Punto de vista
Tres maestros para dos tríos sublimes
By SEBASTIAN SPRENG
Especial/El Nuevo Herald
Tres maestros para dos tríos sublimes
En el Gusman Hall, la asociación Friends of Chamber Music de Miami cerró su temporada con una ofrenda memorable, aunque predecible para una audiencia acostumbrada a la calidad del ciclo 2008-09, en el que la recordada actuación del pianista Radu Lupu marcó un hito.
La hazaña se repitió el viernes pasado con el venerable trío Joseph Kalichstein-Jaime Laredo-Sharon Robinson, asiduos visitantes, no por habituales menos destacables. En una sala donde inexplicablemente faltó público joven, sentaron cátedra con los dos tríos que Franz Schubert (1797-1828) compuso hacia el final de su corta vida y que para Schumann ''desvanecían toda miseria humana trayendo renovado esplendor al mundo''. Semejante inventiva, lirismo, madurez y profundidad a los 30 vuelven a confrontar al oyente con el enigma del alma. La riqueza temática y tímbrica, la sencillez y grandiosidad que inspirarían luego a Brahms y Bruckner demuestran en la gozosa serenidad y punzante dramatismo de ambas obras la maestría del vienés.
Inició la velada el Trío en si bemol mayor opus 99 donde el contraste del Allegro con el vals del nostálgico Andante fue liderado magistralmente por Kalichstein. De hecho, el excepcional pianista confirió a la función íntegra lozanía y cohesión admirables sin hacer del piano el acompañante sino la otra voz cantante para estas canciones (Lieder) sin palabras. A su lado, violinista y cellista cincelaron su carácter trágico o burlón, en instancias folclórico, siempre engañosamente simple.
No obstante, el primer trío fue apenas un anticipo para lo que vendría con el colosal Opus 100 donde los tres lograron ser una sola voz de diferentes colores, concitando el hecho infrecuente de la música como protagonista absoluta compartida entre intérpretes y público absorto ante esta ocasión marcada por la espontaneidad que otorga el sazonado espíritu de ensemble. Cada intervención de Robinson dibujó la melancolía inolvidable del tema principal con opulencia firmemente controlada para no desbordar el discurso schubertiano. En el brillante Scherzo y en cada retorno, Laredo aportó la imprescindible voz fresca de este trío más conmovedor aún que el
primero.
Una velada intimista de alta factura por tres maestros que ya llevan más de tres décadas juntos. Una verdadera, impagable Schubertiada.
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