Entrevista con Ang Lee
Vacas, música, sexo y hippies en la pantalla grande
By CHARLES COTAYO
ccotayo@elnuevoherald.com
Fue el concierto de conciertos en la Era de Vietnam: Woodstock, 1969, el año en que el hombre llegó a la Luna, la época de los Vuelos de la Libertad entre Cuba y Miami, la de los estudiantes que quemaban sus tarjetas de reclutamiento en acaloradas protestas contra el establishment, y el apogeo de los hippies y su símbolo de la paz.
"Los años 1969 y 2009 son tiempos sumamente diferentes, en particular en su música. Si tuviera que encontrar alguna similitud sería esa energía fresca de la juventud, que anhela un cambio [en la sociedad] y lo está logrando'', afirmó el cineasta taiwanés Ang Lee en entrevista con El Nuevo Herald desde Nueva York. ``Lo que me viene a la mente es la elección de [el presidente Barack] Obama''.
Lee cuenta una anécdota al respecto, ocurrida cuando precisamente estaba editando Taking Woodstock, su nueva película que llegó a los cines del sur de la Florida el 28 de agosto, celebrando el cuadragésimo aniversario de un suceso cultural mítico de proporciones épicas que reunió en una finca en Bethel, Nueva York, a multitudes atraídas por la electrizante música rock que resonó como un himno de rebelión alrededor del planeta.
"Recibí una llamada telefónica de mi hijo menor, Mason, desde Washington D.C., el día de la toma de posesión de Obama. Le dije: `¿Cómo llegaste hasta ahí, si ni siquiera se puede entrar? ¿Cuál es el propósito?' Su respuesta fue interesante: `Es como ir a Woodstock. Es un evento histórico y es importante que participemos en él'. Esa enérgica [determinación] me conmueve''.
No obstante, Lee asevera que ``hoy día nuestros hijos son muy distintos a los baby boomers de aquella época: la inocencia se ha perdido''.
"Las semillas que aquellos jóvenes plantaron en la política, el medio ambiente y la cultura se hicieron con mayor [intensidad]'', subraya.
Taking Woodstock es una ligera adaptación del libro autobiográfico de Elliot Tiber (personificado en el filme por el comediante Demetri Martin). De ascendencia judía, Tiber abandonó su carrera de diseñador en Greenwich Village y se mudó para el motel que sus padres manejaban en los Catskills de Nueva York, donde se enteró de que un concierto de rock que iba a realizarse en un pueblo cercano había sido cancelado.
El ambicioso joven logró comunicarse con los productores y les ofreció los alrededores del motel para el concierto, pero el lugar resultó ser un pantano. La otra opción fue convencer a Max Yasgur, propietario de una finca vecina, que les alquilara a los empresarios musicales el área de pastoreo de sus más de 400 vacas.
El resultado de esas memorias es una de las más sobresalientes películas del 2009 --que pudiera ser menospreciada por algunos que no conectan con su ritmo pausado-- y que nos transporta, con su temática universal --la lucha por la supervivencia económica, la liberación sexual y la realización de sueños casi imposibles-- al Festival de Música y Artes Woodstock en una nostálgica máquina del tiempo.
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