido en la cima del ránking 500 semanas de manera consecutiva.

Su desempate con Rocco Mediate, que le sirvió para conquistar su tercer Abierto de Estados Unidos, le reafirmó en el puesto número uno, a donde llegó en junio de 1997 luego de desbancar al legendario Greg Norman.

Y todo esto con sólo 32 años.

Al igual que Michael Jordan en el básquetbol y Muhammad Alí en el boxeo, Tiger es el alfa y la omega, la brújula que indica el paso y el rumbo. Así como le vaya a la estrella, así le irá al deporte.

Sus logras son más impresionantes aún si se toma en cuenta que el trasfondo racial de Woods es tan amplio como puede serlo una asamblea de las Naciones Unidas: su padre es de raíces afroamericanas, chinas y aborígenes de Estados Unidos. Su mamá es de natural de Tailandia con vestigios holandeses.

Con esa fuerza sobrehumana de su talento y su personalidad avasalladora, Woods -que es un budista convencido- ha sido capaz de abrir las fronteras de un deporte que la mayoría consideraba elitista, absurdo y lejano.


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