Rubén Blades también vuelve

By ELISEO CARDONA
Especial/El Nuevo Herald
La salsa tenía que morir después de Rubén Blades, el compositor y cantante que dio a esa expresión cultural una profundidad intelectual. Me lo recuerda mi padre cada vez que hablamos de eso que él prefiere llamar ``música cubana con raíces en Nueva York''. Y con razón. Mi viejo es un coleccionista que defiende sus gustos musicales como otros se aferran a una ideología. Pero eso no le impide reconocer que la salsa es música derivativa de los géneros cubanos.
Blades siempre lo tuvo claro, y por eso en su reciente disco, Cantares del subdesarrollo, el panameño rinde tributo abierto a la tradición de la música popular de Cuba mediante el son, sin dejar de reconocer su deuda musical con Puerto Rico a través de tres figuras seminales: Ray Barretto, Ismael Rivera y Tite Curet Alonso. Son músicos que le dieron carácter a su arte, le señalaron buenos caminos artísticos y aplaudieron su éxito.
El doble tributo, además, es la callada manera que tiene Blades de mostrar que los salseros le deben mucho a los cubanos, pero también que los cubanos le deben a los salseros. La música cubana también le pertenece a quienes estudian y difunden su tradición, aunque no hayan nacido en la isla.
"La música popular cubana se convirtió en una lingua franca para muchos en el Caribe y Latinoamérica'', dice Blades vía email. ``A mí me parece que su grandeza está justamente en su universalidad, a la que han contribuido otros''.
Blades ha vuelto a girar, felizmente, tras cinco años como ministro de Turismo en Panamá, un cargo que le permitió ``aprender sobre política desde la política misma''. Todos vuelven, la gira que lo trae al James L. Knight Center de Miami el sábado 21, y que celebra el 25to. aniversario de Buscando América, lo reúne con los integrantes de la estupenda Seis del Solar, para mi gusto la mejor banda que ha tenido el panameño.
Es una banda neoyorquina que nació a mediados de los 80, cuando Blades se mostraba más sabio en su arte y más aguzado en los negocios. Había firmado con el sello Elektra, con el que se tomó toda la libertad creativa para acercar su visión de la música salsera al jazz, al rock, a las tendencias modernas de la música caribeña.
Blades ponía distancia así de su experiencia con el sello Fania, con el que grabó obras maestras (Siembra, Canciones del solar de los aburridos, Maestra vida), pero le dio más de un dolor de cabeza en ese laberinto de los derechos autorales.
``Creo que todos, absolutamente todos, debemos aprender sobre el negocio e integrar ese aprendizaje al trabajo de la creación. No hay otra manera'', dice el compositor. ``Una cosa no excluye a la otra''.
Blades es heredero del gran Curet Alonso, el maestro que dotó a la salsa de imaginación, historia, ingenio y, sobre todo, contundencia poética. Uno escucha a ambos y aprecia de inmediato en esas canciones el triunfo de la palabra a través de ideas intelectuales que no desmerece eso que los reggaetoneros llaman ``la cultura urbana''; es decir, lo popular, lo callejero.
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