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'Coco Before Chanel', un ensayo vistoso

Crítico de cine/El Nuevo Herald

La vida y profanos milagros de Gabrielle ``Coco'' Chanel dan material inagotable para glamorosas ficciones. Katharine Hepburn la interpretó (muy mal) en un musical de Broadway; Shirley MacLaine cortó unos pedacitos en reciente telefilme; Marie France Pisier se extasió ante columnatas en Chanel Solitaire, infumable melodramón de 1981. Vuelve a invocarse el fantasma en nueva sesión espiritista con la ouija manipulada por la guionista/directora Anne Fontaine.

Coco Before Chanel traspapela los primeras páginas de esta novelesca historia. Crece abandonada en un orfelinato, cuando sale se dedica a cantar en dúo cabaretero con su hermana y uno de sus populares numeritos la bautiza como Coco. Dubita entre asumir la profesión de cortesana, pero de la tentación la salva el acaudalado admirador Etiene Balzan (Benoit Poelveroode), a cuya mansión la atrevida se muda sin invitación. Primero, el mecenas la limita a comer en la cocina con la servidumbre, pero ella se cuela en sus elegantes soirées y fascina a los invitados con su aguda inteligencia. Tenía el futuro asegurado cuando Balzan se rinde y le propone matrimonio, pero se le va con Boy Capel (Alessandro Nivola), aristócrata inglés que pone el dinero para abrirle su primera tiendita como sombrerera.

De todas las sucesivas semibiografías, la de Anne Fontaine es la mejor, porque se preocupa de enfocar el aspecto visionario de Chanel, que liberó a la mujer de la tiranía de sofocantes corsets y plumíferos sombrerones para estilizar una silueta ideal, inspirada en el confort de sus breves chaquetillas y amplios pullovers de estilo marinero. Cuando Boy Capel murió en un accidente, no tuvo tiempo de llorarlo, porque estaba lanzada como pionera en los salones de París. Y del período de luto surgió la idea de sacar el crespón negro de su halo fúnebre, inventando lo que hoy persiste como indispensable little black dress.

Los amores de Chanel no fueron particularmente interesantes y ni siquiera Alessandro Nivola puede inyectarle adrenalina emotiva a Boy Capel. Audrey Tautou tiene espacio suficiente para construir una caracterización sutilmente antirromántica, despojándose por completo del candor un tanto apolillado de su Amelie. Esta Chanel es otra: una mujer voluntariosa, exigente consigo misma, En cada una de sus decisiones prima el cerebro calculador por sobre el corazón vulnerable.

Chanel murió a los 87 años y nunca se casó; luego, sobran capítulos para otros folletines. Hace poco, en Cannes, fue mal recibida Maria Mouglais en una evocación (al parecer muy exagerada) del supuesto idilio con Igor Stravinsky. Y no den por descontado a Hollywood, donde Demi Moore quiere cortarse el traje a la medida. Por el momento, queda el ensayo vistoso de la Fontaine, con la Tautou pespunteando al menos un par de retazos de una personalidad múltiple y, por lo tanto, fugaz e inasible.

Coco se quedó bien corta cuando le dio a su perfume el número 5. • 

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