'Amelia', por todo lo alto
By RENE JORDAN
Crítico de cine/El Nuevo Herald
Amelia Earhart, ícono de una era, desapareció sobre el océano antes de cumplir los 40 años, pero en su diaria intensidad atravesó felinas siete vidas. El filme de Mira Nair las comprime en dos horas de biografía y no de hagiografía, porque Earhart nunca aspiró a la santidad, pero sí a la libertad de quien fue, sin duda alguna, pionera del feminismo y profeta en su época.
Desde niña, su obsesión fue volar y en sus escritos se llamó ``vagabunda de los cielos'', en perenne rebeldía contra las ataduras para una mujer en su estrecho mundo. George Putnam casi inventó el panorama de las Relaciones Públicas para consagrarla como ídolo de las multitudes. Redactó columnas e los periódicos, publicó libros y fue árbitro del gusto popular promocionando modas, maletines, electrodomésticos. Ella odiaba este rol asignado por Putnam, su creador, pero sus proezas aéreas requerían dinero y más dinero para aeroplanos de último modelo y ríos de combustible en trayectos récord.
Putnam fue su Pigmalión y Galatea accedió a casarse con él, pero sin votos de obediencia y fidelidad. Putnam (Richard Gere) la compartió con Gene Vidal (Ewan MacGregor), en singular menage-a-trois a distancia, permisivo y sin reproches.
Amelia logró imponer a su amante Vidal para el puesto de Comisionado de Aviación, dándole acceso a disímiles, costosos proyectos. En una escena inspirada en sucesos de la época, Earhart consigue de aliada a Eleanor Roosevelt (Cherry Jones) cediéndole el timón de su aeroplano en una feria.
El guión de Ron Bass y Anna Hamilton Latham no teme revelar cómo la aviatriz se aprovechó de su influencia bajo el signo del dólar, hasta realizar su sueño de cruzar, como Lindbergh, el Atlántico, sola en la carlinga de su aparato. A partir de entonces fue la glamorosa Lady Lindy, Su inestabilidad emocional osciló entre Putnam y Vidal, padre del escritor Gore Vidal, a quien Amelia prohijó cuando niño.
Es sólo en sus últimos minutos antes del último trayecto que Amelia descubre ante el micrófono el íntimo misterio de amar a su manera. Hilary Swank, con su prominente dentadura y silueta andrógina, tiene fantasmal parecido con la heroína, que Mira Nair subraya intercalando noticieros de la década de los años 30. No obstante sus dos Oscar previos, ésta es la primera gran actuación de Swank y la música de Gabriel Yared la acompaña en cada aventura como aureola celestial.
El trabajo de Gere y McGregor es notable, pero la mejor actuación masculina es la de Christopher Eccleston como Fred Noonan, el fiel copiloto que se esfumó con Earhart en la postrer etapa de la incompleta vuelta al mundo. Medio borracho en un bar, Noonan/Eccleston le confiesa a Amelia que siempre existió al margen, como observador de un triángulo impenetrable. Es el momento cumbre de una película que tiene muchos.
El Nuevo Herald se complace en ofrecerle a sus lectores la oportunidad de compartir experiencias e intercambiar observaciones sobre lo que publicamos diariamente en nuestra edición digital.
Los instamos a participar en nuestros debates de manera abierta y franca, pero sin hacer juicios hirientes o fuera de orden. Nos reservamos el derecho a eliminar las opiniones que no cumplan estas normas. Algunos de las comentarios que usted hace pueden ser reproducidos en el diario impreso o en otras páginas de nuestro sitio.
Muchas gracias por compartir sus puntos de vista.
Para hacer comentarios debe registrarse en elNuevoHerald.com la primera vez. Lo que escriba estará debidamente identificado con su nombre de usuario. ¿Todavía no se ha registrado? Clic aquí -- para hacerlo ahora mismo.
Más Cine
Videos





















Mi Yahoo