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Al cubano Robles le cuesta disfrutar de su oro olímpico

PEKIN

La pregunta de rigor se hizo en el mayor de los silencios dentro de la sala de prensa: ¿por qué Dayron Robles apenas celebró su triunfo formidable en los 110 metros con vallas del atletismo olímpico.

El cubano, que ha impresionado a todos aquí por sus respuestas de aire filosófico, tardó unos segundos en responder.

"Ni yo mismo sé explicármelo'', afirmó el nuevo campeón y recordista mundial que paró el reloj en 12.93 segundos. "Han sido tantos años de sacrificio y esfuerzo. Tanta la concentración dentro de mi mismo...Todavía no me ha dado por celebrar. A lo mejor mañana...".

En el fondo, Robles sabía que la carrera sería la crónica de una victoria anunciada ante la ausencia de sus dos grandes rivales, el chino Liu Xiang y el norteamericano Terrel Trammell, primero y segundo puestos en Atenas 2004.

Robles hizo que la carrera pareciera un paseo por el campo, a pesar de los intentos desesperados de los norteamericanos David Payne y David Oliver, y de otro grupo de atletas que pasaron de inmediato a los cofines del olvido.

"He sentido la ausencia de Liu, porque es un guerrero'', exclamó el antillano. ‘‘Espero que se recupero pronto. Quedan muchas batallas por delante y no pienso librarlas solo''.

Con un paso seguro y un ritmo certero de salto sobre cada valla, Robles transitó por la pista del estadio Nido del Pájaro con una fuerza y pasión que luego no mostró cuando cruzó la meta.

Fue el reverso perfecto del jamaicano Usaín Bolt, quien ha celebrado con golpes de pecho, bailes, exclamaciones de triunfo antes de correr. Y durante la conferencia de prensa pareció más un profesor que imparte una clase de manera aleccionadora que un campeón que estuvo a seis centésimas de batir su propia marca.

"He tomado las cosas con mucha calma, con mucha relajación'', reflexionó Robles, que tardó para darse cuenta que el ovacionado por los 91,000 fanáticos reunidos en el estadio no era otro que él mismo. "No siento euforia, todavía...".

Con una confianza producto de una fé en si mismo enorme y de sus innegables progresos, Robles parece todo menos un corredor de primer nivel mientras habla ajustándose sus espejuelos y dejando que un crucifijo de oro se le vea alrededor del cuello.

El no quiere aceptar que corrió contra él sólo y empieza a desgranar comentarios sobre lo difícil de su prueba, de la técnica imprescindible, de sus sueños rotos en carreras anteriores en las que pensó estaba preparado para ganar.

"En esta prueba se han visto muchos casos que han ido a tremenda velocidad y han chocado con la última valla'', recordó el cubano. "Uno tiene que ser preciso, porque cuando aprieta el paso, hay viene de nuevo otra valla. Te puedes ver en el piso en instantes''.

Pero ese no es su caso.

"Es que estaba confiado en que iba a lograr esta medalla'', reveló como un niño al que se le anuncia una fiesta de cumpleaños. "No vine a buscar ningún récord. La pista estaba mojada y no iba a hacer nada exuberante. No había motivo''.

Y los tenía todos.

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