Dúo a tempo, a gusto en las dos caras de la música
By DANIEL FERNANDEZ
dfernandez@elnuevoherald.com
Ante un Teatro Colony repleto que los aclamaba, el Dúo a tempo, integrado por el flautista Fabián Alvarez y la pianista Débora Sánchez, demostró el domingo en el Teatro Colony su versatilidad con un programa que abarcaba obras del repertorio clásico y popular.
La primera parte de la tarde estuvo integrada por obras románticas del repertorio culto: Introducción y variaciones, d. 802, de Schubert, Fantasía pastoral húngara, op. 26, de Doppler, y Suite de tres piezas, op. 116, de Godard. Desde las primeras notas pudo apreciarse que Alvarez es un intérprete muy profesional para quien su instrumento no tiene secretos. Sánchez, por su parte, cumplió con el difícil arte de acompañar. De éstas tres, la más hermosa y aplaudida fue la tercera, que cuenta con un bello vals de cierre.
Pero sin duda la segunda parte de la tarde habrían de cosechar mayores aplausos. Al joven dúo de cubanoamericanos habría de unirse Braulio Fernández en el contrabajo eléctrico y el formidable percusionista Raimel Olalde, de larga y exitosa trayectoria acompañando a grandes cantantes.
La curiosa Sonata Latino, de Mike Mower recrea ciertos ritmos latinos, especialmente la rumba y el tango, en su segundo movimiento: Rumbango, en un híbrido interesante que los cuatro intérpretes supieron entregar con mucho sabor.
Nuevamente solos en escena, el dúo entregó una exquisita transcripción de la famosa Bachianas Brasileiras no. 5, de Villa-Lobos, donde Alvarez pasó triunfal por el tour de force. Luego, La comparsa, de Lecuona, sirvió a Sánchez para poner de relieve sus aptitudes de solista, acompañada discretamente por Fernández y Olalde, también cubanoamericanos y muy identificados sin duda con la obra.
Nuevamente los cuatro intérpretes en escena. El sabroso danzón La flauta mágica, de Romeu, le puso un toque bailable a la tarde, y a partir de ese momento el público entró en franca y amistosa comunión con los intérpretes, que a su vez se dieron cada vez más.
Siguió el no menos delicioso danzón Fefita, de Urfé, en un arreglo estupendo, que fue muy aplaudido. Finalmente, El diablo suelto, de Heraclio Hernández, donde Alvarez demostró su virtuosismo por las dificultades técnicas que presenta para su instrumento esta movida pieza, donde debe estar tocando casi todo el tiempo y a un ritmo intenso de vals-joropo.
El teatro se vino abajo.
Ante la larga ovación, el Dúo a tempo regaló como encore una versión del famoso Vuelo del moscardón, de Rimsky-Korsakov. Aquí Alvarez hizo un verdadero alarde de su dominio en la flauta. Sin duda estos jóvenes intérpretes tienen una gran versatilidad que les augura un magnífico futuro en ambos mundos de la música.
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